Mi querido suelo pélvico

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Estaba de unos cuatro meses cuando supe con inmensa alegría que había clases de danza del vientre para embarazadas en mi ciudad.  Me faltó tiempo para apuntarme y presentarme allí con mi cinturón de monedillas en la mochila.

Estaba dispuesta a colocármelo en las caderas cuando vi que mi maestra, y ahora amiga, preparaba unas colchonetas en el suelo y me invitaba a colocarme en una de ellas para trabajar el suelo pélvico antes de bailar.

Así empezó todo. Mi relación con mi suelo pélvico. Y descubrir la falta de conocimiento que, por norma general, las mujeres tenemos de esta parte tan importante de nuestro cuerpo. Es habitual que las mujeres empecemos a tener consciencia de la importancia de estos músculos en el embarazo o posparto, y a veces ya es demasiado tarde para evitar su deterioro.

Hasta antes de quedarme embarazada había oído hablar del suelo pélvico tal vez unas cuatro o cinco veces en toda mi vida (tirando por lo alto). Casi siempre a propósito de los problemas de incontinencia en la vejez. Me sonaba eso de que al interrumpir la micción se ejercitan esos músculos (¡en realidad no!), y poco más.

Sin embargo, hace años que práctico deporte en gimnasios y las instrucciones para hacer unos correctos abdominales, levantar pesas sin lastimarnos la espalda o hacer unas sentadillas en condiciones no tienen para mí ningún secreto.

No hablaré de conspiración, pero bien es cierto que cuando los problemas de incontinencia aparecen, sólo la mujer afectada sufre las consecuencias. Puede seguir trabajando, produciendo, cuidando, solo que ahora ha de lidiar ella sola con su problema (un problema mucho más fácil de prevenir que de corregir, por cierto).

Me da la sensación de que poco a poco deja de ser un tabú (anuncios de compresas en franjas horarias de máxima audiencia, bolas chinas/Kegel en los mostradores de la farmacia y hasta centros especializados en su tratamiento). Hay que celebrar estos progresos, que seguro son de inmensa ayuda para muchísimas mujeres. Pero, ¿y la prevención?,¿También se están produciendo avances desde esta perspectiva?, ¿Y si fuera un problema que afectase mayoritariamente a los hombres?, ¿También se centrarían los esfuerzos en el tratamiento de la disfunción una vez aparecida? Solo me lo pregunto, ya dije que no quería hablar de conspiraciones.

En cualquier caso, por la cara que me ponen los monitores del gimnasio cuando les solicito trabajar (o al menos proteger) el suelo pélvico en clase, parece que de momento lo más eficaz será seguir el lema de El Parto es Nuestro: informarnos y decidir si queremos cuidar nuestros queridos suelos pélvicos por nuestra cuenta.

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Comentarios

Imagen de Nerea Paz

Por eso yo llevo años con el Pilates ¡y estoy encantada! Creo que el autoconocimiento y el tono físico me ayudaron mucho en mis dos partos.

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