#Observatoriodelaviolenciaobstetrica: Violencia obstétrica y salud mental

 
Por Ángeles Malagón Amor
 

Durante mi formación en la licenciatura en Medicina y como especialista en Psiquiatría, nadie me explicó nada sobre salud mental perinatal. 

Mi recuerdo en las prácticas de Obstetricia, como estudiante de cuarto curso, fue traumático, teniendo que salir de la sala de partos mareada, ante un parto medicalizado y completamente agresivo. Recuerdo cómo una matrona me insistió en hacerle un tacto a una madre a punto de dar a luz, “tócale la cabeza al bebé, ya está a punto”, y yo mirar a los ojos a aquella mujer, pidiéndole permiso y perdón, sintiéndome obligada a hacerlo, pero muy culpable. Porque no sabía nada de partos, salud mental ni violencia obstétrica, pero algo allí no me cuadraba. 
Durante los cuatro años de especialización en Psiquiatría, no tuve ni una mínima formación en salud mental perinatal. Y no creo que sea un caso excepcional, sino más bien la norma dentro de la formación en Psiquiatría en España. Recuerdo, ya de adjunta, en una guardia de madrugada, recibir una llamada de sala de partos, por una mujer que "no colaboraba". Cuando llegué allí, la sala estaba llena de gente, más de diez, y la mujer presentaba un cuadro disociativo en el que no sabía dónde estaba ni qué hacía. El padre, asustado, sin recibir información, viendo a todos los profesionales hablar entre sí. Y no supe ayudarla, porque yo no sabía nada de partos, ni de la necesidad de tranquilidad, respeto, ausencia de estímulos innecesarios, necesidad de comprensión y empatía. Por más haloperidol que le estaban administrando, diagnosticándole de un trastorno psicótico inexistente, la mujer no mejoraba. Igual simplemente necesitaba que la dejasen a solas con su pareja, que conectase con su bebé. Pero el problema era que no seguía el protocolo, que “no colaboraba”... Y por supuesto, acabó en cesárea.
He visto cómo a mujeres embarazadas ingresadas en la unidad de Psiquiatría por descompensación de trastorno mental grave -tal como esquizofrenia paranoide- se les programa una inducción o cesárea, se les separa de su recién nacido inmediatamente, con un excesivo control de las visitas al bebé en Pediatría, negándoles la posibilidad de lactancia materna por supuesta incompatibilidad de tratamiento farmacológico. En lugar de acompañar y tratar de forma más intensiva su embarazo, parto y postparto, se les ha negado esa vivencia, se les ha relegado a un segundo plano en el que ellas no pueden decidir. Aunque una paciente tenga un trastorno mental grave, aunque esté con delirios y alucinaciones, es madre. Y a ese hijo también se le está privando de algo tan necesario, tan científicamente demostrado, como el nacimiento respetado, el contacto con su madre y la lactancia materna.

 

En mi opinión, lo grave no es tanto la falta de formación, sino la mala predisposición de los y las psiquiatras a formarse en estos temas.

Sé que esto está cambiando, que se van creando unidades de Psiquiatría perinatal en algunos centros… pero creo que falta mucho trabajo por hacer. Es imprescindible formar a los y las profesionales, tanto de la Obstetricia como de la salud mental, sobre los riesgos de la violencia obstétrica en la madre y en el bebé.

 
La violencia obstétrica existe. Algunas madres lo sabemos. Creo que es necesario que los y las profesionales de la salud también lo sepan.
Porque a menudo pienso que el principal problema es el desconocimiento. 
A él hay que añadir la escasa predisposición de muchos profesionales a cambiar protocolos y maneras de trabajar. 
Violencia obstétrica es programar cesáreas innecesarias, medicalizar el parto sin indicación, hacer tactos sin motivo -aunque se justifique como formación a estudiantes-, no respetar la intimidad necesaria del nacimiento, desautorizar y decidir por la madre, amenazarla e ignorarla, hacer episiotomías por protocolo y sin indicación adecuada, impedir el contacto inmediato madre-bebé. Y muchas otras actuaciones, que tienen en común el generar un trauma, tanto por omisión como por acción de médicos, enfermeras y matronas (Elmir, 2010).
 
