303. Mi segundo parto vaginal después de 2 cesáreas.

Sobre: 
PV después de Cesárea (PVDC)
PV después de 2 o más Cesáreas (PVDnC)
Categoría: 
Parto
Posparto
Nombre padres: 
Judith
Nombre bebé: 
Queralt
Lugar de parto: 
Casa
Año: 
2011
Aquí va, como es tradición en El Parto es Nuestro y en CN (Crianza Natural), el relato del parto de Queralt. Todavía no lo he distribuido a la lista, esperando que vosotros fuerais los primeros en leerlo. Quiero compartirlo, porque de este modo quiero contribuir a la causa de normalizar los partos humanizados, el poder de decisión de las mujeres en la crianza, embarazo y parto, y gritar a todo el mundo que tras cesarea se puede optar a un parto "normal". Con todo mi cariño, aquí tenéis nuestra historia.
 
El embarazo de cada uno de mis cuatro hijos ha sido distinto, vividos de una manera única como únicos son mis cuatro soles. Cuando la llamada de la maternidad volvió a llamar a mi corazón, y después de hablarlo mucho con mi marido, nos lanzamos a la búsqueda de este nuevo hijo, casi sin meditarlo ni pensarlo profundamente, y lo perdimos. Este hecho causó una profunda tristeza y más aún cuando después de la pérdida tardamos unos meses en conseguir de nuevo un embarazo, pero reafirmó nuestras ganas de augmentar la familia, haciendo que cada mes que pasaba lo deseáramos todavía con muchas más ganas y más conscientemente.
 
En este contexto apareció nuestro ansiado positivo, y aquí empezaron los temores y los miedos a que algo volviera a salir mal. Este embarazo debía ser el que nos colmara de felicidad , la despedida de nuestra maternidad-paternidad y debía ser maravilloso y no lo estaba siendo. La primera eco la vivimos con mucho temor, hasta que vimos que tenía latido y la de la semana 12 no la vivimos mucho mas calmados. No fue hasta la semana 20 que respiré un poco más tranquila pero el hecho más significativo fue tener listo el tema del parto.
 
A las 10 semanas aproximadamente llamé a Inma pensando por un lado que todavía era demasiado pronto para hablar de con quien llevaríamos el parto, por que todavía las cosas podrían torcerse, pero por otro lado pensaba que a esas alturas ya tendría el mes de junio lleno. Para mi gran sorpresa, Inma podía atendernos y aunque insegura todavía por la incertidumbre a cerca de que el embarazo siguiera con éxito, en ese momento supe que todo iría bien. Con Inma disponible, eso era una señal del destino! En la primera visita, me dio la cartilla de salud y los papeles para el registro y escuchamos juntas el corazón del bb, con mucho interés para que yo me creyera que si! Que esta vez mi embarazo seguiría saludablemente adelante y que todo iba a ir bien
 
Pasaron las semanas y cada visita de ella era una re-afirmación de que no era un sueño lo que estaba viviendo. Era algo sumamente extraño todo en si: mi marido trabajando muy lejos, yo sola a cargo de mis dos nenes y mi hija, todavía trabajando y un embarazo... en medio de todo esto, Inma con sus palabras cariñosas y sus conversaciones té en mano, horas de palabras y de historias sobre partos maravillosos que atendía, la espera de Anahi con su PVD3C... Hablamos y hablamos mucho, sobre mi situación: sin mi marido, yo cargaba con más trabajo del que era deseable, debía cogerme la baja no después de la semana 30, debía tomarme las cosas con más calma. Mi miedo era no llegar a la semana 34, mínimo para poder llevar a cabo el parto en casa, y el suyo que ella no llegara a tiempo para mi parto porque temía que fuera demasiado rápido.
 
