No quiero -a pesar de dormir mal, de ir al baño varias veces por la noche, de tener las piernas cansadas, del reflujo después de las comidas y de los calambres nocturnos-, no quiero por nada en este mundo echar en falta esas semanas y esos días antes del parto, esa espera, dulce, excitante, emocionante, a veces dura, a veces melancólica, con sentimientos mezclados, no los quiero echar de menos. Son días tan especiales, tan irrepetibles.
Disfrutar de no saber cuándo comienza el parto, ni dónde comenzará, ni cómo...