147. Historia de Patricia. Parto vaginal en casa después de DOS cesáreas

Sobre: 
Parto Vaginal (PV)
PV después de 2 o más Cesáreas (PVDnC)
Parto en casa
Nombre padres: 
Patricia
Jorge
Nombre bebé: 
Fiamma
Lugar de parto: 
Parto en casa
Lugar: 
Rosario
Año: 
2008

Las verdaderas protagonistas de esta historia son: 

  • PATRICIA, madre de Candela y Agustín que nacieron por cesáreas “inne-cesáreas”, estudiante avanzada de Medicina y Líder de la Liga de la Leche de Argentina. 
  • FIAMMA, una preciosa bebé de 3.145 gr. Nació por estas latitudes en las primeras horas del 30 de Diciembre. 
  • JORGE, el papá de Fiamma... ¡el compañero ideal!

 

Hola,

Mi nombre es Patricia A. Maciel. Soy Argentina, tengo 36 años y soy mamá de tres preciosos niños: Candela de 12 años, Agustín de 7 y Fiamma de algunos días. Candela y Agustín nacieron en instituciones privadas con todos los protocolos, intervenciones y rigores de la “ciencia” que, parir, en este tipo de lugares, implica. Me sentí en cada una de las cesáreas de mis hijos mayores manoseada, ultrajada, que habían violentado mi cuerpo. Con un inmenso e interminable dolor en mi alma al saber mi útero roto, abierto, tajeado y a merced de personas que alguna vez juraron no hacer mal a sus pacientes…

Después del nacimiento de Candela me quedaba la esperanza de recibir otro trato con mi siguiente hijo y eso hizo que mi pena no fuera tan honda, pero lo que me dispensaron con el nacimiento de Agustín fue aún peor y tengo el recuerdo de mi llanto nacido desde las entrañas. Esa angustia incontrolable que sólo la produce el ultraje, la violación… con una depresión post-traumática que me duró meses.

Con el pasar del tiempo me fui interiorizando sobre los partos y algunas prácticas médicas y necesitaba saber -aún a pesar de pensar en no tener más hijos- que mi cuerpo podía parir, que yo servía y que mi corazón y mi alma podían dejar nacer.

El tiempo pasó, retomé mis estudios (estudio Medicina), me separé y conocí un hombre maravilloso, soñado: Jorge, el papá de Fiamma. Casi como un juego, un juego sensual de dos personas heridas que desean ser felices dejando de lado la lógica y abandonados en la pasión reprimida de experiencias anteriores, buscamos a Fiamma y ella a nosotros, que quiso vivir y quiso nacer.

Fiamma es la representación misma de la vida... ya que fue concebida en un momento muy particular de mi vida y de mi historia, una historia teñida de sangre e injusticia, producto de la Dictadura Militar que se vivió en mi País, Argentina, y que me dejó huérfana al llevarse a mi papá y a mi mamá cuando yo tenía 4 años (soy hija de desaparecidos y fusilados). Una historia que comienza a cerrarse.... El embarazo me sorprendió desde mi lugar de pensante y me asustó porque no sabía quién iba a cuidar de mí y de este bebé que crecía dentro mío. ¡¡¡Cuánta angustia y desconcierto me causaba pensar que iba a ir a una cesárea programada por mis cesáreas anteriores!!!

Comencé la búsqueda de profesional y comenzaron también las pérdidas... me desangraba y no sabía por qué. ¿Era mi alma que lloraba de desconsuelo?¿Era mi historia?¿¿¿Era la incertidumbre de que este hombre supiera cuidarnos???  Una noche en la guardia de un sanatorio de mujeres me dijeron que mi hija no iba a vivir, que su corazón latía muy despacito, que por eso las pérdidas... que en pocos días la despedía. A los dos días: hemorragia, susto y mi hombre llorando por la pérdida, arrodillado en el piso y viendo como se escurría nuestro sueño: “vamos al sanatorio” me dijo. Yo le dije que no. Era la fiesta de la nonna (cumplía 90 años) que después íbamos al sanatorio... Algo en mi corazón me decía que no fuera. Fuimos muchas horas después. El mismo médico residente en la guardia: “aborto espontáneo” nos dijo. Al día siguiente: ecografía, ¡¡¡¡y ahí estaba mi beba con su corazoncito latiendo con fuerza!!!! ¡¡¡¡¡¡Quería vivir!!!!!!