Al estar sola tenía la necesidad de tener pensado las máximas posibles situaciones en las que se podía desencadenar y lo que estaba claro es que de ponerme de parto y no estar mi marido (el vendría para la semana 38) debía contar con alguien que me acompañara, así que se lo pedí a dos amigas, una de ellas ya había tenido su parto en casa y es toda una experta y la otra había sido recientemente madre y muy en la onda de la crianza natural. Ambas habían vivido mi PVD2C desde la búsqueda y se habían emocionado mucho con el parto de mi niña, así que no dudé ni un segundo que de no estar mi marido, ellas debían estar conmigo.
 
Quedamos que la lista de cosas necesarias para el parto nos la repartiríamos y que en la semana 34 quedaríamos para ponerla en común. Yo para entonces ya lo tenía dispuesto todo, así que aunque ellas ya conocen mi casa, hablamos mucho del día del parto, de como yo había preparado lo necesario, que hacer con los niños, que me molestaría o que probablemente querría y de esta manera, pasamos unos ratos estupendos, soñando con el día D, felices por que llegara el momento.
 
Para la semana 35 mi ciática hizo aparición y mi marido todavía no podía venirse, así que pedí a mi madre que viniera a casa. Fueron días inolvidables, de largos desayunos llenos de conversaciones, y preciados silencios compartiendo descanso las dos, a la sombra de un sol brillante que hacía sospechar un junio caluroso. Mi madre no sabía por aquel entonces mis intenciones pero me conoce y sabe que con mi niña ya quería parir en casa, por lo que en la primera ocasión que tubo para hablar del tema, no le asombró nada que se lo confirmara . Había llevado todo el embarazo con el tema del parto muy reservado, sólo para aquellas personas que entendían nuestros motivos para parir en casa, y a mi madre no le quería decir nada hasta el último momento, por si tenía miedos y los quisiera compartir conmigo.... Cuando por fin lo hablamos, me quité un gran peso de encima y me sentí feliz, ya solo esperando el momento del parto, porque todo estaba listo.... Bueno, todo no! Mi marido llegaba el 3 de junio, a las 38 semanas, así que todavía faltaban unos días de espera....
 
El dia 30 de mayo, lunes, Inma estaba en un parto largo, asi que la visita semanal nos la hizo Ma. Jesús. Esta visita era ya de “las importantes”, puesto que estaría mi madre presente y podríamos hablar de sus miedos, del parto en casa... de muchos detalles. Ma Jesús escuchó a mi madre, sus preocupaciones, que no eran otras que verse ella sola atendiendo mi parto. Recuerdo que Ma Jesús la tranquilizó mucho diciendo que esperaría a mi marido a ponerme de parto y que de no ser así, si todo iba muy rápido y nos pillaba a las dos solas sin tiempo para que llegaran ellas, sería porque el parto era tan estupendo que ella sola podría atenderlo....Mi madre se quedó más segura de la situación y de si misma pero no podía dejar de imaginarse atendiéndome ella sola porque la nena venía rápido …
 
Esa noche cenamos y acosté a los nenes como cada noche, a la misma hora, con la misma brisa rondando por casa. La nena se movía mucho, claramente me clavaba su cabecita en la zona baja, empujando y recuerdo que le comemté a mi madre que de seguir así me rompería la bolsa (mi mayor temor durante todo el segundo y tercer trimestre era romper aguas sin estar de parto). Lo dije no en broma, pero tampoco en serio, y seguí barriendo y ordenando el comedor, como siempre hacia antes de acostarme, desde hacia ya semanas... Mi madre siempre me regañaba cariñosamente a cerca de esa extraña necesidad diaria de dejar la casa impoluta cada noche y yo siempre le repetía que, de ponerme de parto esa noche, quería tener la casa lista para ello... y es que a veces sabemos cosas sin saber bien porque..
..
Como la nena seguía empujando con mucha fuerza, me pusiera como me pusiera, decidí acostarme y como siempre, llamé a mi marido, ya que en Brasil acababa de salir del trabajo (hay una diferencia horaria de 5 horas de menos)... A cuatro días de su vuelta, le volví a repetir medio en serio, medio sabiendo que no podía ser, que lo necesitaba a mi lado, que se viniera ya, que que pasaría si rompía aguas y el no estaba, y me comentó que de tener que venirse de urgencia, aquella noche era la adecuada, porque había vuelo y que si no, ya hasta ese viernes no podria venir. Le di las buenas noches y me dispuse a dormir. Eran las 23:00.
 
