Celebrando el parto en occipito posterior
Autora: Rachel Reed. Texto original: https://midwifethinking.com/2016/06/08/in-celebration-of-the-op-baby/
Publicado el 8 de junio de 2016 por MidwifeThinking Actualizado: Junio 2021
Traducido por Gracia Tortajada, socia de El Parto es Nuestro
¿Cuántas veces has escuchado “Me tuve que poner la epidural o me hicieron una cesárea/ ventosa / etc. porque mi bebé estaba colocado hacia el lado equivocado”? Una presentación occipito posterior (OP) ocurre cuando el bebé entra en la pelvis mirando hacia adelante, con su espalda hacia la espalda de la madre. La parte posterior de la cabeza del bebé se conoce como "occipucio" y está en la parte posterior de la pelvis contra el sacro. Entre el 15 y el 30% de los bebés comienzan el trabajo de parto en una posición OP, pero menos del 5% permanecerá en esta posición al nacer (Sizer & Nirmal 2000). Una presentación en posterior se asocia con más intervención médica durante el trabajo de parto: uso de oxitocina sintética; epidural; fórceps; ventosa; cesárea. En este post explicré si una posición de OP es realmente un problema, o si el problema radica en nuestras creencias y en el "manejo" de esta posición común.
Un poco de anatomía y fisiología
Supongo que las lectoras de este blog son matronas, doulas y/o fans del nacimiento que conocen la pelvis. Si no es tu caso, no importa, conocer los nombres de los huesos no va a ayudarte a entender cómo funciona la pelvis. Básicamente, la pelvis tiene una forma que requiere que el bebé rote durante el parto. Si miras en libros de texto encontrarás diagramas con las medidas de varios diámetros de la pelvis, lo cual no tiene sentido ya que la pelvis de cada mujer es diferente y no vienen en “tipos” (Betti & Manica 2018; Kuliukas at al. 2015; Tennenhouse 2018).
Me parece más útil considerar que hay 3 áreas de la pelvis: el borde, la cavidad y la salida. Estas áreas tienen formas ligeramente diferentes, como intento demostrar a continuación: el bebé generalmente entra en el borde con la cabeza principalmente hacia los lados, es decir: transversal (para adaptarse a la forma). No importa en qué dirección esté la cabeza del bebé cuando ingrese al borde: una vez que la cabeza está en la cavidad, el bebé puede girar. La presión hacia abajo de las contracciones y la tensión y la forma del suelo pélvico guiarán a la cabeza a una posición occipito anterior (OA) directa y hacia la salida. Un número muy pequeño de bebés rotará a una posición OP directa y saldrá mirando hacia el frente de la pelvis (ver más abajo).
Por lo general, el bebé tomará la rotación más corta hacia una posición de OA directa. Entonces, un bebé que ingresa a la pelvis en posición ROA (espalda = adelante / derecha) hace esto:
https://www.youtube.com/watch?v=RSCjuNUdVkQ&ab_channel=2achel
Mientras que un bebé que ingresa a la pelvis en una posición ROP (espalda = espalda / derecha) hace esto:
https://www.youtube.com/watch?v=ZV00699V9CU&ab_channel=2achel
Por supuesto, los bebés en OP y OA pueden usar este espacio de giro para hacer todo tipo de cosas interesantes, desde convertir OA en OP, hasta girar alrededor de la parte posterior de la pelvis para terminar con OA. El bebé encontrará la mejor manera de moverse a través de su madre, incluso si no lo entendemos.
Nacer en posterior (OP)
Algunos bebés nacen en la posición OP porque permanecen en esa posición o porque giran a esa posición durante el trabajo de parto (por OA). Puedes ver el nacimiento de un bebé grande en OP en "The Birth of Beau”.
Los ‘problemas’
Patrones de parto en OP
Los patrones de trabajo de parto suelen ser diferentes si el bebé está en posterior. Esta es una variación fisiológica y es perfectamente normal. Es importante comprender por qué y cómo la fisiología difiere con esta posición. Es bastante difícil para una mujer con un bebé en una posición de OA adaptarse a los patrones descritos de progreso del trabajo de parto y aún más difícil con una posición OP, particularmente con el primer bebé.
En primer lugar, es posible que un bebé que ingresa al borde (“brim” en la primera imagen) en una posición OP no se ajuste tan bien al cuello uterino y esto puede aumentar la posibilidad de variaciones como el embarazo prolongado y / o la ruptura de membranas antes del parto. El preparto puede tardar más en evolucionar a trabajo de parto, o tener paradas y arranques. Una vez en trabajo de parto intenso, es probable que el patrón de contracción de la mujer sea irregular.
