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Morir solo o sola. Parir sola.

Ahora, en plena pandemia, se muere solo. Alguien lo decidió y ahora parece que “toca morir solo”. Y también en muchos hospitales “toca parir sola”.

Me imagino a mi hijo o mi madre muriéndose solos y mi cuerpo se convierte en un nudo.

Parece que el acompañamiento estos días se ha convertido en algo caprichoso. Algo supérfluo del que se puede prescindir fácilmente.

Por la pandemia, por la saturación en los hospitales, por la falta de perspectiva.

La muerte, el parto y el nacimiento son grandes transiciones vitales, y el acompañamiento durante estos procesos es algo vital también.

Y no se trata de comparar, o decir que el derecho a acompañamiento durante el parto está por encima de todo. Pero se nos dice que ahora nos toca callar “porque hay muchas personas que se tienen que morir solos”.

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Por Antonio Granadilla y Amanda Sánchez

ESTOY. TE VEO. CONFÍO Y TE QUIERO. EL ACOMPAÑANTE CONTRA LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA.

Ayer mismo nos hablábamos despacio y con mimo, curándonos una vez más las heridas que sufrimos en el parto de nuestra primera hija. No solo la violencia de los sanitarios nos dañó, que ya fue bastante, sino que también nosotros nos hicimos daño con los miedos personales que, a cada uno por su lado, nos mantuvieron secuestrados. Separados. Enfrentados. Asustados. Y solos.

Hoy, siete años más tarde, podemos hablar sobre esto con cierta normalidad.

Fue un golpe duro. A nivel personal. A nivel de pareja. Y por ende, a nivel familiar. Sabemos que es una herida de cicatriz profunda. Y a día de hoy continuamos curándola con cariño y paciencia.

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[Imagen: fuente: Sophia´s special deliveries: http://sophiabirth.com]

En un segundo plano, pero están ahí para nosotras. Muchas veces no son conscientes de cuánto les necesitamos o de lo mucho que nos ayudan. Muchas veces, nosotras tampoco lo somos.

Porque nos acompañan entre contracciones, porque nos dejan estrujarles la mano cuando alguna es especialmente dura, por sus masajes (algunos más expertos que otros), por sus palabras de apoyo, por su paciencia, por esperar con ilusión y alegría el momento cumbre. Por saber cuándo estar y cuándo desaparecer. Por todo eso y tantas otras cosas, hoy queremos dar queremos dar las gracias a las personas que nos acompañan en nuestros partos, que nos cuidan y nos aman.

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