31 de mayo, 02:00 a.m
 
Como dormía de lado, me dolía la ciática y los riñones por el sobrepeso de mi barriga, cada cierto tiempo me giraba, no sin un gran sobreesfuerzo y cuidado para no lastimarme más la espalda, rodeada de cojines, con mis hijos al lado, como cada noche, ... en esas estaba yo cuando de repente, al hacer el gesto de levantar un poco los riñones para pasar la pierna hacia el otro lado, noté un líquido caliente entre mis piernas.... Ups! Pensé... he roto aguas? Me moví un poco más y seguía saliendo... si que si!!! por primera vez en 4 embarazos, había roto aguas! No podía creérmelo y a la vez era como si siempre lo hubiera sabido... Sin apenas moverme mucho, cogí el teléfono, llamé a mi marido, que me respondió desde un restaurante con mucho alboroto... allí eran casi las 22:00 y estaba tranquilamente cenando... Me respondió con una voz alegre y fuerte, un hola! Que tal! A lo que respondí, “cariño, he roto aguas y no lo he hecho a propósito”, con una voz entre infantil, ilusionada, nerviosa e incrédula, como si no lo estuviera diciendo de mi.... La cara que debió poner tubo de ser espectacular, porque su compañero de mesa solo pudo decirle “que? Al hotel??” y allí empezó su odisea para conseguir billete para el vuelo de esa madrugada, hacer maleta y llegar al embarque a tiempo....
 
Al colgar, llamé a Inma. Estaba saliendo de la ducha, eran las 02:15 y llevaba dos días en un parto, agotada. Le comenté que había roto aguas pero que de momento no tenía contracciones. Me comentó que si quería, había métodos para retener el parto, por si quería esperar a mi marido y a ella darle unas horas para poder descansar, porque necesitaba al menos ese tiempo para dormir y reponerse. Le contesté que no quería interferir en el proceso en ningún sentido, así que después de asearme, me echaría en la cama y a la mañana siguiente nos llamaríamos para saber como iba el asunto.
 
 
03:00 a.m
 
Después de cambiarme (mira que preparé un montón de por si a casos, y no pensé en la posibilidad de romper aguas de noche) como pude (en mi baño no tenía compresas absorbentes! Y a cada paso que daba, el líquido salia a borbotones de entre mis piernas, claro y caliente, dulzón... Llegué como pude a la habitación donde descansaba mi madre, que dormía tranquilamente, y suavemente la desperté con un “Mama, he trencat aigues, però no estic de part!” (he roto aguas pero no estoy de parto) se sobresaltó tanto, despertando de su profundo sueño con esas palabras que yo no pude evitar reír nerviosamente, con lo cómico de la situación... pero como no tenia contracciones, ni yo misma creía que había llegado el momento, le dije que no se preocupara, que se lo decía para que lo supiera, pero que me iba a volver a la cama y que con Inma ya nos veríamos al día siguiente. Así que yo regresé a la cama, donde dormían mis tres hijos, y ella ya no pudo dormir más :P
 
3:15 a.m
 
Noté lo que parece una pequeña contracción, pero intento dormir y no estar pendientes de ellas. Al cabo de 5 minutos, otra, y a los 4 otra... No sabía que hacer, pero empiezo a pensar que se inicia el pre-parto y que muchas horas de bolsa rota no voy a tener. Me alegro, soy feliz, pero no se que hacer, porque a ese paso mi marido no podrá acompañarme (son unas 10 horas de vuelo, más las que le faltaban para coger el avión...) así que dudo en si llamar a mis doulas o no (una de ellas, embarazada de gemelos, en el primer trimestre y no quería molestarla para nada si al final no estaba de parto)
 