(¿Aborto dijiste? ¿La querías sacar de mi útero sin comprobar realmente si estaba viva o no…? ¡¡¡Cómo te odié, médico residente!!!)

Había un hematoma en el útero; así que: reposo... y a continuar con la búsqueda de alguien que me asistiera respetuosamente... ¿¿¿Existiría alguien así??? A partir de ahí me dejé llevar por mi corazón, con sus dudas y ambivalencias, ¡¡¡pero con sus enormes ganas de ser feliz!!!

Iba sola a las consultas, porque no sabía si Jorge aceptaría buscar a alguien que nos cuidara en un parto humanizado, con mis dos cesáreas anteriores y el miedo que nos meten. Jorge pensaba que yo no lo quería dejar participar, ¡ja! ¡¡¡Nada más lejos de la verdad!!! Ahora podés saberlo Amor, cuando leas esto; que yo quería encontrar a la persona indicada y sabía que era muy difícil en esta ciudad, no podía llevarte de médico en médico y no podía permitir que dudes de mí, de mi cuerpo, ¡¡¡porque ya para eso estaba yo!!! No quería la frialdad del sanatorio, no quería más mutilaciones en mi cuerpo, no quería las salvajadas que le habían hecho a mis otros hijos para este bebé, me siento tan culpable por eso... ¡¡¡¡Perdón les pido a mis 2 hijos anteriores porque no supe defenderlos en sus nacimientos!!!!

Me recomendaron unos y otros (ninguno me quería acompañar en un parto vaginal... todos decían: "cesárea programada"). ¡¡¡Hasta que llegué con la Cris!!! Una pequeña gran mujer, así la ví en mi parto. La Cris me dijo: “¡¡¡claro que podemos hacer un parto normal!!!” Y rompí en llanto, un llanto de liberación, de tranquilidad. El embarazo transcurrió tranquilo, las pérdidas cedieron y en el séptimo mes otro susto: amenaza de parto prematuro. De vuelta el reposo, el encontrarme conmigo misma. La Cris me internó, me puso medicación para retener el embarazo y madurar los pulmoncitos de Fiamma -pero acompañándome siempre con cariño y explicándome siempre, siempre, lo que sucedía y lo que hacía…-  ¡¡La Cris siempre dándome seguridad y respeto a mí y a mi hijita en la panza!!  La Cris que me decía: “Permitíle a Fiamma un buen nacimiento, dejáte llevar por la tranquilidad que necesita este embarazo, basta de repetir tus dolores antiguos y basta de preocupaciones en tu vida. Esto es una señal... la bebé necesita que estés tranquila…” Mi Jorge acompañándome a cada momento, cuidándonos, mimándonos. Mis hijos apoyando desde sus lugares y como cada uno de nosotros pudimos.

Reposo casi absoluto desde la semana 30 hasta la 34 (aproveché para coser, a mano, las últimas ropitas de mi beba. Terminé también de vestir el canasto donde duerme ahora cuando no está en brazos). Después ya me levantaba por algunos momentos y la Cris viniendo cada 48 hs a verme, a charlar, a controlar a mi beba y a mí. Hasta que superamos la semana 36 y después la 37 y hasta la 38 en que comenzaron -una noche- unas contracciones irregulares pero inquietantes. Mi beba estaba cerca de nacer. Llamamos a la Cris y nos dijo que podía faltar más tiempo o que podía avanzar o detenerse. Y así fue, cerca del amanecer se detuvieron y dormí plácidamente (eso fue en la madrugada del 29 de diciembre).

