 Me llamo Mónica Alvarez, tengo 35 años y soy una de tantas mujeres que sueñan con tener un día un parto respetado, en el que los protagonistas sean simplemente una madre y un bebé naciente.
Soy Psicóloga de vocación y profesión, especializada en Terapia Familiar Sistémica. También soy Kinesióloga, disciplina enmarcada dentro de las terapias alternativas que tienen como base la Medicina Tradicional China. Me gusta ayudar a las personas a encontrar el modo de superar su dolor, venga de donde venga. Para ello, sigo estudiando cada día allí donde me plantean modos eficaces de llevar a las personas hacia una mejor calidad de vida.
Encontré El Parto es Nuestro buscando información en internet acerca del embarazo y el parto. Me sorprendió mucho ver cómo prácticas habituales en las clínicas como son la episiotomía, los fórceps, las cesáreas, enemas, rasurados, el inevitable potro obstétrico, son innecesarios. Toda mi vida he oído contar historias de partos, casi historias de terror, por las que una mujer ha de pasar inevitablemente en su camino hacia la maternidad. Curiosamente, las partes de los relatos que “más miedo daban” no tenían que ver con el parto en sí, sino con las prácticas realizadas por el personal sanitario. Siempre se dice que el parto es doloroso y, curiosamente, estas mujeres lo que recordaban como más doloroso eran “los puntos”. En EPEN he aprendido que en muchos casos son protocolos innecesarios, impuestos desde la estadística y no desde el trato personal y consciente que se merece una mujer que va a parir. Que un bebé lo pare una madre, no un ginecólogo-obstetra con todos su poder de Médico.
Hace poco más de un año, quedé embarazada y, tristemente, en la semana 10, con un sangrado, constaté que mi pequeño se iba. Además de la tristeza que inunda una vivencia así, descubrí la sabiduría y la fuerza de mi cuerpo. Acompañada por las participantes del foro “Superando un aborto”, fundado por varias socias de EPEN (yo entre ellas), y con todo lo que había aprendido sobre la fisiología del parto en los foros de “El parto es nuestro”, pude despedir a mi pequeño en mi casa. Acompañada en todo momento de mi marido, con su cariño y su apoyo, decidí hacerlo así, lejos de la frialdad del hopital, de los peligros de un legrado, de la rapidez rígida que nuestra sociedad patriarcal nos marca. Sin prisas, sabiamente, con una memoria de miles de años mi cuerpo asumió el retirar los restos de un embarazo que ya no prosperaría y prepararlo para retomar sus ciclos. El mejor regalo que pudo hacerme mi hijo: aprender a confiar en mi cuerpo, en sus ritmos, en mí misma.
Espero un día pueda utilizar toda esa sabiduría para alumbrar una nueva vida, con conciencia, sabiendo que, con una ayudita, mi cuerpo “puede”.
Es necesario en esta sociedad que las mujeres re-descubramos y recuperemos nuestra capacidad y poder: El parto es nuestro, que nos lo devuelvan.
Mónica Alvarez
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