695. Y así llegaste a nosotros

Sobre: 
Episiotomia
Parto Vaginal (PV)
Parto Instrumental (PI)
Categoría: 
Parto
Nombre bebé: 
Jana
Lugar: 
Toulouse
Año: 
2017

Y así llegaste a nosotros.

Todo empezó un miércoles, el día que perdí el tapón mucoso. La kine, a la que iba dos veces por semana para que me ayudase a hacer más llevadera la ciática y de paso me diera masajitos en la barriga, me dijo que podía ponerme de parto enseguida o estar así algunos días. En realidad, no le di demasiada importancia a aquel hecho.

A finales de esa semana, decía a todo el mundo que del lunes no pasaba. Había algo en mi que me decía que iba a parir en breve. No tenía contracciones ni ningún signo de parto inminente, pero mi instinto me lo decía.

El viernes fue para mi un día horrible. Al ir al baño, me hice daño y me salieron hemorroides, grandes y dolorosas. No podía parar de llorar, ¡no quería parir así! Mi bloqueo fue muy grande, estaba enfadada, no era justo, por qué en aquel momento preciso... Me dolía todo al sentarme y ya no podía más. Txepe fue a buscar a la farmacia un medicamento para intentar aliviarme.

Al día siguiente, el sábado, yo seguía muy mal de ánimos debido a las hemorroides. Txepe no sabía que hacer para animarme o ayudarme. Al final, pasó por el hospital al finalizar las compras de esa mañana para preguntar que qué podía hacer y le dijeron que nada, que las hemorroides no desaparecerían antes del parto, así que ya podía ir haciéndome a la idea (le dieron igualmente una receta para una crema y un supositorio, ya que lo que le habían dado en la farmacia no era muy bueno).

Y aquí empezó Txepe a demostrarme que es el mejor compañero del mundo. Me explicó claramente y sin tapujos lo que le habían dicho en el hospital y me ayudó a armarme de valor para asumir la situación. Me vestí, nos fuimos a dar un paseo por la tarde y gracias al amor que me dio y a las risas que nos echamos, me fui empoderando poco a poco. Ya podía de nuevo aceptar el parto cuando llegase. Las hemorroides no se irían, pero yo ya no tenía miedo.

Una vecina me dijo que me pondría de parto con la luna llena. La luna llena fue el 11 de febrero a las 01.33. Yo rompí aguas en la cama la noche del 11 al 12, sobre las 23.45 aprox. Txepe estaba todavía en el comedor, yo acababa de acostarme cuando noté el plof y el agua que descendía por mis piernas y empapaba las sábanas. Lo llamé, le dije que viniera que había roto aguas, no se lo creía mucho hasta que me vio. Supongo que nos abrazamos en aquel momento, él llamó al hospital, explicó la situación y nos dijeron que fuéramos en cuanto pudiéramos. Nos tomamos el tiempo de cambiar las sábanas, ya que vendrían nuestros padres al piso, él se duchó, yo lo había hecho para ir a dormir, así que me arreglé un poco y nos fuimos al hospital, a unos minutos de casa.

Llegamos que sería la 1 de la madrugada (ya día 12). Una comadrona salió a recibirnos y me miró. Nos dijo que no había trabajo de parto y que el cuello estaba intacto todavía, sin dilatación. Así que nos asignaron una habitación para pasar la noche. Creo que eran sobre las 2h cuando nos pusimos a dormir, yo en la cama, Txepe en el sofá cama. Y a partir de las 2.30h más o menos empecé a sentir las primeras contracciones. Eran llevaderas, como picotazos en las lumbares. Pero yo quería dormir, sabiendo lo que me esperaba. A las 5h ya se volvieron más duras y no podía quedarme en la cama estirada. Así que me levanté. Como no podía sentarme en el balón ni en una silla por culpa de las hemorroides, las pasé aguantada al borde la cama haciendo movimientos circulares con mi cadera, respirando como me habían enseñado en yoga y la comadrona, e imaginando situaciones de confort para hacer la situación más llevadera.

Si no recuerdo mal, a las 8h hablamos con las comadronas para decir que las contracciones eran bastante regulares y dolorosas, pero hasta las 12h no nos vio nadie. Era el segundo tacto que me hacían y, ¡sorpresa! Estaba de 2 cm. No me lo podía creer, las contracciones empezaban a picar, era ya bastante doloroso y sólo estaba de 2cm. Bueno, era lo que había. Consejos: dar paseos por el hospital (era domingo y estaba todo cerrado para las mujeres que estábamos de parto, así que total intimidad), subir y bajar escaleras, etc. Hicimos los pasillos infinidad de veces, y las escaleras también... Las bromas de Txepe sobre por qué me abrazaba a los extintores me hacían reír y mucho más llevadero el tema.

Pedí la bañera. Quería probar si las contracciones eran menos intensas en el agua.. No sé a qué hora me metí en ella pero estuve como hasta las 15h. Las contracciones no cesaron pero eran mucho más suaves. Recuerdo mucho calor y sofoco (no me gusta el agua caliente). Por suerte, alguien se dejó allí los restos de un spray vaporizador que me ayudaron a poder respirar mejor y no agobiarme tanto. El agua estaba muy caliente y la posición no era muy confortable para mí (el culo me dolía horrores), pero las contracciones se llevaban mucho mejor. Tenía conmigo la música que mi amiga Anna me había preparado para el parto y recuerdo cantar y hablar sobre las canciones del usb. Txepe estuvo allí todo el rato, animándome y dándome fuerzas.