Durante el día estuve inquieta... necesitaba saber que mi cuerpo funcionaba bien, necesitaba reparar la viejas heridas y la Cris que no me quería hacer un tacto. Se lo sugería cada vez que podía, ¡¡¡y ella nada!!! Ese 29 la hice venir. Juro que inconscientemente me confundí la fecha para ponerme una vacuna -con esa excusa la hice venir a mi casa, para que me aplique la segunda dosis de la antitetánica- pero en realidad sentía una gran necesidad de tenerla cerca. Y vino y le dije directamente: “Cris: hacéme un tacto” Cris, me preguntaste por qué quería que vos me invadas con ese tacto, ¿te acordás? Ahora sí puedo responderte: ¡¡¡necesitaba saber que mi cuerpo funcionaba bien!!! Ese tacto no era invasor, sino más bien reparador. Ya tenía casi 5 cm de dilatación.

Después del tacto charlamos, tomamos mate y se fue. Al rato comenzaron las contracciones, estas sí eran importantes, sostenidas y cada vez más intensas. Habían arrancado tipo 20 o 20,30 hs. Pensaba que Jorge no estaba atento a controlar las contracciones, él iba y venía, así que yo me sumergí en mi trabajo de parto y no pensé más, me dediqué a sentir, a conectarme con mi bebé (como nos había dicho la Cris, en el Taller de preparación al parto que ella conduce). Subí y me bañé, dejaba que el agua tibia cayera por mi espalda, ensayaba posturas en cada contracción para las que vendrían después.

Me tomé todo el tiempo que necesitaba. Terminé y fui a la habitación, me senté en un botinero acolchado en un rincón y seguí con mi trabajo. Cuando los chicos se fueron a dormir, bajé y me acomodé en una reposera. Las contracciones eran más y más intensas, sin embargo no se parecían en nada en las que había tenido con mis otros hijos, estas eran más suaves (aquellas estaban repletas de oxitocina sintética y de invasiones).

Jorge iba preparando las cosas: llenó la pileta, prendió el hornillo con el aceite relajante que había comprado, me acariciaba, me soplaba… Cuando terminaba una contracción me pasaba una toalla húmeda por la cara y el cuello, ¡¡¡¡eso era tan aliviador!!!! Me tapaba mientras descansaba porque se dio cuenta que, entre contracciones, sentía frío. Puso música, filmó, me acercó la foto de mi mamá, me cuidó, nos amó…. A las 23 h, Jorge llamó a la Cris. Me comí un durazno, un pedacito de pizza y tomé un poco de agua fría, ¡¡¡mi cuerpo sabía que iba a necesitar energía!!!

Llegó la Cris y se sentó a mi lado sin hablarme. Vino una contracción y apoyó su mano en la panza. Cuando terminó, buscó los bolsos en el auto y me hizo un tacto, ¡¡¡estando yo de pie!!! (porque no quería acostarme) “¡Felicitaciones!”, me dijo, “¡¡estás en 8 cm!!”. Tomé un poco de agua, hice pis, dos contracciones más, poderosas, me abarcaron. ¡¡¡¡Las sentí, las exploré, las viví!!!! Me metí en la pileta de la Cris. Eran como la una de la madrugada y avisé que ya tenía ganas de pujar. Fui sintiendo cómo mi bebé me atravesaba, estaba a punto de tener la experiencia más maravillosa de mi vida. Terminaba una contracción y abrí los ojos y la ví: a la Cris trayéndome la foto de mi mamá -porque yo quería tenerla muy cerca y la había dejado en la mecedora donde estuve antes- ¡¡¡¡¡en un gesto maravilloso y absoluto de respeto genuino!!!!! Eso me dio más tranquilidad. La Cris no sólo cuidaba mi cuerpo, ¡¡¡¡¡sino también mi alma!!!!! Mi hombre, a mi lado, alentándome, amándome, ¡¡¡¡me sentí tranquila!!!! ¡¡¡¡¡Por primera vez en mi vida me sentí cuidada y amada!!!!!