03:30 a.m
 
Envío un sms a mis amigas sólo informando de que he roto aguas pero no recibo respuesta (están durmiendo, claro).
Llamo al móvil a una de ellas, sin éxito y a la otra, con el mismo resultado. Las contracciones van siendo más fuertes y me decido a llamar al fijo a una de ellas, para saber su opinión sobre la evolución de la situación y compartir la decisión a tomar. Ella parió en casa así que me convenzo que de despertarla a esa hora su opinión me es necesaria.
Le cuento que hace una hora he roto aguas y ella inmediatamente se pone en modo “asistencia parto plan B” así que se prepara para venirse a casa, aunque no sabemos si va a evolucionar o no, piensa que necesito compañía por si a caso... y cuanta razón tiene.
 
04:15 a.m
 
Como tiene llaves de casa, entra y se prepara para el parto y empieza a disponerlo todo. Viene a mi habitación para evaluar como estoy y le comento que ya no puedo estar más en la cama. Las contracciones no las llevo bien acostada y con los nenes a mi lado, que se pueden despertar en cualquier momento, me siento incómoda.
 
Me ayuda a levantarme y a asearme y bajamos al comedor, donde me pongo de rodillas apoyándome en el sofá, a oscuras, sólo con una pequeña lucecita azul, que refleja en la pared como si estuviéramos en una piscina, todo lo demás a oscuras y en silencio... AL ir al baño, sigo perdiendo líquido, pero ya acompañado de mucosidad. Pienso, bien! Estoy empezando a borrar y a dilatar!! aunque ya el dolor es significativo... Charlamos un poco, entre contracción y contracción, y me permito un momento de debilidad, comentándole que ya le vale a mi marido perderse el momento! Que no va a llegar y que yo lo necesitaba a mi lado... después de mis lamentos al respecto, le prometo no volver a pensar en este tema y disfrutar del momento, de entrar en el planeta parto y disfrutar de él, tal y como hemos hablado tantas y tantas veces.... Ella se acuesta a mi lado en el sofá, y yo empiezo mis ohmmms, no antes sin pedirle que deje sus zapatillas y se coja mis chanclas, porque su ruido me molesta mucho … ahora lo pienso y que absurdo! Pero me molestaban horrores...
 
Ella descansa, no se cuanto rato, porque pasado un tiempo me doy cuenta de que se ha levantado. Tiene los móviles (el mío) en la mano, y me comenta que mi marido está ya en la cola del embarque en lo que ha sido el más rápido de toda su vida... “Está en camino”, me comenta, y ella le responde que no se preocupe, que ella está conmigo y que todo está dispuesto... Al poco, le envía un sms a Inma, sobre las 6 de la mañana, comentándole que tengo contracciones cada 2 minutos y que sólo jadeo, no hablo, pero que ella cree que todavía no estoy de parto... Inma se pone en guardia, porque piensa que no va a llegar y llama a Ma Jesus para ir volando a mi casa. Yo sigo con mis aaaaaaaaaaaa, oooooooooooooo, aaaaaaaaa, moviendo mi cuerpo adelante y atrás, de rodillas, en el suelo, apoyada en el sofá... ojos cerrados, sólo me percato de que Mercè ha empezado a poner empapadores debajo de mis piernas...pienso, que para que lo hace, si todavía queda mucho, pero no lo cuestiono, porque ella me guía, decide, reacciona...
 
Empiezo a intuir luz por la puerta del comedor, señal de que se hace de día, deben ser las 7, pienso, y al poco oigo ruido de movimiento... No se si fueron primero las de Inma y Ma Jesus, o el ruido característico de mis suegros cuando llegan a mi casa, no oigo sus voces, pero creo que los nenes se van. No tenía claro si quería que estuvieran o no en el parto, pero en ese momento supe que lo mejor era que marcharan al cole como cada día.
 
