Cuando el parto no es como lo habías soñado

Por Cristina Silvente

El nacimiento de un bebé suele ser una de las cosas que más trascendencia puede tener en nuestras vidas. Por ello, alrededor del nacimiento hay puestas tantas ilusiones, expectativas, deseos… El momento del primer encuentro fuera del útero madre-bebé o padres-bebé suele ser único e irrepetible. Además, el cerebro de la madre está preparado para acoger a su bebé con todos los sentidos acrecentados.

Las expectativas sobre el nacimiento tienen una gran carga cultural, por un lado se idealiza el amor a primera vista, por otro la idea del dolor del parto como uno de los más horribles nos acompaña desde que tenemos uso de razón y hay una excesiva parte de responsabilidad que recae o hacemos recaer en los profesionales. Por último, las imágenes de parto de películas y anuncios están estereotipadas y no describen la fisiología normal del nacimiento.

Pero a veces… el parto no es precisamente como lo habíamos soñado. Cuando una realidad no se corresponde con las expectativas que teníamos depositadas, es una pérdida y, como tal, le seguirá un proceso de duelo: negación, tristeza, rabia, desesperanza, transformación. Como cualquier doliente, el apoyo familiar, social… es imprescindible. Pero, ¿qué apoyo recibe una mujer cuándo se le niegan sus emociones?: “no estés triste, ¡tienes un bebé precioso!”.

Pero no sólo puede ser una pérdida de un ideal. Muchas veces, el parto puede ser traumático. Como dice Peter Levine, experto en trauma, “un trauma es trauma, independientemente de la causa”. Según Judith Herman, también experta en la materia, podríamos definir trauma como “sentimiento de intenso miedo, de indefensión, de pérdida de control y de amenaza de aniquilación”. Muchas mujeres temen por sus vidas o las de sus bebés, aunque ese miedo no se corresponda con la realidad (otras veces sí). Pensar en que puedes morir, a nivel cerebral tiene el mismo efecto que si realmente se estuviera en peligro de muerte. Se ponen en marcha toda una serie de mecanismos biológicos, fisiológicos y conductuales para preparar a la persona para actuar: activación neuroendocrina (catecolaminas, cortisol), activación inmunitaria (disminución de células inmunitarias a medio, largo plazo), y activación conductual (en muchos casos, inhibición).

Pero, ¿qué causa o qué está relacionado con un parto traumático? Según la literatura y asociaciones como Birth Trauma en UK, algunas de las causas son: un parto largo, o muy corto y doloroso, una inducción, un parto instrumental (fórceps, ventosa), una cesárea de urgencia, alivio insuficiente del dolor, trato impersonal o problemas con la actitud de los profesionales: no ser escuchada, sentimientos de pérdida de control, falta de información o explicación, falta de intimidad o de dignidad, el bebé en la UCI neonatal, muerte del crío, cuidados postnatales pobres o no satisfactorios (entre ellos, falta de apoyo a la lactancia), depresión durante el embarazo, o traumas previos (otro parto, violencia familiar, en la pareja, abuso sexual en la infancia).

Durante el parto pueden haber signos de trauma, como son síntomas disociativos que, según algunos estudios, se dan en entre un 11 y un 19% de partos como, por ejemplo, la alteración de la percepción del tiempo, despersonalización (sentirse separada del cuerpo, vivir como en un sueño), desrealización (lo que hay alrededor no parece real), amnesia, estar “en trance”, o comportarse como otra persona con expresiones emocionales que no se corresponden con lo que dice.

Algunos acontecimientos durante el parto pueden despertar otras experiencias traumáticas en la vida y provocar que el parto se detenga, por ejemplo. Así ocurre con las mujeres víctimas de violencia sexual, en la infancia, adolescencia o la vida adulta. Las órdenes “abre las piernas”, “tranquila”, tactos sin permiso, la postura de litotomía (estirada) o la falta de control pueden ser muy similares a las vividas. Según datos que expone la Fundación Vicky Bernadet, el 23% de las mujeres en España habrían sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia. Eso no quiere decir que todas las mujeres abusadas vayan a tener problemas en el parto, por suerte un buen número de ellas ha sobrevivido desarrollando potentes estrategias y muchas consiguen tener experiencias de parto satisfactorias.

