El nacimiento como primera experiencia de ciudadanía
Cada 7 de junio se conmemora el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento, una fecha proclamada en 1999 por la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento (PDN), un movimiento internacional integrado por profesionales, asociaciones y personas comprometidas con la promoción de derechos. La iniciativa surgió con el objetivo de recordar que el nacimiento no es únicamente un hecho biológico o sanitario. Es también un acontecimiento humano, relacional y social, atravesado por derechos que merecen ser reconocidos y protegidos. Más de veinticinco años después, la pregunta sigue siendo de actualidad. ¿Qué dice una sociedad sobre sí misma a través de la forma en que recibe a quienes llegan al mundo?
La PDN surge en el contexto de finales de los 90, cuando empieza a consolidarse un movimiento internacional que cuestiona la excesiva medicalización del parto y reivindica la autonomía de las mujeres, el respeto a los procesos fisiológicos y las necesidades de los recién nacidos. No era solo una crítica al sistema sanitario; era una propuesta de cambio cultural sobre cómo entendemos el nacimiento. La proclamación de esta fecha fue también una invitación a ampliar la mirada, dejar de pensar estos procesos únicamente desde la seguridad clínica e incluir dimensiones igualmente importantes como la autonomía, el vínculo, la información, el respeto y la dignidad.
El nacimiento constituye uno de los primeros encuentros entre una persona y la sociedad que la recibe y, ya lo sabemos, la forma en que una comunidad acompaña ese momento dice mucho sobre sus valores. Dice cuánto respeta la autonomía de las mujeres, cuánto reconoce las necesidades de los bebés, cuánto valor concede a los vínculos familiares y cuánto espacio deja para la escucha, la información y las decisiones compartidas. Hablar de derechos del nacimiento significa reconocer que tanto la madre como el bebé son sujetos de derechos desde el inicio de esta experiencia. Significa defender el derecho a recibir información clara y basada en evidencia, a tomar decisiones libres e informadas, a contar con un acompañamiento respetuoso y a recibir cuidados que tengan en cuenta las necesidades físicas y emocionales de toda la familia. Significa favorecer el contacto piel con piel, apoyar el inicio de la lactancia cuando así se desea y proteger el establecimiento temprano del vínculo. Significa, en definitiva, que cada familia pueda recibir a su hijo o hija en un entorno seguro y acorde a sus necesidades.
A lo largo de estos años también ha habido avances y hoy hablamos con más naturalidad de consentimiento informado, de acompañamiento, de contacto piel con piel o de la importancia de preservar los tiempos y necesidades de madres y bebés. Son temas que han ido encontrando un lugar en la conversación pública gracias al activismo de familias, profesionales y asociaciones. Y, por supuesto, gracias a todas las mujeres que compartieron sus relatos, sostuvieron la denuncia y transformaron experiencias individuales en una demanda colectiva de respeto y dignidad.
Sin embargo, y esto también lo sabemos, nombrar un derecho no significa garantizarlo. Siguen llegando relatos de mujeres que no son escuchadas, de decisiones tomadas sin información suficiente, de procedimientos realizados sin necesidad clínica real ni consentimiento, o de separaciones que dejan una huella difícil de olvidar. Por eso, esta efeméride nos invita a volver a la pregunta inicial: ¿qué sociedad queremos ser? Anhelamos una donde el respeto sea el punto de partida. Y desde El Parto es Nuestro seguimos en pie para que así sea.