Estas situaciones solo se vuelven problemáticas cuando aplicamos expectativas generalizadas sobre cómo debería ser el trabajo de parto para una mujer / bebé y una situación en particular. Se vuelve más problemático si se utilizan tactos vaginales para evaluar el progreso. Con un trabajo en OP, el fondo uterino se forma de la misma manera que con un trabajo en OA. Sin embargo, el cuello uterino no se mantiene abierto como en un bebé en OA bien flexionado. Por lo tanto, parece no abrirse si lo tocas, lo que resulta en un diagnóstico incorrecto de "falta de progreso". En cambio, esto es una falta de comprensión de la transformación del útero durante el trabajo de parto.
Así es como funciona el fondo/ cuello uterino con un bebé en OA.
https://www.youtube.com/watch?v=JoaAtz_fh3U&ab_channel=MidwifeThinking
La diferencia clave con un bebé en OP es que el cuello uterino no se mantiene abierto hasta que el bebé ingresa a la cavidad pélvica y gira (o no). El patrón común es que el cuello uterino parece no hacer mucho mientras el fondo se está formando. Luego, una vez que el bebé desciende y gira, el cuello uterino suave y elástico se levanta rápidamente. El nacimiento suele ser muy rápido una vez que esto sucede, si se ha favorecido la fisiología en lugar de interrumpirla con intervenciones para "acelerar" la apertura del cuello uterino.
Una urgencia "temprana" de pujar también es un aspecto normal del trabajo de parto en OP. A medida que el bebé OP desciende por la pelvis, la parte posterior de la cabeza ejerce presión sobre los nervios creando una necesidad de pujar. Estos pujos pueden ser la forma en que el cuerpo ayuda al bebé a rotar aumentando la presión hacia abajo sobre el cuello uterino y el suelo pélvico; el bebé puede pivotar contra esta tensión. También es común un labio cervical anterior.
Intervenciones
Intentando que los patrones del trabajo de parto (las mujeres) se ajusten a la norma
Si se utiliza la dilatación del cérvix para evaluar el progreso del trabajo de parto, es muy probable que se diagnostique "falta de progreso". La respuesta médica a esto es romper las aguas si aún están intactas. Esto reduce la cantidad de líquido alrededor del bebé, reduciendo su capacidad para rotar. El siguiente paso suele ser aumentar el trabajo de parto con oxitocina sintética que aumenta el dolor (y el uso de epidural) y la posibilidad de sufrimiento fetal.
El enfoque alternativo es utilizar intervenciones no médicas para lograr que el cuerpo de la mujer se ajuste a los parámetros de progreso institucionales no basados en evidencia científica. Las matronas, las doulas y las trabajadoras del parto a menudo intervienen con técnicas y dirigen a las mujeres a varias posiciones destinadas a lograr que el bebé gire más rápido. No hay estudios que demuestren que estas intervenciones sean efectivas para las mujeres que tienen un parto fisiológico, es decir, sin epidural (Desbriere et al. 2012).
Independientemente del tipo de intervención, médica o alternativa, las creencias / principios subyacentes son los mismos:
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OP es una mala posición que requiere intervención (el cuerpo de la mujer está mal).
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Que los cuerpos de las mujeres deben ser intervenidos para adaptarse a los plazos médicos en lugar de ignorar esos plazos.
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Que el conocimiento y las habilidades de los expertos externos son más poderosos que los instintos y el movimiento intuitivo de las mujeres.
¿Dolor?
Algunas mujeres experimentarán el dolor de manera diferente cuando su bebé esté en posición OP. Sin embargo, es difícil determinar si esta experiencia de dolor se debe a la posición del bebé o a otros factores. Un estudio de Lee, Kildea y Stapleton (2015) sobre el dolor de espalda durante el trabajo de parto concluyó: “La supuesta relación entre la posición fetal y el dolor de espalda durante el trabajo de parto es un discurso dominante, aunque carece de credibilidad empírica”. Muchas mujeres con un bebé con OA se quejan de dolor de espalda durante el trabajo de parto, mientras que muchas con un bebé con OP no. Desafortunadamente, a las mujeres se les dice que el trabajo de parto en OP es "peor" y se les cuentan historias de terror como la del inicio de este post. Dado el aspecto psicológico y emocional de la percepción del dolor, esto no puede ser útil. Cada experiencia de parto también es diferente. Cuidé a una madre durante dos partos. Su primer bebé estaba en posición OP y tuvo un patrón de inicio y parada de cuatro días antes de que se estableciera el trabajo de parto. Aparte de estar cansada, superó bien el dolor en todo momento. Su segundo bebé fue OA y el trabajo de parto se estableció rápidamente. Estaba conmocionada y angustiada por la cantidad de dolor que experimentó con su bebé con OA en comparación con su bebé OP anterior.
