¿Déficit de hierro?

El hierro en el embarazo: suplementos, ¿sí o no?

Es posible que, a lo largo de tu embarazo, tu comadrona o tu médico miren la analítica y te recomienden tomar un suplemento de hierro hasta el momento de dar a luz. Algunas embarazadas reciben esta sugerencia desde el inicio de su gestación, otras en la semana 20 y a otras ni se lo plantean. ¿Debemos tomar todas las mujeres un suplemento de hierro durante el embarazo? La respuesta es “no”. Solo las que cumplen ciertos criterios deberían incluir un extra de hierro en su alimentación.

¿Tengo un déficit de hierro?

La Estrategia sobre Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Sanidad afirma que hay que "evitar que la embarazada de forma rutinaria ingiera hierro, debido a que no existe evidencia científica suficiente para sustentar esta acción y por los efectos adversos de este fármaco: estreñimiento, diarrea, náuseas, epigastralgia y alteración en la absorción de otras sustancias.”

Según este mismo documento, habría que “ofrecer a todas las mujeres embarazadas pruebas de detección de anemia en la primera visita de embarazo y a las 24- 28 semanas de gestación, mediante hemograma” y “considerar como rango normal hasta las 12 semanas una hemoglobina igual o superior a 11g/ 100ml y 10,5g/ 100ml a las 28- 30 semanas de gestación. Si los niveles son inferiores, investigar la causa y valorar la necesidad de indicación de suplementos de hierro”.

Sin embargo, el obstetra francés Michel Odent no considera anemia gestacional una tasa de hemoglobina de 9 en una mujer embarazada de más de 26 semanas, ya que en un autorizado estudio, solo cuando la concentración de hemoglobina permanece por encima de 10,5 en las últimas semanas de gestación se incrementa el riesgo de bajo peso y de parto prematuro.

¿Por qué me ha bajado tanto el hierro durante el embarazo?

Durante la gestación, el volumen de sangre de la mujer necesita aumentar enormemente y lo que nos indica la concentración de hemoglobina es el grado de dilución de la sangre. Odent denuncia la tendencia a confundir una respuesta fisiológica transitoria (la dilución sanguínea) con una enfermedad (la anemia).

Diversos estudios confirman que esta hemodilución, esta “anemia fisiológica de la embarazada”, es necesaria para el buen desarrollo del feto y que, al contrario de lo que a veces se afirma, tener valores muy altos al principio del embarazo (para prevenir una posible anemia) aumenta el riesgo de dar a luz a bebés de bajo peso.

Ante una sospecha de anemia, es necesario investigar cada caso particular, atendiendo a los niveles de ferritina, para determinar si es necesario suplementar o no. No hay que recurrir a la suplementación rutinaria, pues tiene efectos secundarios para la embarazada, como los señalados en la Estrategia nacional de salud sexual y reproductiva del Ministerio de Sanidad 2010. Existen, incluso, algunos estudios que relacionan el exceso de reservas de ferritina (probablemente por exceso de suplementos) con un mayor riesgo de desarrollar diabetes gestacional.

Y aún en el supuesto de ser realmente necesario suplementar (en el caso de hemoglobina, hematocrito y ferritina bajos en la embarazada), debe dejarse a la futura madre que decida si va a  tomar hierro y que escoja la vía que le resulte más adecuada.

 

Bibliografía

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