El dolor

Por Teresa Escudero

Los seres humanos -y, por lo que sabemos, también muchos animales superiores dotados de sistema nervioso parecido al nuestro- somos capaces de sentir dolor físico por múltiples causas, tanto externas como internas.

El dolor que puede ser muy agudo e instantáneo, o bien duradero y crónico, permanente; y todas las variantes entre esos dos extremos que imaginarse pueda.

Para complicar aun más las cosas, nuestro desarrollo intelectual nos ha llevado, -y en este caso es probable que eso nos ocurra a los humanos, no a los animales, o al menos no a todos los animales-, a desarrollar a lo largo de la evolución biológica una poderosa inteligencia y una capacidad de abstracción tales que se pueden originar en nosotros dolores psicológicos tan "reales" como los físicos, ya que el dolor psicológico activa las mismas vías nerviosas que el físico. Es decir, que los seres humanos no sólo sentimos dolor físicamente sino también emocionalmente

 

Por lo que sabemos, y de una manera aproximadamente parecida a nosotros, también sienten dolor -ya lo hemos visto- otros animales parecidos a nosotros, al menos los que tienen un sistema nervioso suficientemente complejo, como la mayoría de los mamíferos.

 El sistema nervioso de un mono o de un perro les permite sentir dolor por causas parecidas a las que a nosotros nos provocan igualmente dolor; al menos, dolor físico.

 El dolor subjetivo, ese dolor que nos hacer retorcernos de agonía por ejemplo ante la muerte inesperada de un ser querido muy próximo, ese “me duele el alma” de los poetas, podría ser exclusivo del género humano... Aunque aún no lo sabemos.

En todo caso, la universalidad del dolor en los animales que podríamos llamar “superiores” seguro que cumple una misión que evolutivamente debiera tener algún sentido… Por ejemplo, a todo el mundo le parecerá lógico que el dolor nos avise de que algo no va mal en el cuerpo; aunque sea una simple espina que se clave en la piel, si no la vemos, el dolor nos avisa de que ahí hay algo que puede ser malo -podría provocar una infección, incluso podríamos desangrarnos si la herida fuese grande-. Es, pues, una señal de alerta necesaria que nos dice que hay que poner remedio a algún tipo de situación potencialmente dañina para nuestra supervivencia.

El dolor es una experiencia sensorial, y por tanto indudablemente objetiva puesto que va ligado a los órganos de los sentidos, esencialmente la piel, a través del sistema nervioso. Pero al tiempo tiene una importante componente psicológico, es decir, también es una experiencia subjetiva. En ambos casos –dolor físico o bien dolor psicológico, que a veces se unen y se potencian- está implicado de manera absoluta el sistema nervioso, tanto en la captación de la sensación dolorosa como en la posterior transmisión hasta el cerebro, que es el único que “siente” realmente ambas formas de dolor.

Con respecto al dolor en el parto, es sin duda una experiencia objetiva. Se contraen las fibras lisas del útero durante la dilatación, provocando un dolor típico de víscera hueca, como el que pueden producir por ejemplo los cólicos biliares, o los cólicos de gases. En el expulsivo, cuando la cabeza de la criatura atraviesa el cuello del útero se produce un dolor más intenso, pues todo el cuello y la vagina están intensamente inervados, las mismas fibras que nos provocan el placer del orgasmo, llevan el dolor del parto... Y de ahí que haya mujeres que durante su parto, especialmente en el expulsivo, sienten placer, o una mezcla de "dolor placentero". Aunque muchas personas dudan de que exista el parto orgásmico, el hecho es que muchas mujeres que han pasado por ahí así lo describen.

Desde que el ser humano es humano, ha buscado maneras de aliviar el dolor, todos los dolores, el del parto también.

De hecho durante siglos se persiguió a las mujeres que ayudaban a otras mujeres a parir sin dolor o con menos dolor, ya que el dolor en el parto supuestamente era un mandamiento divino (el famoso "parirás con dolor" del Génesis).

