Maternidad, igualdad, cuidados, conciliación. Encuentro en la Oficina del Parlamento Europeo
El pasado 21 de septiembre asistimos, en la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid, al encuentro La maternidad: el desafío olvidado de la igualdad organizado por Make Mothers Matter, Mom’s in Co. y la Oficina del Parlamento Europeo. Durante la primera mesa, dedicada a la salud mental y a cómo cuidamos a quien cuida, una idea atravesó buena parte de la conversación: los cuidados tienen valor aunque permanezcan invisibles. Y no reconocerlos, no darles espacio o no proporcionar los recursos que necesitan tiene consecuencias. Porque hablar de cuidados es hablar de salud, pero también de derechos.
Si hay un momento en el que esta relación se hace especialmente visible es el posparto. ¿Qué ocurre con la mujer después del nacimiento? Durante el embarazo, la atención está dirigida de manera evidente hacia la mujer. Tras el parto, sin embargo, esa atención se desplaza rápidamente hacia su hijo. El bebé necesita cuidados, por supuesto. Pero la mujer que acaba de parir también. Si no me cuido y no me cuidan, difícilmente podré cuidar de otros. O el coste de hacerlo será grande y se verá reflejado en mí, en mi bebé y en mi entorno.
El posparto supone recuperación física, cambios hormonales, adaptación emocional, establecimiento —cuando así se desea— de la lactancia, falta de sueño, reorganización familiar y una transformación profunda de la vida cotidiana y de la propia identidad. Y eso cuando todo ha ido bien. Desde una perspectiva integral, debemos atender la salud mental, ofrecer información comprensible, escuchar las necesidades y decisiones de cada mujer y facilitar los apoyos necesarios para que pueda recuperarse y cuidar sin quedar ella misma fuera del cuidado. Porque la salud mental materna no puede separarse de las condiciones en las que se materna. Y, otra vez, hablamos de derechos.
No debemos pensar la maternidad como una cuestión individual. La historia y las circunstancias de cada mujer importan, pero también las condiciones que la rodean. ¿Puede descansar? ¿Qué red de apoyo tiene? ¿Cómo ha vivido su embarazo y su parto? ¿Cuánto cuidado no remunerado asume? ¿Cuáles son sus condiciones económicas y laborales? ¿Hasta qué punto las responsabilidades dentro del hogar están realmente repartidas? Algunas de esas preguntas que traían las ponentes salen en los grupos locales de El Parto es Nuestro cuando muchas madres nos hablan de cómo viven sus maternidades. Y hablar de nuestra experiencia con otras no soluciona totalmente el problema… pero ayuda. ¡Y cuánto!
La segunda mesa llevó la reflexión al terreno de la conciliación y de la vida profesional. Porque la llamada conciliación no debería consistir en conseguir que las mujeres sean capaces de hacerlo todo. El problema está estudiado y tiene cifras: 1 de cada 2 madres en Europa dicen estar sobrecargadas, abrumadas, agotadas, con un alarmante primer puesto para España en ansiedad.
Desde El Parto es Nuestro llevamos años hablando del derecho de las mujeres a recibir información, a participar en las decisiones sobre su atención, a ser tratadas con dignidad y respeto y a vivir el nacimiento libres de prácticas injustificadas o de violencia. Pero estos derechos no terminan con el parto. También durante el posparto importa ser escuchada y recibir una atención respetuosa. Importa poder expresar dolor, cansancio, miedo o malestar sin que sean automáticamente normalizados como algo que simplemente “forma parte de ser madre”. Importa recibir información y apoyo. Y nuestros grupos locales son un espacio para que eso suceda.
Pero importa igualmente que la sociedad entienda que el cuidado de un bebé no es una responsabilidad individual. Hay que cuidar a quienes cuidan. Quizá podamos ir un poco más allá y preguntarnos cómo organizamos socialmente los cuidados, qué apoyos ofrecemos durante el posparto, cómo protegemos la salud física y mental de las madres y qué condiciones laborales, sanitarias y comunitarias hacen posible cuidar sin desaparecer como persona en el proceso. Que estas cuestiones lleguen también a las instituciones europeas, que entren en la agenda y que diferentes actores se sienten a dialogar sobre ellas es un primer paso.
Mientras la eurodiputada Rosa Estaràs hablaba de las iniciativas que se están impulsando en esta dirección, no podía dejar de pensar en aquella máxima que dice: “Lento, pero avanzamos”. A no ceder un centímetro del camino.