Inma me puso en la silla de partos, y se sentó en el sofá, rodeándome con sus brazos, acompañámdome con cada contracción. Hacía el papel de mi marido, y al principio me sentí extraña, volví a sentir soledad, como si fuera una huérfana a la que tuvieran que proteger, pero saqué de mi cabeza esa idea rápidamente, para que no fuera el caso que me afectara a la dinámica. Pensé que tenía a mis mejores amigas, a Inma y a Ma Jesus a mi lado, velando por nosotras, así que iba a disfrutar de esa situación, tal y como se presentaba, de la mejor manera que pudiera.
 
Inma se puso delante de mi y Ma Jesus la relevó. Tomó algunas fotos para mi recuerdo, y en ese momento, siendo consciente de que estaban las dos allí por mi, empecé a controlar el dolor de otra manera... cuando venía una contracción, la interiorizaba, no hablaba, no hacía mantras, sólo gemía, pero podía llevar mejor el momento. Este cambio en mi comportamiento hizo dudar a Inma, que me pedía que si quería empujar, lo hiciera, pero yo no tenía ganas! Y pensé, porque me pide esto? Si no ha llegado el momento... pero no podía hablar, iba a lo mío. Inma colocaba el doppler en mi pubis, y eso me molestaba, me desconcentraba... es extraño, porque siempre deseaba oir el corazón de la beba, pero durante el parto me era molesto. Estuvimos unos minutos así, hasta que Inma comentó en voz alta que no le cuadraba y que íbamos a hacer un tacto. Me eché en el sofá, debidamente cubierto ya por los protectores, me pusieron cojines para que estuviera más cómoda, y constató que estaba ni más ni menos que de 3cm! Horror! Con lo dolorosas que estaban siendo las contracciones y todavía en 3!!! pensé... pero a Inma no le preocupaba eso, si no que la nena tenía el latido muy bajo durante las contracciones y que en expulsivo si es normal, pero que de 3 cm no, así que quizás tendríamos que evaluar la posibilidad de trasladarnos al hospital... A mi me pareció en aquel momento ni bien, ni mal, como si no fuera conmigo, la verdad, bastante tenía yo con soportar el dolor brutal que suponía cada contracción (para nada estaba siendo el parto soñado, ni se parecía en nada al de mi hija, todo era mucho más fuerte, más doloroso, no me daba tiempo a poner la música para relajarme, como hice con Ïa, y todo estaba yendo muy despacio y rápido a la vez).
 
Inma me sugirió echarme un poco para poder descansar... llevaba muchas horas sin dormir, con contracciones fuertes que había sobrellevado de rodillas... me dolían las piernas, los riñones, tenía sueño. Me preocupaba que echada las contracciones se pararan, pero ella me comentó que si estaba de parto, seguiría dilatando, a un ritmo no tan fuerte, y que podría dormir entre contracciones, así que me pareció buena idea... Probamos varias posturas a ver si el latido de la nena mejoraba y constatamos que si me acostaba del lado derecho, el latido era perfecto incluso durante la contracción (después pudimos comprobar que la nena tenía cogido el cordón con su mano izquierda, apretándolo contra su cabeza, y que si me ponía del lado derecho, este no estaba presionado y la nena lo llevaba mejor), así que me dispuse a dormir lo que pudiera, mientras me colocaban el cojín de huesos de cereza, calentito, en los riñones. Allí, con los ojos cerrados, sólo intentaba dormir, y cuando notaba que subía una contracción, la negaba, a ver si de esa manera se marchaba y podía seguir durmiendo, así que ni gemía, sólo respiraba profundamente cuando me daba una, cada 6 minutos aproximadamente.
 
