Ana Castillo
20 Ene 2014
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13 comentarios

La placenta, árbol de la vida

La placenta humana, con su bella forma de árbol y sus colores vibrantes, es un órgano prodigioso. Unida a la pared interna del útero y al bebé en formación, representa el estrecho y delicado vínculo materno-fetal asegurando un flujo vital constante, como el árbol que hunde sus raíces en la tierra para nutrir al fruto. La placenta desempeña una multitud de funciones esenciales para el desarrollo y la protección del bebé durante el embarazo garantizando la provisión de nutrientes, oxígeno, hormonas, anticuerpos, así como la eliminación de desechos, sin que la sangre de la madre y del bebé se mezclen.

Además de las funciones nutricional, pulmonar, endocrina y de evacuación, la barrera placentaria asegura la protección física y biológica del pequeño humano durante su gestación. La placenta protege al feto en sus membranas (“la bolsa de las aguas”), un envoltorio suave y resistente, a la vez que contiene el líquido amniótico, manteniéndolo estéril y a temperatura constante. Aunque algunos tóxicos como el alcohol, el tabaco o ciertos fármacos logran traspasarla, la placenta resguarda al bebé de gran número de sustancias nocivas y agentes patógenos actuando de filtro.

También protege al feto enviando a la madre un mensaje inmunitario para “ocultarlo” de su sistema inmune, neutralizando posibles respuestas de rechazo por parte de anticuerpos maternos. La placenta vela por la vida del nuevo ser desde su etapa embrionaria y hasta después de su nacimiento, permaneciendo unida a la matriz materna y proporcionando oxígeno y nutrientes no sólo durante el embarazo y el parto, sino también inmediatamente después. Cuando el cordón umbilical no se secciona de inmediato tras el nacimiento, puede seguir latiendo entre cinco y treinta minutos, suministrando un aporte extra de oxígeno al bebé que facilita su adaptación a su nuevo medio aéreo. Además, existe evidencia de que el corte tardío del cordón umbilical previene las deficiencias en hierro durante el primer año de vida del bebé.

La placenta es un órgano único, esencial en la asombrosa formación de cada ser humano. No es de extrañar que sea venerada en muchas culturas y se ritualice la culminación de su labor, a menudo enterrándola junto a un árbol. Algunas etnias de Uganda, Nigeria o Ghana, como los igbo, consideran que la placenta es hermana gemela del bebé y debe ser sepultada siguiendo un ceremonial específico.

A la entrada del pueblo animista de Tiabelé,

en Burkina Faso, junto a la gran higuera sagrada,

se halla el cerro en el que se entierran las placentas

de los niños de la comunidad.

En países de Asia, como Indonesia o Malasia, también es común honrar a la placenta como un hermano protector del bebé. Esta creencia no está muy alejada de las circunstancias biológicas en que se forma la placenta, pues se separa del primer grupo de células que forma al embrión y crece a la par con él, manteniendo su mismo ADN. También los indígenas americanos Quechua y Aymara en el sur, y los Navajo, en el norte, otorgan un carácter sagrado a la placenta. En China se conserva disecada como sustancia de vida y de salud para ser utilizada en medicina.

Las palabras que designan a la placenta también pueden evocar esta veneración ancestral: en Islandia es llamada “fylgia” que significa “ángel de la guarda” y para los maori de Nueva Zelanda es “whenua” la misma palabra que designa a la tierra. En nuestro idioma, “placenta” tiene origen grecolatino y significa torta redondeada y plana (y agradable, “placentera”), expresión que comenzó a utilizarse en los primeros tratados de medicina en latín, en el s. XVI, para describirla.

Son muchas las formas posibles de honrar, despedir o utilizar la placenta tras el parto, incluido el desprendimiento natural de la placenta en los llamados nacimientos loto.

La medicalización del parto ha favorecido que la placenta se considere un desecho orgánico más entre los residuos hospitalarios, e incluso que algunas clínicas se lucren con su venta a laboratorios de cosmética o que se utilicen para operaciones de córnea, dentro del mismo hospital, y muchas veces sin el consentimiento de la mujer. Muchas madres y padres que desean conservar la placenta -o tan solo mostrar agradecimiento tocándola y mirándola unos minutos-, a menudo se encuentran con obstáculos e incomprensión. Afortunadamente, son cada vez más las mujeres que exigen apropiarse de sus partos y también de sus placentas, tanto si dan a luz en casa como en el hospital. Las mujeres estamos redescubriendo así el valor y el poder de nuestros cuerpos y de este órgano polivalente que es pieza fundamental del milagroso desarrollo del bebé en el útero.

Para leer más: ¿Qué ocurre con la placenta?

Fotos de las placentas y del pueblo Tiabelé: de Ana Castillo.

Última foto: Un nacimiento loto.

Fernanda (unverified)
20 Ene 2014
Es tan emocionante, somos perfectos, quiero por lo menos mirar mi placenta!! Enhorabuena por el texto! Fernanda ( embarazada 31 semanas)
Nuria Martínez Lozano
23 Ene 2014

Un texto muy interesante. En nuestro pais no se habla de placenta salvo cuando da problemas (hematomas,desprendimiento, calcificaciones...). A mi me parece un órgano muy interesante y6 como bien dice merece nuestro respeto.

Nuria M

 

Antonella (unverified)
10 Nov 2014
Soy estudiante de partera. Y el primer parto que vi, la partera le pregunto a la madre si quería su placenta, la señora se mostró extrañada con el ofrecimiento, y mientras el bebe amamantaba la partera le mostró la placenta y le fue contando no solo lo que era sino todas las formas que había aprendido de otras embarazadas de que hacer con ella. La mujer finalmente no se la quizo llevar, pero ella y su marido pudieron verla, tocarla y generar algún vinculo con la placenta esa tarde. Gracias por esto que nos contas y por todo el blog, que personalmente me ayuda a crecer entendiendo el lado de la mama y obviamente respetando y luchando desde mi lugar por el parto humanizado.
jorge (unverified)
24 Sep 2015
Buenas tardes. Con mi compañera hemos dado a luz a una niña y hemos pedido la placenta. La tenemos en casa congelada y no sabemos muy bien como utilizarla. Mi compañera está sufriendo con la lactancia ya que se le están agrietando los pezones. Sabemos que la placenta tiene propiedades curativas y son ideales para este tipo de casos pero no sabemos si debemos lavar la placenta antes de utilizarla o directamente cortamos un trocito y lo aplicamos sobre los pezones. Alguien nos puede orientar? Mil gracias y salud.
fátimar (unverified)
21 Sep 2016
mi bebe murió intraútero de 41 semanas y 4 días por el envejecimiento de mi placenta. ¿qué piensa de eso? porque mi partera no lo notó y la doctora dice que por lo menos tenía 2 semanas dañándose
mflorhrubisko@gmail.com (unverified)
14 Mar 2017

Enviado por mflorhrubisko@… (no verificado) el

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Una hermosa reflexión para dar vuelta esa imagen tan frecuente "residuo patológico" por "órgano único, esencial en la asombrosa formación de cada ser humano" Gracias!
Gabriela (unverified)
4 Mayo 2020
Muchas gracias por la importante y mágica explicación... Yo tuve la bendición de comer un trozo de mi placenta y una Doula me la encapsulo, fue de mucha bendición la medicina placentaria en mi vida.
Betty (unverified)
14 Nov 2021
Informacion muy interesante, gracias por compartirla, es una maravilla, divina creacion. Gracias a todos los que asisten a las madres en el parto. Bendiciones.