Las mujeres con un bebé en OP son más propensas a optar por (o ser persuadidas de pedir) una epidural. Esto no es sorprendente, considerando que se les hace creer que su trabajo de parto será más doloroso. También es más probable que se sometan a intervenciones que aumentan el dolor y el riesgo. Por ejemplo, es más probable que a una mujer con un bebé en OP le digan que su trabajo de parto es lento y se le quiera acelerar. Ambos métodos médicos de acelere, la rotura artificial de membranas y/o la oxitocina sintética, aumentan el dolor. Una vez que se pone la epidural, la capacidad del bebé para rotar a una posición de OA se reduce (Lieberman et al. 2005). La mujer es incapaz de mover instintivamente su cuerpo y trabajar con su bebé para rotarlo. Además, el suelo pélvico se anestesia y pierde su tono, quitando la resistencia que ayuda a la rotación. En esta situación (trabajo de parto no fisiológico), las intervenciones posicionales pueden ayudar a rotar al bebé (Bueno-Lopez et al. 2018).
Las inyecciones de agua estéril (en la piel de la zona lumbar) son efectivas para aliviar el dolor de espalda durante el trabajo de parto (Fogarty et al. 2008; Lee et al. 2017).
Sugerencias
Embarazo
Las mujeres suelen culparse a sí mismas de que su bebé esté en una posición OP. Cuestionan lo que hicieron (pasaron demasiado tiempo en el coche) o lo que no hicieron (fregar suelos). A menudo, el consejo que se les da prenatalmente sobre la "posición fetal óptima" implica que tienen control sobre la posición en la que se encuentra su bebé cuando no hay evidencia de investigación que respalde esta noción. De hecho, la poca investigación que se ha realizado demuestra que la cuadrupedia durante el embarazo no hace ninguna diferencia (Hunter, Hofmeyr & Kulier 2009; Kariminia et al. 2004). ¡Incluso he oído hablar de mujeres a las que se les ha dicho que su bebé ha asumido una posición OP debido a sus problemas emocionales no resueltos!
El embarazo es un momento para construir y nutrir la confianza en una mismo, para reforzar a la mujer como experta. No es el momento de desempoderarla y reforzar el miedo y la pericia externa. Los profesionales sanitarios deben:
- Reforzar la confianza de la mujer en su cuerpo y el bebé al nacer.
- Comentar la posibilidad de que su trabajo de parto sea diferente (ni mejor ni peor) y que no se ajuste a las expectativas generales sobre los patrones/progreso del trabajo de parto.
- Si quiere, puede probar una variedad de técnicas para animar al bebé a girar (aunque la investigación sugiere que puede ser ineficaz). Sin embargo, si el bebé no responde es porque ha elegido su posición óptima para el parto. El bebé conoce la forma de la pelvis de su madre mejor que cualquier proveedor de cuidados.
- Recuérdale que el bebé girará una vez que entre en la cavidad pélvica durante el trabajo de parto, o incluso puede nacer en OP.
- Cuéntale historias de partos en OP positivos y conéctala con otras mujeres que hayan experimentado trabajos de parto en OP positivos.
Parto
- Confía en la capacidad de la madre y bebé para parir/nacer.
- Proporciona un entorno en el que pueda moverse instintivamente y trabajar con su bebé para rotarlo.
- No hagas exámenes vaginales. Son ineficaces para determinar el progreso del trabajo de parto con un bebé en OA, y menos aún en OP.
- No le digas que no puje si puja espontáneamente, independientemente de la dilatación del cuello uterino (nuevamente, no hagas un tacto).
- El dolor de espalda se puede aliviar con: una posición inclinada hacia adelante (Stremler et al. 2005); agua tibia; presión sacra suave o inyecciones de agua estéril. Evita aplicar una fuerte presión sobre el sacro, ya que esto puede reducir el espacio disponible en la pelvis para la rotación.
- Si la mujer solicita ayuda o prefiere que "hagas" algo, hay una serie de técnicas que puedes utilizar para crear más espacio en la pelvis. He creado una lista aquí. Ten en cuenta que estas técnicas/posiciones tratan de aumentar el espacio en la pelvis en lugar de rotar al bebé; brindan una oportunidad en lugar de hacer que el bebé se mueva. Y son intervenciones.