¿Qué consecuencias tiene un parto traumático?

En la mujer, desde desarrollar un Trastorno de Estrés Postraumático (según los estudios, su prevalencia está entre un 2 y un 6%; en España no conocemos datos), depresión, dificultades en la vinculación con el bebé (el niño es un recordatorio las 24 horas del día del parto), consecuencias a nivel físico como el dolor, que pueden alterar el estado de ánimo, sentimientos de culpabilidad y de inutilidad.

Los profesionales sanitarios también sufren trauma

Pero no sólo en la mujer, las consecuencias también pueden ser para el bebé. Ellos también sufren trauma. La separación de la madre, las consecuencias físicas del parto (sufrimiento por el uso de fórceps) o problemas en el establecimiento de la lactancia (según como haya ido el parto). Puede haber dificultades para crear un apego seguro, pueden ser bebés más irritables, más difíciles de calmar, o bien, con comportamientos de auto-calma, pasividad, con mirada ausente o perdida.

También hay consecuencias para la pareja: puede haber traumatización secundaria si han sido testigos del trauma. Posteriormente, la pareja puede no entender lo que pasa, no saber qué hacer, pueden haber conflictos, las relaciones sexuales se ven afectadas también (especialmente si ha habido una intervención o daños en el suelo pélvico, pueden ser molestas incluso meses después del parto).

Y los profesionales sanitarios también lo sufren. Los estudios alertan sobre la traumatización secundaria sobretodo en comadronas. Puede haber síndrome de Burn-out.

Todo ello conlleva problemas a la sociedad: más bajas médicas de mujeres y profesionales sanitarios, más gasto, consecuencias en la salud mental de niños y niñas (por apegos inseguros o desorganizados, por ejemplo).

Para una mujer un parto traumático puede incidir en embarazos y partos futuros. O bien porque los retrasan (también puede haber el efecto contrario, que es querer otro parto rápidamente), o bien porque se viven con más inquietud y miedo. Aunque puede haber partos “curativos”. Algunas mujeres se informan y buscan otro parto diferente. Según Cheryl Tatano-Beck, en el Congreso de la Societé Marcé en Pittsburg (2010), explicó que en el 23% de los partos en casa había antecedentes de parto traumático.

Según Judith Herman, “compartir la experiencia traumática con otros es condición indispensable para restituir la existencia de un mundo con sentido. Para curar el trauma es necesario reconocimiento y restitución por parte de la comunidad. La falta de apoyo social puede multiplicar el daño y agravar el síndrome traumático.

Es importante que la mujer se sienta segura y confiada

Algunas mujeres, a pesar del trauma, han experimentado un crecimiento personal: han aprendido, han conocido otras personas, han valorado otros aspectos de su vida, se sienten mejores personas. Es lo que en psicología se llama crecimiento postraumático.

¿Cómo podemos prevenir el trauma del parto y sus consecuencias? De muchas maneras. Primero de todo, mejorar las condiciones de atención al parto. Para ello, en nuestro país llevan años trabajando en la creación de una estrategia de atención al parto normal desde el Ministerio de Salud.

Una buena preparación a la maternidad y paternidad sería otro pilar. En Cataluña, por ejemplo, han desarrollado un programa que se impartirá en los programas de atención a la salud sexual y reproductiva de la mujer donde se tienen en cuenta los aspectos tratados en la estrategia y que ha sido elaborada por las diferentes sociedades científicas relacionadas con el nacimiento.