Llegó Mary (la enfermera que es socia y compañera de la Cris en los partos domiciliarios). ¡¡¡Cuánta paz me transmitió!!! Sus palabras susurradas en mis oídos, abrazándome por detrás... ¡¡¡fueron música!!! Otra contracción, otro pujo. Por un instante pensé que no iba a poder, miré la foto de mi mamá, necesité esa sonrisa dos veces. En una contracción la Cris me decía que soplara, en la siguiente no la pude escuchar y Jorge, mi amor, a él sí pude escucharlo. Me cuidó, me acarició…

¡¡¡Un pujo más y salió la cabecita!!! ¡¡¡¡¡¡Cuánto alivio!!!!!! Diez minutos más. La Cris acariciándome la panza y acariciando la cabecita de Fiamma, debajo del agua, alentándonos a seguir -jamás, jamás, tironeó de la bebé como te hacen en los sanatorios... La acarició toooodo el tiempo- y vino otra contracción. Jorge llorando de emoción hablándome acerca de cómo en ese momento se me revelaba uno de los dos secretos de la vida: el nacimiento de nuestra hija, el dejar nacer, ¡¡¡¡el explorar la vida misma a través de mi cuerpo!!!! ¡¡¡¡Y salió el cuerpo de mi preciosa Fiamma!!!! Sentí su espalda y sus pies saliendo de mi cuerpo, suavemente…….. Era la 1:55 a.m del 30 de Diciembre de 2008.

La Cris la dio vuelta en el agua y Fiamma estaba con sus ojitos bien abiertos. Se la pedí y la saqué del agua. Mi bebita me miró directamente a los ojos y después de 30 segundos respiró tranquila, sin llantos y siempre mirándome... ¡¡¡¡¡ésta es la imagen más poderosa que tengo de mi parto!!!!! Nos cubrieron inmediatamente. Mi beba y yo estuvimos unos minutos más en la piscina de parto, reconociéndonos, hasta que quise salir. Pedí ayuda porque pensé que iba a tirar del cordón... Salí... me senté en el banquito de partos y cayó espontáneamente la placenta. Ni un desgarro en mi periné: mi primer parto vaginal y estaba intacto (¡¡nada de suturas, nada de puntos!!) Mi hermosa Candela había estado escuchando todo y cuando se dio cuenta que la hermana había nacido, bajó a festejar con nosotros el nacimiento de Fiamma. Jorge cortó el cordón, al ratito me puse en pie, le dí la bebé a él y me fui a bañar, para poder estar con mi bebé tranquila, después en la habitación, dándole la teta, comunicándonos, amándonos. El aire que se respiró en mi casa fue sencillamente de dicha, a todos nos abarcaba una alegría extraordinaria. ¡¡¡¡¡¡¡Yo pude parir,

EN MI CASA,

después de 2 cesáreas

y en un ambiente de privacidad y respeto!!!!!!!

¡¡¡Gracias Cris!!! ¡¡¡Gracias Mary!!! Por cuidar de mí y de mi hija, con respeto y cariño... ¡¡¡¡Gracias Jorge, mi amor, por creer en mí y cuidarme!!!! ¡¡¡¡Gracias Candela!!!! ¡¡¡¡Gracias Agustín!!!! Mis dos preciosos hijos mayores... ¡¡¡¡Gracias Fiamma!!!! Por enseñarme el camino de la curación de mi alma... ¡¡¡¡¡Gracias Mamá!!!!! Por estar a mi lado, dondequiera Dios que estés....

El video del nacimiento puede verse en:

http://partorespetadoenrosario.blogspot.com/2009/01/nacer-en-el-agua-par...