- De vez en cuando, a pesar de todo, un bebé se “atasca”… y esto también les sucede a los bebés en una posición en OA. En esta situación, intervenciones más invasivas como la rotación digital (Reichman et al. 2008); un parto instrumental o una cesárea pueden ser necesarias. Sin embargo, la mayoría de las veces estas intervenciones se llevan a cabo debido a la "falta de espera" y no a un bebé realmente atascado.
En resumen
Un bebé en presentación posterior no está mal ni tiene un problema. No es causado por nada que la mujer haga o deje de hacer. En cambio, es una variación común que ocurre cuando un bebé se encuentra en la "posición óptima" para su viaje a través del cuerpo único de su madre. Después de todo, el bebé tiene más conocimiento sobre el interior de la pelvis de su madre que nosotros. Si queremos mejorar la experiencia y los resultados asociados con una posición de OP, debemos repensar nuestro enfoque. Celebremos la sabiduría del bebé en OP y permitamos que el nacimiento se desarrolle como es necesario, interviniendo solo si es realmente necesario.
Más recursos:
Pujos y Cervix – The Midwives’ Cauldron Podcast
No se trata de prestigiar a profesionales europeos o australianos. Parece que moleste que se cuestionen técnicas intervencionistas no siempre efectivas.
Me alegro que tuvieras suerte y todo saliera bien en tu casa.
Yo gracias a Dios tenía a otros especialistas que me acompañaban en el hospital y que gracias a ellos salió todo bien.
En el hospital nadie te obliga a estar tumbada, todo lo contrario. En mi caso se dio la vuelta porque me puse en diferentes posturas que ayudaron a colocarse. Pero en el momento que hubo riesgo para el niño o para mí, estaba híper controlada con ginecólogos y otros especialistas al lado y un quirófano que me respaldaba en caso de ser necesario.
El parto en casa estaba muy bien para nuestras abuelas.
Tuve un solor parto y fue asi estuve 4 dias para tener a mi hijo con mucho dolor en mi espalda mi niño pedo 8 libras y era de espaldas muy ancha. Sufrí mucho en ese parto y el niño tambié estuvo grave
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01 de septiembre de 2012
Hace 55 años
El drama de las posiciones occípito-posteriores de vértice
The Tragedy of Vertex Delivery Occipito-Posterior Positions.
Por el Dr. Eduardo Urzaiz Rodriguez*
* Reproducido de Revista yucateca de Obstetricia y Ginecología 1955;vol. IX(1).
PDF (descargar)
Cómo citar: Ginecol Obstet Mex 2012;80(9):625-629
Un gran tocólogo norteamericano, el Dr. E. Reynolds, ha dicho que no hay variedad de trabajo obstétrico en que los malos resultados ocurran con mayor frecuencia que en las posiciones posteriores de vértice. Y hay que fijarse en que esos que él llama eufemísticamente malos resultados son susceptibles de convertirse en verdaderos dramas de terminación tan trágica como los de Shakespeare.
El hecho de nacer muerto el bebé esperado con tantas y tan risueñas ilusiones, es un mal menor si la madre no ha sufrido lesión permanente; porque “en el periodo sembrado, se siembra el año que viene”. Pero si el angelito ha sido esperado durante un buen número de años y tiene probabilidades de ser primero y último; si aunque nazca vivo resulta luego idiota, inválido o epiléptico; si la madre muere también llenando de luto un hogar antes dichoso o tronchando un idilio todavía en flor; si queda condenada a arrastrar durante toda su vida la cadena de una fistula vesicovaginal, de un cistocele, de un periné desprovisto de sus elevadores y constructores, o de un esfínter sin control, no hay palabras suficientes para expresar la sotelería del cuadro ni tampoco para encarecer la necesidad de pugnar porque no se produzca.
Las terribles dificultades de un parto en posición occípito-posterior de vértice no se anuncian con el dramatismo impresionante de una placenta previa o de un ataque de eclampsia; surgen insidiosa e inesperadamente en el curso de un trabajo que se inició al parecer normal y con probabilidades de una terminación feliz.
Por eso son tan temibles y por eso eran mucho más frecuentes cuando las señoras daban a luz en sus propios domicilios; cuando todos los médicos eran además cirujanos y parteros, y cuando el especialista (relativo, pues también él hacia de todo) sólo era llamada después de que la ignorante o pretenciosa comadrona había agotado el repertorio de sus manipulaciones y diligencias.