Desde el punto de vista psicológico, es importante que la mujer se sienta segura, confiada, que sus emociones se vean acompañadas y atendidas, que pueda tener elementos de control durante el proceso, que sienta apoyo y comprensión, que pueda tomar decisiones y ser parte activa.  Las mujeres que han podido vivir el nacimiento de sus bebés de forma activa, consciente, se siente empoderadas, fuertes, y capaces de hacer frente a los retos que la maternidad les brinda. Es una buena manera de empezar la maternidad y la paternidad.

Cristina Silvente es psicóloga perinatal y socia de El Parto es Nuestro. Escribe, entre muchas otras publicaciones, para El Confidencial.

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Comentarios

Imagen de Amamadoula

Genial artículo. Es claro y contundente. Ojalá llegue hasta el último lugar que habite un ser humano, una mujer, una madre...
Gracias por vuestra labor.

Imagen de Adri

Estoy de acuerdo en las conclusiones de la entrada. Lo he dicho muchas veces, información veraz y capacidad de elección.

Aunque según voy observando y analizando en mi entorno...Existen mujeres, no se si muchas o pocas, que a pesar de conocer la información, por falta de capacidad para juzgarla o incluso con dicha capacidad, por otros motivos, seguirían optando por un parto protocolario, desfasado y contraproducente.

Con esto quiero decir una cosa, y es que con la información en la mano, siguen existiendo dos claras perspectivas al respecto. Tres cuartos de lo mismo pasa en el campo profesional de atención al parto, un creciente sector de profesionales, aunque todavía minoría, entienden la necesidad de cambio y trabajan en esa dirección, con pequeños o grandes pasos, de forma privada, pública o en atención domiciliaria.

Así que se me ocurre que lo que aquí sucede es que no nos conocemos los que realmente optamos por lo mismo. No nos ponemos nombre, ni cara, no sabemos quiénes somos, ni donde estamos.

Se me ocurre que mientras en un Hospital una mujer que desea un parto respetado, se encuentra siendo maltratada por un equipo poco profesional y nada reciclado, en el que la mujer se siente desafortunada y el equipo no sabe gestionar y comprender la usuaria a la que atiende; en otro centro hospitalario,muy distante, o en la misma ciudad, una mujer que espera una serie de intervenciones y protocolos, que ha sido adiestrada para ello, y en los que ha basado su seguridad y confianza, como camino para conseguir un parto exitoso, se encuentra siendo atendida por un equipo sanitario que se siente retrocediendo varios pasos, que no comprende a la usuaria que tiene entre manos, y que no se va realizado a su casa, sintiendo que ha pervertido sus conocimientos, y lo que entiende por atención al parto de calidad.

Probablemente entre ambos casos la parturienta que ha salido más victoriosa es la segunda, y sin embargo el equipo médico "satisfecho", es el primero. Es decir, la ignorancia gana, la ciencia pierde, en ambos.

¿Por qué no creamos una servicio abierto, de contacto de usuarios de atención al parto respetado, (y digo usuarios porque incluyo a las parejas de las embarazadas), y profesionales que siguen esta vertiente?

Creo que todos estaríamos más satisfechos, y avanzaríamos más rápido, si la atención al parto que recibimos es la que hemos imaginado, deseado y soñado. Tanto para las que asumen sin problemas un "cortecito" y todo la maquinaria protocolaria; como para las que prefieren otro respeto a la fisiología femenina y sus ritmos. Independientemente de religión, color, estatura, peso, edad, estilismo o principios.

Sólo nos falta saber quiénes somos, y hacer coincidir nuestros caminos...

Dejarlo al azar, o peregrinar de centro en centro, haciendo un estudio analítico de la oferta sanitaria...Parece muy arriesgado en el primer caso, y muy costoso en tiempo y energía en el segundo, sin contar que varias mujeres puedan simultanear y repetir dicho peregrinaje innecesariamente.
Podemos compartir y publicar la información, con nombres y apellidos:

¿No?

Un saludo,
Adriana

Imagen de Adri

Y puntualizo, porque no es que no se haga, me refiero a compartir información y datos...