Me notaba acompañada por alguien, no hacía ruido, estaba sentada en una silla, observando y vigilando, sin tocarme, sin hablarme, sólo estaba. No se exactamente cuando fue, ni cuanto tiempo llevaba así, cuando Inma me susurró que quizás inconscientemente estaba esperando a que llegara Raül y que si prefería se marchaba a casa a dormir y que ya volvería más tarde o por de lo contrario si prefería que descansara en casa. La idea de tener a Inma lejos me pareció muy mal! La necesitaba allí porque yo no tenía intención de tardar en parir! Ella me daba seguridad! Si ella se iba, era como si el parto no fuera a desarrollarse! Como si no hubiera llegado el momento, pero era el día, sólo necesitaba encontrar fuerzas para continuar con el proceso. Me comentó que que prefería yo: parir o descansar, y yo le contesté que las dos cosas, claro está, que no podía ser :) así que le contesté, como con resignación, que parir.
 
En aquel momento, empecé a dejar fluir las contracciones, consciente de que iban a ser dolorosas. Aún echada en el sofá, tenía la mano de Ma Jesus y la de Inma cogidas, y las apretaba a cada contracción. Recuperé los gritos, cada vez más fuertes, que llamaron la atención de mis amigas, que se presentaron en el comedor para echar una mano. Mercè iba y venía, adelantándose a las peticiones de Inma, fue ella quien me sugirió que me levantara, para que la gravedad me ayudara a bajar a la nena. Horror! Levantarse! Pero si me muerooooooooooooo! Sólo podía decir eso cada vez que venía el dolor... no podía estar de pié, me sentaba entre contracciones en la silla de partos, no podía ni ir al baño, no podía andar, pero cuando me daba una tenía que levantarme! Y alzaba los brazos, como una niña pequeña, para que alguien me alzara y poderme colgar de su cuello... Tenía a las cuatro a mi alrededor, turnándose para que me pudiera colgar de ellas: Me muero! Que daño!!! sólo podía decir, pero Inma me decía que no me moría, que daba vida! Que ya faltaba menos! Y yo sólo visualizaba a mi hija saliendo, porque recordaba que con Ïa cuando salió su cuerpecito, el dolor desapareció, y yo ya llevaba horas con un dolor agotador, así que sólo decía “Decidme que le veis la cabeza!” o “Si le veis la cabeza, estiradla!!” cosas que ahora pensándolas me parecen cómicas, movida por la desesperación, le pedía a Inma que me diera algo para el dolor! Y yo aunque tenía los ojos cerrados, imaginaba a Inma con una cara de “y que quieres que te dé? Como no sea un golpe en la cabeza... “ Así estuve como aproximadamente dos horas, hasta que Mercé me dijo que se estaba abriendo e Inma pidió un espejo para mirar si se veía la cabecita... “tus hijos son pelones?” preguntó... dando a entender que ya la veía... pero las contracciones se sucedían (incluso en una de ellas llegué a colgarme literalmente, levantando hasta las piernas! del cuello de Pilu, que suerte que es fuerte, porque supongo que en ese momento debió acordarse de que mi marido no estaba y que ella lo suplía :P) y parecía que no avanzábamos, así que Inma me sugirió un tacto. Cuando acabó la contracción, me eché en el sofá, y pudo confirmar que al tener ganas de empujar antes de estar dilatada por completo, mi cérvix había quedado pellizcado y estaba impidiendo el avance de la beba, de manera que si queríamos acelerar un poco la situación me sugería que con la siguiente contracción Inma lo apartaría, lo cual me pareció genial y realizó con mucho cariño, parando cuando yo se lo pedía.
 
Una vez el cérvix pasó a segundo plano, el parto ya podía proseguir, la nena asomaba! Pero yo me quedé allí tumbada (un parto en casa, y tumbada!), no quería ni oir hablar de levantarme! Así que me pusieron cojines en la espalda para incorporarme y yo pedí que llamaran a mi madre... Había preferido que no estuviera en la dilatación, pero en aquel momento la necesité.
 
