Cesáreas en Brasil

Por Ana Escudo
 
 
Quiero compartir aquí una noticia llegada desde Brasil. Creo que la situación respecto al parto de ese país es más extrema que aquí y precisamente por eso sirve como ejemplo de determinados rasgos importantes.
 
Hace unos semanas, la Agencia Nacional de Saúde Suplementar (ANS), puso en vigor una normativa para disminuir los índices de cesáreas en el país. En la sanidad privada llega a un 84% y en la pública a un 40%. Para muchos médicos brasileños un embarazo no puede pasar de 40 semanas. Llegada esa fecha parece ser que las mujeres brasileñas empiezan a tener todo tipo de “problemas”, necesitando así una cesárea programada. Si nos ponemos a pensar, en España pasa algo parecido aunque los bebés españoles consiguen una semanita más en el vientre materno; llegada la 41 empieza a haber la necesidad de inducir el parto (lo que muchas veces termina en cesárea de urgencia).
 
La ANS pide que los médicos presenten un partograma de la evolución de la madre y, si hubiese necesidad real de cesárea, un informe justificando el porqué de la cirugía. También piden que los hospitales y clínicas proporcionen a las mujeres sus índices de cesáreas y de partos normales. El objetivo de la ANS es que la madre pueda, al menos, entrar en trabajo de parto de forma natural, lo que implicaría que el bebé estuviese realmente a término y preparado para nacer.
 
A raíz de esa medida han saltado a la luz las resistencias que tienen los médicos al parto normal, o a disminuir el índice de cesáreas programadas. Defienden el “derecho de elección y decisión de la paciente” porque a fin de cuentas “¿cómo vamos a obligar a las mujeres a que tengan un parto normal?”
 
La Asociación de Obstetricia y Ginecología del estado de São Paulo creó el “Consentimiento libre e informado” documento que toda mujer tendrá que firmar si acepta pasar por una cesárea. Aunque en el documento vienen plasmados todos los riesgos que conlleva una cesárea, el planteamiento está más en la línea de un mero formalismo sin pretensión alguna de realmente informar. Cabe recordar que se paga muy mal por asistir un parto normal y que una cesárea se puede hacer cada media hora, permitiendo organizar una apretada y lucrativa agenda.
 
La nueva medida obliga a que los ginecólogos informen a sus pacientes en todo momento de cómo va evolucionando el trabajo de parto. Aunque parezca mentira, es una medida que me preocupa mucho. ¿Se puede pedir a un fontanero que haga un buen pan de espelta? ¿Se puede pedir a determinados ginecólogos que asistan un parto normal y fisiológico cuando NO lo saben hacer y no lo han practicado en la vida?
 
Leyendo las palabras del ginecólogo brasileño, Renato Sa, para la BBC Brasil, donde decía que los médicos tienen miedo al parto normal y a las demandas, me acordé de una charla a la que asistimos algunas epeneras en un hospital de la Comunidad de Madrid, hace ya un par de años. En dicha charla estaba el jefe de ginecología del hospital, que estuvo la mayor parte del tiempo callado. Cuando se dignó a hablar, ya al final del encuentro, nos dijo, refiriéndose a por qué siguen protocolos, que era muy bonito todo lo que decíamos pero que “las demandas están ahí y si mi hijo me pide una camiseta de su equipo de fútbol tengo que tener dinero para comprársela”. ¿Tan lejos estamos de un país como Brasil? Yo veo una realidad bastante parecida pero encapsulada, que avanza silenciosamente.
 
Me quedo con una frase del obstetra Ricardo Herbert Jones que dice: “Esa es la más pura verdad [sobre las declaraciones de Renato Sa]. Hay razones para ello, una de ellas es el hecho de que la CULTURA penaliza a la naturaleza y exalta la tecnología. Así, los pacientes que se enfrentan con un resultado negativo siempre creen que ocurrió por la falta de tecnología y nunca lo contrario. Cuando un médico se esconde detrás de los protocolos intenta protegerse de una cultura que castiga la moderación en el uso de la tecnología pero jamás el abuso.”.
 