Es cierto que todas las irregularidades y dificultades que presenta un parto en occípito-posterior de vértice, pueden ser corregidas y solucionadas por el arte; pero para ello se requiere que el que la atiende sea un verdadero especialista con un profundo conocimiento del mecanismo normal o anormal del trabajo, un clínico capaz de hacer con oportunidad un diagnóstico exacto del caso, y con una habilidad y una práctica especiales para seleccionar y llevar a cabo las maniobras indicadas según las diversas circunstancias. Habilidad y práctica que por desgracia en este ramo, no se pueden adquirir sobre un maniquí o sobre el cadáver. Es necesario además que la paciente sea atendida en un hospital o sanatorio bien equipado, y que el tocólogo haya abandonado los prejuicios conservadores y esté dispuesto a recurrir con tiempo a la moderna cirugía obstétrica.
¡Y todo porque la cabeza fetal tiene orientado el occipucio hacia el extremo posterior de un diámetro oblicuo de la pelvis, en vez de tenerlo dirigido hacia el anterior! Pero de este detalle al parecer insignificante, se origina que cada uno de los tiempos del mecanismo del parto sea especialmente difícil; parece que la naturaleza se ha complacido en amontonar las dificultades y que éstas se engranan de tal manera que cada una engendra la del tiempo siguiente.
El encajamiento de la cabeza fetal, que en la posición occípito-anterior es muy fácil, tan fácil que por lo general se verifica en las primíparas con anterioridad al inicio del trabajo, se hace difícil en la occípito-posterior por las condiciones mecánicas que resultan de la forma irregular, tanto de la cabeza fetal como del estrecho superior de la pelvis materna. Tracemos dos líneas paralelas cruzando el contorno de dicho estrecho una que llamaremos A del lado derecho del promontorio a la eminencia ileopectínea derecha, y la otra que llamaremos B, del centro de la escotadura sacro iliaca izquierda a la sínfisis del pubis. Fácil es demostrar gráficamente que cuando la cabeza atraviesa el estrecho en posición occípito-anterior, su diámetro biparietal, que es el más ancho, corresponde al gran espacio vacío marcado con la línea B. Además la flexión, tiempo complementario del encajamiento, se ha verificado ya con igual facilidad y tiende a conservarse porque la fuerza de la contracción uterina trasmitida a lo largo de la columna vertebral del niño actúa sobre el lado más corto de la palanca que representa el diámetro longitudinal de la cabeza; es decir, sobre el occipucio, y lo empuja hacia abajo.
Al contrario, en la occípito-posterior, el ancho diámetro triparietal de la cabeza tiene que pasar por la parte más angosta de la pelvis, la que hemos marcado con la línea A que algunos llaman diámetro lateral, mientras el corto diámetro bitemporal se encuentra libre en el amplio espacio vacío señalado por la línea B. Para que la parte más ancha de la cabeza franquee la más angosta de la pelvis se requiere que la desproporción entre los respectivos diámetros no sea mucha que las contracciones uterinas sean enérgicas y que la cabeza sea susceptible de disminuir su anchura por cabalgamiento de los parietales e insinuación del occipital debajo de ellos. Por otra parte, al encontrarse detenido el occipucio, el sincipucio libre tiende a descender produciendo en mayor o menor grado la deflexión o extensión de la cabeza. Como consecuencia de estas condiciones que retardan el encajamiento, la marcha del parto se caracteriza, en estos casos, por la irregularidad de los dolores y la lentitud de la dilatación del cuello uterino, lentitud que puede llegar a un verdadero estacionamiento. Este aspecto clínico del trabajo sirve hasta para sospechar la presentación occípito-posterior no diagnosticada antes.
La irregularidad de los dolores no ha sido explicada aún satisfactoriamente, pero se le considera un fenómeno reflejo o más bien un resultado del retardo de la dilatación. Hay aquí un circulo vicioso; el cuello no se dilata porque los dolores son irregulares, y éstos lo son porque el cuello no se dilata.
Ahora bien, la lentitud de la dilatación se debe sobre todo a que la cabeza mal encajada o no encajada, no tiene la excavación; el líquido amniótico fluye libremente, se forma una bolsa prominente y suele producirse la ruptura prematura de las membranas faltando la bolsa de las aguas y no aplicándose la cabeza sobre el orificio interno del cuello, su dilatación queda encomendada al solo juego de las fibras circulares y longitudinales del útero, y al fatigarse éstas por las contracciones ineficaces, se estaciona sobre todo en las primíparas. Por este cansancio del músculo uterino el estacionamiento de la dilatación puede ocurrir hasta con la bolsa íntegra.