Sólo que me imagino una base de datos actualizándose día a día, abierta, completa, extensiva a todo el territorio. Me refiero a aportar una información mucho más organizada y transparente.

Imagen de Miriam

Lo de la estrategia esta de atención al parto, ¿es obligatorio para todos los hospitales? Porque yo parí en 2010 y no se cumplió ni la mitad de lo que aquí pone. Y eso que en el hospital que parí, presumen de defender los partos humanizados, ya que es nuevo y las matronas y ginecólogas son jóvenes por lo general. Así que no sé de que sirve tanto escrito y tanta estrategia si luego los que deben llevarla a cavo se la pasan por el forro.

Imagen de susana

Más que con el parto, creo que soñamos con el encuentro con el bebé, con ese embelesamiento al verlo por primera vez.Tenemos que andar bien informadas y espabiladas para tener un buen parto con el fin de que ese primer momento no esté impregnado de dolor.
La verdad es que mi parto fue como lo soñé. Antes de ponerme de parto soñé que una matrona joven, parecida a la que me atendió después realmente, pretendía ponerle a mi hijo la monitorización interna. Le pretendía hincar en su cabecita un gancho de los de las carnicerías.
Pocos días después convirtieron mi sencillo parto normal en una carnicería (apoyándose en mi miedo y desinformación, evidentemente).
Pocas mujeres piensan que las vayan a apoyar psicológicamente en el parto. La mayoría basamos nuestras expectativas en lo que nos van diciendo: que colaboremos para que nos traten mejor y todo sea más rapidito, que es un mero trámite doloroso del que vendrán a rescatarnos. Pocas han oido hablar de un parto gozoso y cuando lo escuchan no se lo creen (y algo de eso hay cuando comprobamos las cifras de descuartizamiento innecesario actuales).

Imagen de Adri

Susana he visto esos ganchos...En fin, no podía dar crédito. Una especie de helicoide metálica, con los bordes aserrados, conectada a un cable.

Me quedé fría. Aún hoy lo recuerdo siento un escalofrío. ¿Hay tan poca vergüenza de dañar físicamente a alguien incluso aun cuando no ha terminado de salir del vientre materno?

Este sistema está loco, y esas personas deben de ser muy desgraciadas y estar muy desconectadas del mundo de los sentimientos y la sensibilidad, para asumir esas técnicas aberrantes. Desde luego parece que jamás hacen el aconsejable ejercicio mental, balance lo llaman algunos: beneficio vs perjuicio de las cosas.

Da que pensar. Caminamos en otra dirección...

Menos mal,

Un abrazo
Adriana

Imagen de FLOR

Mi primer parto fue un parto fenomenal, sin apenas dolor-no más que una regla-progresivo y rápido, sin complicaciones. Pese a que yo sabía desde pequeña que mi padre perdió a sus primeras esposa e hija en un parto en casa, mal asistido, y que aquello fue una carnicería y que él casi enloqueció (tenía 22 años). Yo jamás estuve condicionada por dicho relato. Confiaba en mis matronas, en mi ginecólogo y, lo más importante, en la NATURALEZA: si una leona o un gata dan a luz solas, ¿cómo no iba a poder yo? Había leído que la naturaleza actúa por sí misma: al igual que lo hace el cerebro de cualquier mamífero, el cerebro de una mujer segrega calmantes naturales que mitigan el dolor de esos momentos,... También había leído que el estado anímico con el que una mujer afronta el parto resulta decisivo en la sensación dolorosa del mismo; que está comprobado que una mujer que afronta el parto angustiada se queja de padecer horribles dolores frente a otra que lo afronta con serenidad, que padece mucho menos durante los trabajos de parto.Tenía clarísimo que MIEDO= TENSIÓN= DOLOR. Así que seguí los consejos de mi ginecólogo y de mi matrona y me relajé, me centré en MI trabajo de sacar a mi hija al mundo y, por supuesto e importantísimo: no permití a nadie estar a mi lado en ese quehacer, excepto a mi esposo y a los profesionales, pues no iban más que a ser un estorbo y una distracción. El recuerdo que tengo: bromas con mi médico y matrona mientras daba a luz, entre empujón y empujón.