Sacar a un bebé por vía vaginal a cualquier costa no es la solución. Vistos los comentarios de algunos ginecólogos brasileños sobre la normativa, me preocupa la violencia obstétrica que puedan sufrir las mujeres en Brasil después de esa normativa “para que se vea que el parto normal es un peligro”.
 
El paradigma no se cambiará a golpe de normativa ni obligando a un médico, ni a una mujer, a hacer lo que no quieren. El cambio es más profundo, es no recurrir a unos fórceps o a una episiotomía sin dar libertad de movimiento a la mujer. No inducir porque llega un festivo, las vacaciones o el fin de semana. Es ESCUCHAR las necesidades de la mujer, es estar al servicio de quien atiendes. NO al revés.
 
Enlazando en ese tema, os comparto una traducción que hice de un relato del obstetra brasileño Ricardo Herbert Jones donde nos cuenta el momento exacto en el que se dio cuenta del daño que estaba haciendo a las mujeres interviniendo en sus partos. Me ha impactado bastante escucharle. Ricardo es uno de los pocos ginecólogos brasileños que ha optado por trabajar con la fisiología del parto bajo el brazo. Es un referente en el movimiento de la humanización del parto a día de hoy. El fragmento está extraído del documental “Na hora certa”, del director Douglas Roehrs.
 
 
Pienso que el cambio de paradigma NO comenzará por el sistema sanitario, ni aquí ni en Brasil, sino por las USUARIAS. Las mujeres son mi única esperanza. Las únicas que se pueden informar, leer y firmar, o no, una cesárea o inducción.
 
Sigamos remando.
 
 
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Comentarios

Imagen de Jorge Ivan Agudelo A.

Totalmente de acuerdo con el Dr. Ricardo H. Jones, mis felicitaciones por su cambio de paradigma en favor de la humanización del parto-nacimiento, de la vida. Tmbién considero que el trabajo para la transformación del Mackparto como se refiere la Comadrona de comadronas, Ina G., ES ARDUO, Y ES CON LAS MUJERES PARA LAS MUJERES.

Imagen de milena

Gracias, Ana, por contarnos esta triste realidad de Brasil. Parece que lo más urgente es educar a los médicos en atender un parto que no sea una operación quirúrgica! En mi país de origen la situación es similar - el parto vaginal es sinónimo de sufrimiento innecesario y quien pueda costearse la operación, acude alegremente a un médico, quien, sin explicar los riesgos, apunta la fecha de la intervención en su calendario, cómoda para ambas partes. Preguntados por la avalancha de cesáreas, los médicos se escudan en el "derecho a decidir" de las mujeres. Allí es donde hace falta mucho trabajo educativo. Espero que en Brasil pronto surja un movimiento de mujeres por la verdad, respeto y derechos para sus embarazos y partos.

Imagen de Sussana

Estupenda información, gracias por acercarnos la realidad de Brasil, al que siguen los pasos tantos otros países latinoamericanos.
Son tasas aún más criminales que las de aquí. La proporción de madres jóvenes, es aún mayor en estas zonas, lo que lo hace aún más "inexplicable" a los ojos de la evidencia científica. La decisión final, seamos francos, depende de la filosofía de quien las atiende, y no podemos olvidar el caso de la madre brasileña que fue buscada en su casa por la policía porque consideraba que una tercera cesárea sin intento de parto no estaba justificada.
La información es poder, claro que sí, pero el caldo de cultivo de una sociedad aún más agresiva con la mujer, lo que incluye las prácticas y filosofías en el parto, influye en la visión que tenemos de nosotras mismas y de lo que nos está o no permitido en nuestra particular circunstancia y con las personas que nos encontramos en momentos como el embarazo y el parto.

Imagen de naty

Lo que pasa es que en Brasil las mujeres no quieren tener parto natural porque dicen que no quieren tener la vagina estropeada por eso ellas pagan para hacer la cesárea.Mis amigas que viven allí ninguna tuvo parto vaginal y me dicen a mi que soy una loca por querer un parto vaginal.Yo creo que es por que no saben los riesgos de una cesárea y también por estética,las cesáreas en Brasil son bien abajo porque la a mujeres les gusta poner tanga.Ya sabéis que todo allí lo primero es la estética.

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