Separar a las madres con COVID-19 de sus recién nacidos causa más daño que beneficio

Resumen del artículo Separating mothers with COVID-19 from their newborns does more harm than good, del periódico independiente The Conversation UK

 

En muchos países, las mujeres embarazadas con sospecha o confirmación de COVID-19 están siendo separadas de sus recién nacidos o viviendo inducciones del parto, partos instrumentados o cesáreas para reducir la transmisión del COVID-19, independientemente de su estado infeccioso, y con poca opción de elegir.

Estas medidas intentan ayudar a los servicios de salud a manejar los casos de COVID-19 pero, ¿cuáles son las consecuencias? ¿Están en la línea de las recomendaciones internacionales basadas en la evidencia para el cuidado maternoinfantil durante la pandemia?

El parto natural es impredecible, y no encaja en las rutinas hospitalarias. Planificarlo puede ser visto como una estrategia beneficiosa para gestionar el déficit de personal y de recursos hospitalarios pero sin embargo, no es beneficioso para la salud y la seguridad de las madres y sus bebés. Así lo afirman las distintas recomendaciones de diferentes organizaciones internacionales, como la OMS o UNICEF.

Algunos hospitales han implementado políticas prohibiendo la presencia del acompañante en el parto, han eliminado las clases de preparación al nacimiento o reducido el tiempo de las visitas prenatales. En países ricos, el teletrabajo ha compensado en parte esta falta de soporte, pero en países más pobres esto no ha sido posible.

Primero, no causar daño

Es importante considerar qué ha obtenido esta alteración de los cuidados en la calidad de la atención a la salud maternoinfantil.

Publicaciones de Melissa Bartick (profesora asociada en la Harvard Medical School e internista en el Mount Auburn Hospital, experta en lactancia materna) y Alison Stuebe (experta en alimentación infantil de la Universidad de Carolina del Norte) sugieren que la separación puede retrasar la infección, pero no prevenirla.

Stuebe también destaca que la separación de la madre y el recién nacido en el hospital pone doble carga en el sistema de salud, ya que debe proveer un grupo de trabajadores diferentes para cada paciente, diferentes EPIs y diferentes habitaciones.

Las últimas investigaciones de la John Hopkins University y la Western Sydney University indican que para la elaboración de las normas hospitalarias, debe tenerse en cuenta el impacto acumulativo que tiene la separación del bebé de su madre

Lo que es desconcertante es por qué la planificación inicial no identificó estos problemas. Los servicios de maternidad no son tan difíciles de predecir y planificar como para que la pandemia haya deteriorado tanto los estándares de calidad.

La separación de madre y bebé después del parto, aunque sea temporalmente, cuando el bebé está bien, no está basado en la evidencia, y provoca más daño que beneficio. Los países que aplican este enfoque necesitan reconsiderar que las madres y los bebés reciban cuidados óptimos durante y más allá de la pandemia del COVID-19.

Los modelos de cuidados de matronas basados en la comunidad pueden también ser priorizados y expandidos para proteger a las mujeres y sus bebés en el cuidado de la salud durante esta y cualquier futura pandemia.

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