Ahora bien, en mi segundo parto, que todo se presentaba aún más rápido si cabe, y que yo afronté igual de serena y confiada, tuve la mala suerte de encontrarme con una matrona mala profesional y soberbia, que en ausencia de mi ginecólogo, me trató de manera maleducada, me dejó sola, me informaba y se contradecía,... me puso nerviosa, a fin de cuentas, y me entró miedo y una tembladera de piernas incontrolable. ¡No sabía en manos de qué loca estaba! Y esa incertidumbre sí que me hizo temer por mí y por mi hija y también perder el control de los dolores y del trabajo que debía hacer. Por suerte, en cuanto vi aparecer a mi médico, recuperé en parte la serenidad y todo acabó bien, con alguna complicación más de la cuenta, debido a su mal proceder, pero bien. El recuerdo no puede ser ueno.

Nunca le perdonaré la falta de cercanía a su parturienta (yo), la soberbia con que se dirigió a nosotros, el no darme información de cómo progresaba el parto, el no querer llamar a mi médico (con el que había hablado hacía 4 horas escasas y se había puesto a mi disposición a cualquier hora), el haber hecho que mi hija tardara 1 hora más en nacer y que saliese amoratada, el que me tuvieran que coser durante media hora porque en cuanto vi a mi médico puje como una bestia para salir del trance, y sobre todo: el haberme estropeado el recuerdo de ese día porque "ella estaba perfectamente capacitada para sacar adelante un parto sin ayuda de ningún doctor". Pareciese que quisiera demostrar algo al mundo.

Gracias Inés. Menos mal que fue mi segunda hija. Si llega a ser la primera, no repito. Espero que no lo hayas vuelto a hacer con ninguna otra mujer que te haya tocado atender.

Desde aquí, gracias a Marga y Aurora, las otras matronas, que hacen que el comportamiento de esta " profesional" sea una excepción.

Imagen de Yoliflor

"no estés triste, si tienes un bebé precioso" ...cuánto más me lo decían más lloraba..Lo único que me unía a mi hija el primer mes era que me había empeñado en darle la teta...(si no hubiera sido por el empeño seguramente no lo habría hecho porque la realidad es que el entorno presiona y bastante) El resto del tiempo..bueno..una depresión de campeonato..fórceps, dolor y dolor, y una sensación interna de que algo no había ido bien en el parto..que mi cuerpo no estaba preparado para una inducción y una epidural que no me dejó notar ni una sola contracción.. Menos mal que me repuse, encontré vuestra página y tuve un segundo parto maravilloso en el hospital..un parto mío!

Imagen de maria82

Hace 8 meses que pasé por la peor experiencia de mi vida. tuve un niño sano,guapísimo y perfecto. pero yo me quedé rota. en la semana 42 no m puse de parto y mehicieron inducción. 40 horas después el niño no salía porque no era su hora. 40 horas de contracciones,oxitocina,epidural que no me quitaba el dolor pero me impedía moverme. 40 horas sin quejarme,con una sonrisa en la cara confiando en que rodo saldria bien. A las 12 de la noche mi ginecóloga sentenció:"se acabó,llevas muchas horas,al quirófano" después de 5 minutos convulsionanso por los litros de medicacion que me.habian puesto.
Tengo una cicatriz horrible en el vientre, deforme, enorme, pero otra peor en el alma. sigo teniendo pesadillas,sigo recordando las 8 horas en rehabilitacion preguntandome donde estaba mi hijo y sin haberle visto la cara...no puedo olvidarme de que hicieron de mi parto una carniceria, sin motivo,no habia riesgos ni para el niño ni para mi...pero era ya tarde,esa noche se practicaron 12 cesáreas en ese hospital. esa noche me hicieron un daño irreparable. y si,el niño esta bien.

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