La erradicación de la violencia obstétrica, objetivo de la Unión Europea para la igualdad de género

Ilustración: Julia Kuo

El pasado 21 de enero el Parlamento Europeo publicó su resolución “sobre la estrategia de la Unión para la igualdad de género”, en la que hace un exhaustivo repaso de una amplia documentación institucional oficial sobre las distintas formas de discriminación, violencia y violación de los derechos de las mujeres. El compendio de resoluciones, índices, directivas, artículos e informes, entre otros, abarca un amplio espectro de ámbitos de la vida de las mujeres en los que se ha venido denunciando, desde las últimas décadas, las numerosas situaciones y contextos en los que las mujeres vemos mermados nuestros derechos fundamentales y, por ende, somos víctimas de discriminación y violencia.

Considerando todos estos ámbitos de la vida de las mujeres (laboral, sexual, familiar, político, económico, social, etc.), así como las múltiples variables de discriminación que sufrimos, la Resolución tiene en cuenta particularmente un tipo de violencia machista contra el que nosotras llevamos trabajando más de 17 años: la violencia obstétrica y ginecológica. En su apartado I de todas las consideraciones tenidas en cuenta, la Resolución alega:

“I.  Considerando que la violencia contra las mujeres en todas sus formas (física, sexual, psicológica, económica o cibernética) constituye una violación de los derechos humanos y uno de los mayores obstáculos para la consecución de la igualdad de género; que una vida sin violencia es un requisito previo para la igualdad; que la violencia de género en el ámbito sanitario, por ejemplo la violencia obstétrica y ginecológica, es una forma de violencia que solo ha salido a la luz en los últimos años, y que la violencia contra las mujeres de edad avanzada sigue sin reconocerse en gran medida; que las campañas de desinformación para socavar la igualdad de género también bloquean los avances en la cuestión de la erradicación de la violencia contra las mujeres, como se ha observado en relación con el Convenio de Estambul, lo que ha dado lugar a una oposición pública y a decisiones políticas perniciosas en algunos Estados miembros”.

Aunque tímidamente, la erradicación de la violencia obstétrica y ginecológica ya se encuentra presente en las agendas de la Unión Europea como una parte inexorable de la lucha por la igualdad, y dados los avances políticos logrados y los pasos pendientes de dar, podemos asegurar que al menos a nivel europeo, no hay paso atrás contra este tipo de violencia machista.

Los agentes presentes en la atención institucional a la salud reproductiva de las mujeres se ven directamente interpelados entre las observaciones generales, en las que se “reitera la necesidad de mantener un intercambio regular de mejores prácticas entre los Estados miembros, la Comisión y las partes interesadas clave” (observación general nº110).

El incesante trabajo de asociaciones como El Parto es Nuestro va poco a poco dando sus frutos, y los detractores del feminismo que hoy no tienen argumentos para defender que el machismo no existe, o que la violencia no tiene género, serán incapaces de refutar, en un futuro, la existencia generalizada de la violencia obstétrica en el contexto de atención sanitaria al embarazo, el parto y el puerperio.

Nos complace también compartir que esta Resolución reconoce, asimismo, la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler como violaciones de derechos humanos, causas por las que nuestra asociación también se ha posicionado.

Todavía queda mucho trabajo por delante, pero cada vez son más los organismos oficiales que avalan el derecho de las mujeres a ser tratadas con dignidad y respeto durante sus partos, así como el derecho a la soberanía y autonomía sobre sus propios cuerpos y procesos reproductivos, y a su capacidad de decisión. Quien no asuma que, independientemente del recorrido de estos objetivos, ésta es una lucha que las mujeres tenemos ganada, y que solo es cuestión de tiempo que comiencen a aplicarse políticas que garanticen una atención digna en el parto, está condenado a la obsolescencia profesional y al estigma social, al igual que se ha conseguido hacer con los maltratadores después de muchos años de lucha contra la violencia doméstica.

Aún nos queda seguir recordando al Parlamento Europeo y al resto de instituciones políticas y sanitarias cuáles son aquellas prácticas directas o simbólicas, físicas o verbales, que son constitutivas de violencia obstétrica, pero para ello seguiremos trabajando sin descanso cada día, cada semana, cada mes y cada año, hasta que no quede ni una sola mujer que sea tratada con condescendencia, humillación o infantilismo en la atención sanitaria a sus procesos reproductivos.

Accede a la Resolución: https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-9-2021-0025_ES.html?fbclid=IwAR085Xul-dm4CEBMEeVG91i4W2IQhbq0SH1mxEgdbFexHruKbVRn2BGDhaU

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