Entró y se puso detrás de mi, cogiéndome yo a sus brazos, hicimos fuerza las dos mientras mis amigas me gritaban emocionadas que ya la veían asomarse! Inma pedía una linterna a la vez que me cuidaba el periné porque yo al notar el peso de la cabeza en el trasero, empecé a empujar muy fuerte para que saliera...No recuerdo notar el aro de fuego esta vez tampoco, pero si notar como la fuerza de su cabeza subia del ano hacia arriba! Todas se emocionaban y yo pensaba que era una película que no protagonizaba yo, pero Inma me preguntó que si quería sacarla yo, a lo que, como en el parto de Ïa, respondí que no, por miedo a despertar del sueño y volver a una realidad en la que no paría mi hija... pero Inma sabía que yo si quería hacerlo, así que me cogió las manos y me hizo agarrar a la nena para acabar sacándola! Fue algo maravilloso! Estaba pegajosa, de un color azulado. Me la quise poner al pecho y todas me ayudaron a sacarme el camisón, (que como no estaba previsto el parto no era muy adecuado para poner y sacar con facilidad)... Eran las 12:20.
 
Una vez estuvimos cuerpo con cuerpo, Inma me hizo comprobar como latía el cordón todavía. Era duro, pero se notaba el pulso perfectamente. Mientras todavía estábamos emocionadas, mirando a la pequeña por primera vez, llorando, riendo... el cordón dejó de latir así que Inma propuso cortarlo. Quien mejor para ello que mi madre? Así que ella no lo pensó dos veces y se dispuso a seguir las instrucciones de Inma y a la voz de “Queda inaugurada esta niña” lo cortó! Fue un momento mágico! El dolor ya no estaba y yo tenía a una pequeña personita mirándome con sus ojillos, con una vocecita ronca, aún expulsando líquido por la nariz. Su piel estaba recubierta por vérnix y su pelo estaba totalmente pegado como si le hubiéramos puesto gomina.
 
A los pocos minutos, casi inmediatamente después de cortar el cordón, la placenta salió, precedida de una pequeña hemorragia que en un principio puso en alerta a Inma, pero que luego no fue a más. Pudo comprobar que había unos pequeños desgarros, que yo creo que no fueron más importantes por el cariño y el cuidado que puso en este empeño. Le pedí que no los cosiera y ella después de limpiar la zona aceptó, no a cambio de prometer que no separaría las rodillas en los próximos días, quizás en una semana incluso.
 
Yo estaba muy cansada, pero feliz! El parto había acabado y la nena estaba majísima (3100gr! Que por ser de la semana 37,5 no está nada mal )
 
Aparecieron mis hermanas, y ya éramos 9 mujeres viviendo los primeros maravillosos momentos de la vida de Queralt.
 
Mercè dispuso las infusiones para las curas, mientras Ma Jesús me ayudaba a asearme y a incorporarme. A diferencia de mi PVD2C, podía ir al baño controlando perfectamente la zona afectada y que no tenía ninguna dificultad para moverme estando de pie! Por dentro me reí de mi misma al recordar como estaba yo la primera vez que me levanté de la cama tras mis cesáreas... que satisfecha de todo lo vivido!
 
Queralt era una bolita, que pedía mi contacto, y así estuvimos las dos, piel con piel, en el sofá, mientras todas comíamos lo que Pilu había preparado. Inma me sugirió el batido de placenta y aunque siempre había postpuesto la decisión de tomarlo o no, en ese momento pensé en que si mi marido estuviera allí él lo tomaría, así que le hice los honores. Mi hermana fue a por fruta y Pilu me preparó zumo de naranja con una parte de la placenta, el resto la congelamos para poder plantarla en el jardín, bajo un naranjo.
 
Inma llamó a Carme Guash para informar de que ya había parido y que todo había ido muy bien y el resto estábamos de charla, riendo, disfrutando de los momentos compartidos, como en una tribu de mujeres donde parir en nuestra compañía fuera la cosa más normal. Todas estuvieron geniales! No me sentí en ningún momento sola, todo era natural, mi madre se la notaba orgullosa de lo vivido, mis hermanas contentas por el nacimiento de su nueva sobrina, mis amigas emocionadas por haber compartido finalmente esta experiencia y yo feliz, descansando del esfuerzo, con mi nuevo tesoro en los brazos, pensando en el momento en que mis hijos vendrían a conocerla y la primera vez que la vería su padre. Vinieron de uno en uno, así que tuvieron su momento exclusivo para ver a su nueva hermana, y los tres se quedaron muy sorprendidos de lo rápido que había nacido, aunque les pareció lo más normal marchar al cole por la mañana sin hermana y volver por la tarde, con ella en casa.
 