En los planes de formación de residentes, tanto de Ginecología como de Psiquiatría, debe incluirse la salud mental perinatal. 
Existe evidencia científica suficiente para realizar formación sobre la existencia del estrés postraumático tras el parto (Ayers, 2004; Beck & Gable, 2012; Beck, Gable, Sakala, & Declercq, 2011; Olza Fernández, 2013), focalizándose en su prevención, pero también en su tratamiento psiquiátrico y psicológico. 
Tal como describe Ibone Olza, la experiencia de parto traumático se acompaña de miedo, indefensión y terror, y suele ir seguida de toda una serie de pensamientos que incluyen recuerdos vívidos del suceso, flashbacks, pesadillas e irritabilidad (Ayers, 2004; Olde, van der Hart, Kleber, & van Son, 2006). Puede afectar seriamente a las mujeres y a sus familias. Cuando una madre presenta depresión posparto, debe evaluarse su experiencia de parto, entre otros temas, para poder detectar si sufrió violencia obstétrica y si tiene estrés postraumático tras el parto, para poder tratarlo. Esto, que parece tan evidente, es una práctica casi inexistente en Psiquiatría, algo sobre lo que nadie me formó durante mi residencia.
Debe explicarse la importancia de un nacimiento respetado, libre de violencia obstétrica, en la salud, tanto física como mental, del bebé recién nacido (J. Bergman & Bergman, 2013; N. J. Bergman, 2014; Marín Gabriel et al., 2015; Moore, Anderson, Bergman, & Dowswell, 2012; Olza-Fernández, Marín Gabriel, Gil-Sanchez, Garcia-Segura, & Arevalo, 2014; Olza Fernández, Marín Gabriel, López Sánchez, & Malalana Martínez, 2011).
Debe asimismo incidirse en el vínculo entre madre y bebé (N. J. Bergman, 2014; Olza-Fernández et al., 2014) y en la importancia de éste. Mi única formación sobre el parto y su efecto en el bebé fue si había habido algún tipo de sufrimiento cerebral o hipoxia, ni siquiera si el parto era por cesárea o vaginal.
 
Porque si actualmente existe evidencia científica sobre la importancia del parto y nacimiento en la salud de la madre y su hijo, ¿por qué cuesta tanto erradicar protocolos obsoletos y violentos? A menudo me lo pregunto, y no encuentro una clara explicación. Supongo que influyen múltiples factores: comodidad y escasa predisposición a formarse y cambiar costumbres en los y las profesionales; escasa autocrítica y convencimiento de que si siempre han trabajado así, es lo mejor; síndrome de burnout, que genera un trato cada vez más deshumanizado en sus pacientes; y, tal como han descrito otros profesionales (Ibone Olza, 2103), el propio trauma no resuelto de los profesionales de la salud. En relación a este último punto creo que visibilizar la violencia obstétrica también ayudará a médicos, matronas y enfermeras en su propia salud mental.
 
En definitiva la violencia obstétrica afecta a la salud mental de la madre, de su bebé y de los y las profesionales que los atienden. Es muy importante que todos ellos sean informados y sensibilizados sobre la existencia de la violencia obstétrica, con el fin principal de erradicarla, y también de, si se produce, detectar y tratar su posible impacto en la salud mental.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
Ayers, S. (2004). Delivery as a traumatic event: prevalence, risk factors, and treatment for postnatal posttraumatic stress disorder. Clinical Obstetrics and Gynecology, 47(3), 552–567.
Beck, C. T., & Gable, R. K. (2012). A mixed methods study of secondary traumatic stress in labor and delivery nurses. Journal of Obstetric, Gynecologic, and Neonatal Nursing: JOGNN / NAACOG, 41(6), 747–760.
Beck, C. T., Gable, R. K., Sakala, C., & Declercq, E. R. (2011). Posttraumatic stress disorder in new mothers: results from a two-stage U.S. national survey. Birth , 38(3), 216–227.
Bergman, J., & Bergman, N. (2013). Whose Choice? Advocating Birthing Practices According to Baby’s Biological Needs. The Journal of Perinatal Education, 22(1), 8–13.
Bergman, N. J. (2014). The neuroscience of birth - and the case for Zero Separation. Curationis, 37(2), 1–4.
Marín Gabriel, M. A., Olza Fernández, I., Malalana Martínez, A. M., González Armengod, C., Costarelli, V., Millán Santos, I., … García Murillo, L. (2015). Intrapartum synthetic oxytocin reduce the expression of primitive reflexes associated with breastfeeding. Breastfeeding Medicine: The Official Journal of the Academy of Breastfeeding Medicine, 10(4), 209–213.
Moore, E. R., Anderson, G. C., Bergman, N., & Dowswell, T. (2012). Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy newborn infants. Cochrane Database of Systematic Reviews , 5, CD003519.
Olde, E., van der Hart, O., Kleber, R., & van Son, M. (2006). Posttraumatic stress following childbirth: a review. Clinical Psychology Review, 26(1), 1–16.
Olza Fernández, I. (2013). PTSD and obstetric violence. Midwifery Today with International Midwife, (105), 48–9, 68.
Olza-Fernández, I., Marín Gabriel, M. A., Gil-Sanchez, A., Garcia-Segura, L. M., & Arevalo, M. A. (2014). Neuroendocrinology of childbirth and mother-child attachment: the basis of an etiopathogenic model of perinatal neurobiological disorders. Frontiers in Neuroendocrinology, 35(4), 459–472.
Olza Fernández, I., Marín Gabriel, M. Á., López Sánchez, F., & Malalana Martínez, A. M. (2011). Oxytocin and autism: a hypothesis to research. Can perinatal oxitocinergic manipulation facilitate autism? Revista de Psiquiatria Y Salud Mental, 4(1), 38–41.
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Comentarios

Imagen de Anónimo

Gracias Ángeles!!! Muy necesario. Un abrazo muy fuerte.

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