#MiMamáCura

Dice el artículo 154 del Código civil español que "los hijos no emancipados están bajo la potestad de los padres" y que, además, "la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos" y que ésta incluye "velar por ellos" y "tenerlos en su compañía".

Esta idea cobra más sentido cuando uno de nuestros hijos está hospitalizado. Sin embargo, si tenemos la desgracia de vernos en esta situación el mensaje que recibimos del entorno hospitalario es, cuando menos, contradictorio. No es un capricho extravagante querer cuidar de nuestros hijos. Como tampoco es una locura desear estar a su lado en todo momento. Esto por lo que estamos luchando desde aquí son los derechos de nuestros menores. Y estos derechos los recogió el 13 de mayo de 1986 el Parlamento Europeo en la (para muchos desconocida) Carta Europea de los Derechos de las niñas y niños hospitalizados, según la cual el niño tiene derecho "a estar acompañado de sus padres, o de la persona que los sustituya, el máximo tiempo posible, durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria”.

En estos 30 años, la Carta Europea ha sido ratificada en España por la Ley 14/2010, de 27 de mayo, de los derechos y las oportunidades en la infancia y la adolescencia promulgada por el Parlamento Catalán y por el Decreto 246/2005, de 8 de noviembre, de la Junta de Andalucía, por el que se regula el ejercicio del derecho de las personas menores de edad a recibir atención sanitaria en condiciones adaptadas a las necesidades propias de su edad y desarrollo.

La primera, indica en su artículo 46 que "deben tenerse en cuenta los derechos reconocidos por la Carta Europea de las niñas y niños hospitalizados, aprobada por el Parlamento Europeo el 13 de mayo de 1986." El segundo, da un paso más y regula el ejercicio del derecho de las personas menores de edad a recibir atención sanitaria en condiciones adaptadas a las necesidades propias de su edad y desarrollo.

El segundo, en su artículo 14, establece que:

"1. Las personas menores de catorce años que requieran internamiento hospitalario dispondrán de habitaciones de uso individual en las que puedan estar acompañadas permanentemente por la madre o el padre, un representante legal o un familiar.

2. Las habitaciones dispondrán de mobiliario adecuado y confortable para permitir el descanso nocturno de una persona acompañante, así como un aseo con baño o ducha para uso de la persona acompañante y de las personas menores de edad.

3. El acompañamiento permanente de las personas menores de catorce años hospitalizadas incluirá también el régimen básico de comidas para la persona acompañante, en caso de que ésta lo solicite."

Han pasado treinta años desde que Europa posó sus ojos en nuestros hijos. Treinta años durante los cuales se han seguido vulnerando sus derechos. Y en treinta años las leyes españolas (nacionales o autonómicas) no han conseguido protegerlos a ellos ni a nosotros en una situación de hospitalización. Y es que la realidad y la legalidad no siempre van de la mano.

La realidad es no disponer, ni siquiera, de una butaca al lado de la cama de tu hijo.

La realidad es que dormir más de una noche en una silla se hace insoportable. Pero cuando decides improvisar una cama dura en el suelo, más duro aún, del hospital te enfrentas a malas caras, a reproches. Te riñen. Te infantilizan. Vulneran tus derechos y los de tu hijo o hija.

La realidad es que en algunos hospitales no hay más que un baño por planta y que, además, para poder usarlo necesitas a una tercera persona para que se quede con tu pequeño. Otras veces simplemente no puedes ni asearte porque el hospital no dispone de ningún lugar habilitado para ello. La mayoría de las veces los padres no podemos usar el baño de la habitación.

La realidad también supone tener que salir para buscar algo de comer, debiendo dejar solo a tu hijo, porque no hay servicio de menú de acompañante. Supone suplicar a las enfermeras que alguien te acerque un bocadillo para no tener que salir de la habitación.

Ni cojines, ni mantas, ni agua, ni comida, ni luz, ni un lugar donde poder trabajar desde el hospital ni, por supuesto, facilidades para ello.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué sucede, cuando sabemos que la intervención de la familia en el proceso de cuidado del menor es percibido como algo "positivo en los centros donde la familia participa y hay mayor conciencia de saber a quién preguntar en caso de errores"? ¿Por qué ocurre si, además, se ve un mayor nivel de confianza en aquellos "profesionales que trabajan con las familias"? (Ver Informe de Ucis Neonatales editado en 2010 por el Observatorio de Salud de las Mujeres, de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social).

Si, como decíamos más arriba, estos derechos los tenemos ya recogidos en leyes autonómicas, en La Carta Europea de los Derechos de las niñas y niños hospitalizados, si sus efectos positivos se han visto ya evidenciados y recogidos en informes del Ministerio de Sanidad, ¿por qué todavía no disfrutamos de ellos en muchos de nuestros centros hospitalarios?

#MiMamáCura

Así se resume esta declaración conjunta para reclamar que los ingresos hospitalarios con menores implicados, especialmente bebés lactantes, tengan un protocolo establecido cuya prioridad sea siempre facilitar el ingreso conjunto, firmada por el Parto Es Nuestro y más de 70 organizaciones, entidades y asociaciones hermanas y profesionales sanitarios a título independiente.

Nuestras reclamaciones están también expresadas en esta petición ciudadana para recoger firmas: Ministerio de Sanidad: garantice el ingreso conjunto con menores.

No reclamamos nada imposible. Queremos, deseamos y necesitamos lo mejor para nuestros hijos e hijas.

Pretendemos que teoría y práctica sean una.

Luchamos por cambiar la realidad.

 

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Comentarios

Imagen de Diana Aragon

Seguro que con esta campaña vamos a conseguir cambiar las cosas, al menos poner un foco de atención en este tema. Es un objetivo muy importante.

Imagen de Nereida

Por el cuidado de nuestros hijos en los momentos más críticos para una familia.

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