Según sea la desproporción entre la anchura del occipucio y el diámetro lateral de la pelvis, la fuerza de las contracciones uterinas y la mayor o menor adaptabilidad de la cabeza, ocurrirán cuatro casos: La cabeza no logrará franquear el estrecho superior y quedará flotando sobre él. Detenido el occipucio la cabeza se extenderá hasta convertirse en presentación de frente y ocupando un diámetro oblicuo (por lo general el que llamamos primero) se encajará como tal. En las mismas condiciones el proceso de extensión de la cabeza continuará hasta convertirla en presentación de cara y se encajará originando una mento-anterior, lo que es una solución favorable. Por último, y éste es el caso que nos interesa en este trabajo, la cabeza logra franquear el estrecho superior, merced a un largo y doloroso trabajo sin perder la flexión: si la bolsa está ya rota se empezará a formar sobre el occipucio un enorme abultamiento serosanguíneo.
Una vez logrado el encajamiento, la cabeza ocupa uno de los diámetros oblicuos que, como ya dijimos, es por lo general el primero; viene entonces a quedar en posición occípito-derecha posterior, y aquí empieza la segunda tanda de dificultades, o sea el segundo acto del drama.
En la posición normal occípito-izquierda anterior, una vez encajada la cabeza, la rotación interna y el descenso se verifican con gran facilidad porque la distancia que el occipucio recorre en sentido horizontal para llegar a occípito-púbica, es tan sólo un octavo de círculo y es proporcional o equivalente a la que debe descender. Ambos tiempos son simultáneos o, mejor dicho, forman uno solo y en realidad el occipucio sigue una línea oblicua entre ambos puntos, y al terminar de girar, la cabeza se encuentra en el estrecho inferior directamente bajo la sínfisis del pubis, bien flexionada y lista para desprenderse por extensión.
En el caso de la cabeza encajada en occípito-derecha posterior, esa simultaneidad y este sínetonismo desaparecen porque la distancia a recorrer en sentido horizontal para que el occipucio llegue a quedar bajo el pubis es tres veces mayor que la que media entre el estrecho superior y el inferior: la cabeza tendría que descender sin girar o girar sin descender. Lo primero es imposible, dada su forma oval y la distinta orientación del diámetro mayor aprovechable en cada uno de los tres estrechos de la pelvis.
Lo segundo sí puede verificarse mediante un mecanismo especial y una deformación característica que por decirlo así, divide la cabeza en dos partes capaces de girar en sentido inverso y no descender sino después de haber terminado la rotación. Si la cabeza en occípito-derecha posterior conserva suficiente grado de flexión, el occipucio pasa el estrecho superior y tiende a colocarse debajo del promontorio en el espacio bastante amplio que le ofrece la excavación entre el sacro y el isquíon derecho, rechazando los elásticos ligamentos sacrociáticos y mientras tanto el sincipucio queda retenido por encima del estrecho, apoyando la frente contra el borde de la rama horizontal del pubis. Las contracciones uterinas y la diferencia entre la fuerza que desarrollan y la presión externa, hacen que el occipucio se alargue y que sobre él se forme un voluminoso abultamiento serosanguíneo (verdadero caput sucedáneo) de forma hemisférica. Si el útero no está agotado y continúa ocluyéndose, esta media cabeza seguirá el surco pelviano posterior derecho y pasando por occípito-derecha transversa llegará a colocarse en occípito-derecha anterior, mientras el sincipucio con la frente bien deprimida girará en sentido contrario sobre el borde superior de la pelvis. El resto de la rotación puede ya ser simultáneo con el descenso total de la cabeza, y el desprendimiento podrá verificarse como en una occípito-derecha anterior primitiva.
En las multíparas con buenos dolores y suficiente valor y resistencia para sufrirlos, este mecanismo se verifica a veces hasta con relativa rapidez y hay autores que afirman que éste ocurre con tanta frecuencia, que muchos casos pasan inadvertidos, dando la impresión de que las presentaciones occípito-posteriores son casi exclusivas de las primíparas en quienes esta evolución es excepcional. Tengo para mí que eso pudo haber sido cierto cuando las mujeres cumplían resignadas la dura sentencia bíblica; no hoy que todas, primíparas y multíparas, rehuyen el dolor y piden la anestesia desde el inicio del trabajo.
Cuando la cabeza en occípito-posterior franquea el estrecho superior mal flexionada, y el sincipucio no es bien detenido por el borde del pubis, al ocupar el diámetro oblicuo de la excavación, queda en punto muerto sin poder girar hacia adelante ni descender, por las razones ya expuestas.