Cuando se perfeccionaron las técnicas de anestesia, dado que los anestesistas eran hombres, y al parecer se había superado el mandato divino y no era necesario quemarlos por su "herejía" al contravenirlo,  se empezó a usar la anestesia general para tener un "parto sin dolor". Dado que la anestesia general no detenía el parto, se consideraba que todo eran ventajas... Claro, nadie preguntó a las mujeres. Muchas de esas mujeres aún viven, y recuerdan sus primeros partos "con dolor" y los últimos, anestesiadas, "sin dolor".... En mi experiencia, y he hablado con unas cuantas de ellas, TODAS SIN EXCEPCIÓN preferían los primeros. En los segundos se habían sentido desconectadas de su criatura, tristes, con la sensación de que "les habían robado algo". De hecho en algunos casos esta anestesia se aprovechó precisamente para robar algo... En muchos casos de niños y niñas robadas al final de la dictadura hay una anestesia general para tener "un parto sin dolor".

Conforme se perfeccionó la anestesia epidural, de nuevo todo parecían ventajas, las mujeres no sentían dolor, estaban despiertas, y parían a sus bebés sin problemas.

¿Sí? ¿Sin problemas?

Bueno, claro, es una intervención médica, TODAS las intervenciones médicas pueden provocar problemas, pero claro, si nos ponemos anestesia para quitarnos una muela, ¿cómo no nos vamos a poner anestesia para evitarnos el dolor del parto?

Hemos dicho antes que todos los dolores tenían una función, el dolor de parto también la tiene. El dolor de parto provoca que el cerebro, tanto de la madre como de la criatura, segreguen endorfinas para calmarlo. Esas endorfinas son las responsables de la experiencia trascendente durante el parto (lo que algunas mujeres denominan "viaje al planeta parto"), de la euforia que tienen tanto madre como criatura cuando el parto termina, y del inicio temprano de la vinculación. El dolor también descarga adrenalina, que ayuda a terminar el expulsivo y permite a la criatura estar alerta al salir de la vagina para poder engancharse y mamar nada más salir.

¿Es absolutamente necesario el dolor en el parto? No, no lo es.

¿Es absolutamente necesaria la epidural para poder controlar el dolor? No, tampoco lo es.

Como hemos dicho, hay múltiples maneras de aliviar el dolor del parto sin tener que usar medicación. ¿Y por qué no querríamos usar medicación? Primero, por evitarnos efectos secundarios (el más evidente, no poder movernos como nos pide el cuerpo. La falta de movimiento suele provocar expulsivos más largos y mayor riesgo de acabar teniendo un parto instrumental). Segundo, para poder vivir la experiencia de parto completa. Como hemos dicho antes, el dolor es objetivo y subjetivo. Yo parí una criatura de cuatro kilos sin epidural. Y tengo claro que repetiría la experiencia.

También he tenido dolor de muelas por una infección en una muela del juicio que no salió del todo y me tuvieron que quitar. Ahí no tuve dudas, quería anestesia... Y TODA LA NECESARIA.

Por tanto, elegir o no ponerse la epidural es algo absolutamente personal. Toda mujer debería poder elegir utilizarla o no. Toda mujer debería ser puntualmente informada de los riesgos de la epidural antes de decidir si desea utilizarla. Toda mujer debería ser informada igualmente de que existen otros métodos para aliviar el dolor que no son farmacológicos ni tienen efectos secundarios.

Y desde luego, ninguna persona, anestesista o no, debería burlarse de una mujer que desea tener una experiencia de parto con dolor. Porque el dolor es subjetivo, porque el dolor tiene un sentido biológico y evolutivo, porque sin epidural podemos parir con dolor o con placer, y antes de parir nadie sabe cómo va a ser su experiencia. Con epidural sólo parimos con anestesia.

Animamos a cualquier anestesista que no comprenda por qué las mujeres querríamos pasar un parto sin epidural,  a revisar el estupendo libro: El dolor del parto, de Verena Schmidt.

Comprendemos que la autora es una matrona y que además habla de la experiencia subjetiva de las mujeres en sus partos, es probable que algún anestesista prefiriera que estuviera escrito por otro anestesista, y que se hablara de la experiencia objetiva desde una perspectiva... digamos más masculina... El problema es que los hombres no paren, con lo cual no tienen experiencia ni objetiva ni subjetiva del dolor del parto, motivo por el cual no son objeto de investigación en este caso.

 

 

 

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