799. PVDC en la pandemia

Sobre: 
Parir en tiempos Covid-19
Parto Vaginal (PV)
Parto después de Cesárea (PVDC)
Reclamación / Agradecimiento
Categoría: 
Parto
Lugar de parto: 
Hospital Vinalopó de Elche
Lugar: 
Elche
Año: 
2020

Estaba de 40+1. Me desperté de madrugada y sentí un dolor punzante en la zona de los ovarios, estaba incómoda tumbada, me giré hacia el otro lado y me dio otra vez, así que decidí levantarme. Eran las 5 am. No era nada parecido a las contracciones de mi primer parto, que empezaron como olas suaves y fueron intensificándose poco a poco. Durante unos minutos caminé a oscuras respirando, las contracciones eran cada 3-4 minutos.

Llevaba con pródromos muy frecuentes desde la semana 34 (amenaza de parto prematuro y 2 semanas de progesterona y reposo), pero estas contracciones ya eran de parto. Sobre las 5:30 me entraron ganas de hacer caca, me senté en el váter y empecé a sudar y quitarme toda la ropa mientras mi intestino se vaciaba para dejar espacio para el paso del bebé. Sabía que era el día y el momento se acercaba. Me había estado preparando para un parto vaginal después de cesárea durante todo el embarazo: leí decenas de relatos de parto, acudí a reuniones locales de El Parto es Nuestro y leí bastantes libros sobre parto natural. Esta vez quería un parto sin epidural, ya que mi anterior cesárea fue porque el bebé venía con la cabeza deflexionada y no llegó a encajarse (cosa que achaco al uso de epidural y la falta de movimiento y de acompañamiento correcto por parte del matrón que me tocó).

Esta vez necesitaba sentir todo y colaborar con mi bebé. Las contracciones eran fuertes y yo las sobrellevaba diciendo aaaaaaahhhhh mientras duraban. Sobre las 6 am ya no podía ni pasear, necesitaba estar sentada en el wc y no era capaz de llevar la cuenta, así que desperté a mi pareja y me confirmó que eran cada 2 minutos. Después de una hora así, y aunque no duraban más de 40 segundos, sentí que era el momento de ir al hospital.

Seguía con ganas de hacer caca y sabía que era una señal de que estaba en fase expulsiva, pero me había costado hacerme a la idea, ya que todo iba tan rápido. A las 7:15 llegamos al hospital. En esas fechas no dejaban pasar acompañantes por el covid19, así que, si no estaba de parto activo mi idea era volver a casa. Al hacerme un tacto la matrona no me lo podía creer, ¡estaba en dilatación completa!  La pobre tuvo que correr para cogerme una vía y hacerme análisis (no era mi hospital de referencia y lo elegí por hacer dilatación, expulsivo y piel con piel en la misma habitación).

Estuve un rato de pie meneando las caderas y empujando como me pedía el cuerpo, además de seguir con mi aaaahhhhhh. A las 8 h cambio de turno y me confirman que al bebé sólo le queda por bajar un plano, ¡guau, la cosa está avanzando y mi bebé baja! Paso un rato empujando en la silla de partos y termino de rodillas en la cama con la cabeza apoyada en el respaldo, y agarrada a él con tal fuerza mientras pujo, que después pienso de la que se ha librado la mano de mi pareja al no poder estar conmigo. El matrón durante el proceso va diciendo frases como: “tú grita todo lo que quieras”, “ponte como quieras, que yo atiendo partos en cualquier postura”, que me confirman que elegí parir en el lugar correcto y me animan a seguir confiando en mi cuerpo. Y la auxiliar es un amor de mujer, con su voz suave y cariñosa, que me va ofreciendo agua con frecuencia y se ofrece como fotógrafa oficial, haciendo fotos en momentos preciosos, cuando a mí ni se me había pasado por la cabeza y que son el mejor recuerdo.

Cuando el bebé estaba coronando me animaron a tocar la cabecita ¡ya quedaba muy poco! Sentí cómo mi periné se iba abriendo, un aro de fuego muy suave (dentro de la intensidad del momento). Noté cómo el matrón sujetaba la cabeza del bebé para que no saliera demasiado deprisa y evitar/minimizar el desgarro. Después noté cómo salió la cabeza y en el siguiente pujo el cuerpo. 9:08 am. Miré hacia abajo y allí estaba su cuerpecito: en seguida respiró y lloró un poco. Me di la vuelta y lo pusieron sobre mí. El momento que tanto ansiaba y que no pude disfrutar con mi primer hijo.

El matrón parecía que me leía el pensamiento: ¿pinzamiento tardío? Sí ¿Quieres cortar tú el cordón? Sí ¿Lactancia materna? Sí. Mi auxiliar/fotógrafa oficial me sugirió una videollamada con mi pareja y así él y nuestro hijo de 4 años vieron por primera vez al peque (luego en planta si pudo acompañarnos el papá). Fue una experiencia brutal. Mi parto soñado y sanador. ¡Y todo pasó tan rápido!

Esto fue el 1 de abril, en el momento más álgido de incidencia del coronavirus. No puedo imaginar cómo lo pasaron las mujeres que tuvieron estar solas durante las muchas horas de dilatación y expulsivo de otros partos, o el momento de decisión de una cesárea de urgencia. Yo sólo puedo dar las gracias al personal que me atendió, que me hizo sentirme cuidada, respetada e informada en todo momento, a El Parto es Nuestro por su web y el grupo de Facebook, a todas las que participáis en él y el apoyo incalculable que eso supone y a Marian, organizadora de las reuniones en mi ciudad. Un recuerdo maravilloso para siempre gracias a vosotr@s.