Para resolver en parte este conflicto, la naturaleza emplea a veces otro mecanismo, que consiste en la rotación del occipucio hacia atrás hasta que la cabeza queda directamente anteroposterior en occípito-sacra: la flexión, entonces, no sólo se restablece, sino que se exagera. Cuando la fuerza de las contracciones es excepcionalmente poderosa, la cabeza puede llegar a desprenderse por sí sola por extensión y boca arriba; pero lo más común es que tenga que ser extraída con el forceps, operación que en este caso es muy delicada y en alto grado peligrosa para la madre y para el niño.
Expuestos ya los problemas que la posición occípito-posterior plantea en cada uno de los tiempos del parto, veamos ahora cómo los resolvían los parteros antiguos, y cómo pueden ser resueltos hoy y cómo surgía en ellos la tragedia y puede aún surgir en ocasiones.
Antaño si una cabeza en occípito-posterior no lograba encajarse después de muchas horas de inútil sufrimiento para la paciente, cuando la comadrona confesaba su incompetencia o la familia se convencía de ella y de la ineficacia de rezos o imágenes milagrosas, se llamaba al médico. Si éste diagnosticaba con exactitud el caso y quería apegarse a las indicaciones de sus clásicos, completaba la dilatación del cuello por el método de Bonaire si era necesario, e intentaba la rotación manual de la cabeza con la esperanza de lograr su encajamiento en occípito-anterior y aplicar luego un forceps alto. Esta rotación manual, que explicada en los libros parece muy fácil, no lo es tanto en el terreno de la práctica y recuerda bastante el acto de torcerle el pescuezo a un pollo, por más que se recomienda que un ayudante empuje exteriormente el hombro para que el cuerpo gire también. Fracasada esta tentativa, no le quedaba al médico otro recurso que practicar una versión podálica, fuese la paciente primípara o multípara, y cualquiera que fuesen su estado y condiciones. Otros menos teorizantes y más prácticos se iban desde luego a la versión y obtenían sin duda mejores resultados. Pero siempre las probabilidades de vida para el niño eran muy pocas, y para la madre dependían tanto de su resistencia orgánica como de la habilidad del operador. ¡La tragedia estaba siempre en potencia propincua!
Ante una cabeza en occípito-posterior no encajada, procedemos ahora de muy distinta manera, según que se trate de una primípara o de una multípara. En el primer caso, ( y más si es primípara añosa) indicamos desde luego una cesárea, porque estamos convencidos de que con las técnicas modernas y el recurso de los antibióticos, es ésta la operación más segura para el niño, y menos traumatizante para la madre. Y no nos preocupa el futuro obstétrico de la paciente, porque si no hay estrechamiento pélvico, los partos subsecuentes pueden ser perfectamente normales.
Si se trata de una multípara con buenos antecedentes obstétricos y encontramos las condiciones óptimas para la versión (bolsa íntegra o recién rota, cuello dilatado o fácilmente dilatable) practicamos esta operación. Si no existen esas condiciones, esperamos un tiempo prudente y estimulamos las contracciones con algún ocitócico para ver si se obtiene el encajamiento; pero si esto no se logra o una vez logrado el trabajo no progresa, indicamos también la cesárea. Y esta será también nuestra primera indicación, si la paciente tiene una historia de partos distócicos anteriores.
Para los casos en que una cabeza encajada en occípito-posterior no giraba espontáneamente hacia adelante o sólo lo hacía hasta quedar estacionada en occípito-transversa, por pérdida de la flexión o cansancio del músculo uterino, los especialistas de antaño tenían un vasto repertorio de recursos y encontraban oportunidad para lucir su saber y su destreza, aunque los resultados dejaban mucho que desear. Empezaban por restablecer en caso necesario, la flexión, manualmente, con el vectis o palanca o con el forceps invertido: después realizaban o intentaban realizar la rotación de la cabeza, bien con la mano o bien con el forceps. Para esta operación, los antiguos maestros empleaban el largo de Levret o el de Pajot sin tractor y recomendaban que una vez aplicado el instrumento, la rotación se hiciese de manera que el pico de las cucharas describiera un círculo mínimo y que, actuando siempre como palanca de primer género, el círculo grande lo describiesen las puntas de los mangos. Para ayudar esta rotación se aplicaron más tarde los lazos al forceps de Pajot. Prudentemente aconsejaban los maestros que esta delicada y peligrosa operación no la intentase quien no tuviese gran práctica en ella. ¿Y dónde podríamos adquirirla?