A media tarde, mi marido llegó al aeropuerto, sin saber si me había puesto de parto o no, si había nacido la nena o todavía estaba en el proceso, nervioso, aunque todavía no me ha contado realmente como vivió esas 10 horas de vuelo. Sus padres lo fueron a recoger y le informaron de la situación, sin hacer comentarios a cerca del parto en casa (bien está lo que bien termina, es lo único que han dicho en referencia al parto, y nunca más se han referido a él). Se que mi suegra debió pasar mucho miedo durante las horas que duró, porque por lo que se no dejó de llorar desde que le comunicaron que había empezado. Pero tal y como es ella, no hablará nunca de este tema. Mi suegro, después de llevar a los nenes al colegio, volvió con revistas y periódicos para la “sala de espera” improvisada, y respetó el momento, cosa que agradezco enormemente. Y mis hermanas, al ser avisadas por mi madre, esperaron pacientemente todas las horas que hicieron falta en el coche, aparcado delante de casa, sin atreverse a entrar para no molestar.
 
Ha sido mi 2PVD2C y para nada se desarrolló como yo había visualizado. Fue más doloroso y no lo disfruté como me había propuesto, pero es lo que tienen las expectativas. Lo que si puedo decir es que mi círculo de mujeres me cuidó con tanto amor, que llevaré en mi corazón para siempre el recuerdo de este maravilloso parto. De mujeres, con mujeres, para mujeres. No estuvo mi marido, pero de ser un parto sin él, fue el mejor parto que he podido tener, mucho mejor que lo que pudimos imaginar mil veces cuando lo preparábamos.
 
Llevo a Inma y a Ma Jesus en mis recuerdos y las echo de menos. Han sido mis ángeles durante estas semanas previas al parto, con su acompañamiento, su cariño y sus cuidados, incluso ofreciéndose para venir a dormir a mi casa para hacerme compañía las últimas semanas en las que me sentía tan vulnerable.
Y Mercè y Pilu. Si ya pensaba que son parte de mi familia antes de nacer Queralt, su ahijada, ahora son mucho más que eso. Se que mi vida se ha unido a ellas para siempre, más allá de la simple y verdadera amistad.
Y mi madre. Ahora nos une algo muy especial que nunca pensamos en que pudiéramos compartir. Me ayudó a traer al mundo a mi hija, luchando juntas para que viniera a este mundo, desde que me apoyé en ella para llorar mi aborto hasta su nacimiento. No podía ser de otra manera. Como dato curioso, el destino ha querido que Queralt naciera el mismo día, un año más tarde, en la que nos comunicaron que el embarazo no había prosperado, y justo un día antes de mi cumpleaños. Un maravilloso regalo para conmemorar ese día tan triste para mi.
 
De cada parto y de cada hijo he aprendido mucho. Soy una nueva persona cada vez. Y aunque este último parto me cogió desprevenida y sucedió muy rápido, fue el broche de oro de mi paso por la maternidad. Mis hijos vinieron a este mundo por innecesaria y fueron la razón por las que busqué unos nacimientos respetados para sus hermanas. Nuestro PVD2C fue la victoria sobre mis cesáreas, aunque no sanaron las heridas, al contrario! Llegaron a dolerme mucho más, como proceso de sanación. Mi 2PVD2C ha venido a reconciliarme con las cesáreas, como si una cesárea fuera anulada por un parto, y ahora son 2 a 2. Estoy en paz, muy calmada, satisfecha de mi camino, feliz con mis hijos y sus nacimientos, por fin.
 
--- Para leer el relato del parto anterior de Judith, su parto después de 2 cesáreas (PVD2C), haz click aquí.