A pesar de tales precauciones, con seguridad que no fueron muchos los niños que nacieron vivos ni las madres que salieron ilesas de este duro trance. Si la cruenta maniobra descrita no tenía éxito, el partero debía optar entre una embriotomía, con el niño seguramente muerto ya, y una versión a todo riesgo pues por decoro debía solucionar el caso de cualquier manera. De los resultados vale más no hablar; mejor tendamos sobre ellos un piadoso velo.
Con la idea de facilitar esta rotación con el forceps y disminuir sus peligros, varios parteros norteamericanos han inventado diversos modelos de forceps cuyo rasgo común consiste en la supresión de la curva pelviana, de manera que puedan ser girados simplemente sobre su eje como la llave en la cerradura; los más conocidos de este tipo son el de Kielland y el de Barton.
Estos forceps rectos se recomiendan sobre todo para practicar la famosa maniobra de Scanzoni, que esencialmente consiste en hacer una aplicación sobre la cabeza en occípito-posterior, lo más perpendicular que se pueda a su diámetro longitudinal y con el borde superior de las cucharas dirigido hacia la cara del niño; hacerla girar un octavo de círculo hasta llegarla a occípito-transversa, luego sacar las ramas y volverlas a colocar en posición correcta para hacer una nueva rotación que lleve el occipucio bajo el pubis y terminar extrayendo como de ordinario.
Los doctores King, Herring y Dyer modifican la maniobra de Scanzoni haciendo de una vez la rotación del occipucio hasta llevarlo bajo el pubis como quien le da cuerda a un reloj. El forceps queda invertido; entonces retiran sólo la rama que está en el lado derecho de la madre, y la otra la deslizan sobre la cara del niño hasta volverla al lugar que le corresponde. Reintroducen la otra en posición correcta, articulan y extraen.
El doctor Oscar H. Blomm, de Brooklin, ha inventado un nuevo forceps, que además de ser recto como los ya citados, tiene un mango montado sobre un soporte circular giratorio y una barra transversal que se aplica como una lengüeta para hacer la rotación.
Todo esto es muy ingenioso, parece muy sencillo así explicarlo, y no dudo que dé muy buenos resultados en las hábiles manos de sus inventores y propagandistas; pero desde luego, estos modelos no se han hecho populares ni esas complicadas maniobras están al alcance de los prácticos generales.
Cuando en el pasado reciente uno de éstos se encontraba con una cabeza bien impactada en occípito-posterior, detenida profundamente en occípito-transversa o alojada hacia atrás bajo el sacro, era cuando el drama obstétrico alcanzaba las proporciones de la tragedia clásica. Engañado por el gran abultamiento serosanguíneo que le hacía creer que la cabeza estaba muy próxima, el médico aplicaba su forceps mediano, tamaño corriente. ¡Y ahí era el tirar y pujar y resbalar el instrumento una y cien veces, torturando en cada una el cráneo del niño!...Hasta que rendido, sudoroso y ensangrentado, el infeliz operador practicaba una versión in artículo mortis o declaraba su impotencia para que otro menos cansado viniese a practicarla y a compartir con él las hieles del fracaso. Sé de alguno que después de un trance de estos juró no volver a atender un parto en su vida.
Nuestra conducta actual es muy distinta y varía según los casos. Si en una multípara encontramos la cabeza encajada, amoldada y sólo detenida en su rotación por el cansancio del útero, intentamos reforzar las contracciones con algún ocitócico y en último caso, aplicamos nuestro forceps Tarnier, modelo americano de 16 pulgadas, con tractor de doble articulación; tirando suavemente de él sin intentar rotación alguna, ésta se produce por sí solo hacia adelante o hacia atrás. Para la extracción, hay que hacer una episiotomía doble y cuando la cabeza abombe el periné, se retira el tractor y se termina moviendo los mangos de arriba a abajo a paso de gusano. Pero si la paciente está agotada y la cabeza fetal alta y sin dar señales de girar con facilidad, indicaremos la cesárea, previa reanimación de la enferma, con plasma o transfusión.
Tratándose de una primípara, sólo en el caso de encontrar la cabeza profundamente encajada en posición occípito-sacra franca, nos arriesgaríamos a extraerla con el forceps en la forma ya expuesta. En cualquier otra etapa es que la encontramos detenida, nuestra indicación es la cesárea, porque siendo parcial el encajamiento de las occípito-posteriores, siempre es posible sacar la cabeza por arriba a cualquier altura que se encuentre.
Con esta conducta, las posibilidades del drama se hacen muy remotas.
En vez de las escenas truculentas de sangre y violencia, la aséptica altura del quirófano, los movimientos armónicos del cirujano y sus ayudantes, y por final glorioso, el clarinazo agudo del recién nacido pregonando el triunfo de la vida y la ciencia.