A las 15h o así quise salir del agua y pedí que me miraran de nuevo. A las 16h otra comadrona me hizo un tacto y ahí me hundí. Todavía estaba de 2 cm. No me lo podía creer. Las contracciones durante esa hora fuera del agua se habían vuelto muy dolorosas. Además, nos dijo, todavía no sé cómo ni porqué, que le parecía que la bolsa no estaba rota del todo, sólo fisurada... Aquel detalle al que quizás no dimos mucha importancia en aquel momento, nos ha acompañado después del parto, ya que quizás si hubiésemos sabido eso nos hubiéramos quedado en casa y la evolución del parto hubiera sido diferente. Pero eso nunca lo sabremos...

Así que después de aquel tacto y tras hablar con esa comadrona, que nos pareció mucho más competente que la anterior, le pedí que me pusieran la epidural y no sé cómo se decidió que me acabarían de romper la bolsa. Sé que hubo consentimiento por mi parte, pero no recuerdo el momento. La anestesista no llegó casi hasta las 20h. Si en ese momento me hubieran dicho que estaba de 5 o de 6 cm, creo que hubiera seguido sin epidural, pero el golpe moral de saber que estaba todavía de 2cm, fue demasiado duro. Ahora veo con el tiempo que estaba preparada mentalmente para la intensidad del dolor pero que nadie me habló de la duración posible de un parto y de lo lento que podía avanzar.

Apenas tengo recuerdos de lo que pasó entre las 16h y las 20h. Recuerdo que Txepe llamó a nuestros respectivos padres para que supieran que estábamos de parto y de que avanzaba lentamente. Mis padres decidieron salir aquella misma tarde para dormir en nuestra casa y estar ya allí al día siguiente. Mis suegros salieron al día siguiente por la mañana.

A las 20h llegó la anestesista, Miriam, por cierto, una tía borde dónde las haya que me decía que me pusiera para el pinchazo. Nos habíamos trasladado a la sala de partos. Yo no sabía cómo tenía que ponerme, nadie me lo había dicho, así que pregunté. Ella respondió algo desagradable y me pinchó. Al cabo de muy poco, ¡qué alivio! Podía relajarme... y dormir. Así que como yo tenía ganas y necesitaba descansar, aproveché ese momento en el paritorio para echar una siesta y dije a Txepe que se fuera el también a descansar a la habitación, ya que necesitaríamos energías para después.

Según mis cálculos, hasta por la mañana, las 4h, las 5h o incluso más, no pariría, porque a 1cm por hora (que daño hacen los manuales), no tendría a Jana entre mis brazos. Pero no fue así. Creo que me pusieron un gotero con algo para acelerar el parto, pero no recuerdo si fue oxitocina u otra cosa. Al principio, pude dormir tranquilamente, ya que no notaba casi nada las contracciones. La anestesia me pareció bastante fuerte y no podía mover las piernas. Pero al cabo de un ratito, empecé a sentir contracciones de otro tipo. Algo se estaba abriendo en mi interior. Tenía ganas de empujar, llamé a la comadrona y me dijo que estaba en completa (sería la 1h más o menos) y que teníamos que esperar una horita o así que el bebé acabase de bajar. Le dije que llamase a mi marido que estaba durmiendo para que viniese y esperamos aún otro poco, hasta que las ganas de pujar fueron muy intensas y por suerte ya tenía a Txepe a mi lado.

Empezaron los pujos. Yo no notaba nada, sólo hacía fuerza como creía que tenía que hacerlo. Una y otra vez. Me animaban. Me decían que lo hacía bien. Empecé a tener calor. Yo estaba estirada en la camilla, con las piernas en alto, la imagen típica. No creo que con la epidural que me pusieron hubiese podido ponerme de otra manera. Al principio Txepe estaba a mi lado, luego se fue desplazando hacía la parte de abajo para ver a la niña nacer. Lo tenía a él a mi izquierda, a la comadrona delante y a otra chica en la derecha. Parecía que la cosa se resistía.

En algún momento recuerdo haber tenido miedo de empujar. Tenía miedo de las hemorroides, de que todo fuera a peor. Pero intenté seguir las instrucciones de la comadrona, de cómo tenía que empujar. Me decía que lo hacía bien, pero la niña no salía. Me tocaba en la entrada de la vagina para que supiera cómo hacer fuerza, pero yo no notaba nada. Me dio sus brazos cruzados para que nos agarrásemos la una a la otra y que yo hiciera fuerza empujando y tirando de ella. Creí que le partiría un brazo de lo fuerte que la cogía. Ella era pequeña pero fuerte. Me ayudaban los comentarios, me decían que lo estaba haciendo genial y que tenía mucho aguante, pero la cabeza de la niña que se veía asomar, volvía para dentro en el momento en el que dejaba de empujar. Estaba atascada en el segundo escalón pero al parecer no había sufrimiento fetal.

Pasó un cierto tiempo (ahora sé que fue media hora) y me dijeron que iban a llamar al médico, a la ginecóloga, para que me diera un “petit coup de pouce”. Ni Txepe ni yo sabíamos exactamente qué quería decir con aquello. No recuerdo tener conciencia de que me explicara la ginecóloga lo que me iba a hacer. Sólo sé que vi el instrumental, las espátulas, y que en un empujón tenía a Jana contra mi pecho y yo estaba llorando. En un solo empujón salió la niña y la placenta. Eran las 2:39h.

Hasta un poco después no supe que me habían hecho también una episiotomía y tampoco supe hasta más tarde que Txepe lo vio todo. Esa escena que debería haber sido mágica para él fue bastante traumática, ya que nadie lo avisó de lo que vería ni de lo que me harían. Pero en aquel momento es como si estuviéramos ya solos, sin el equipo médico.

Jana estaba encima de mí, yo lloré y Txepe nos miraba y besaba desde la izquierda. Me cosieron rápido y nos dejaron solos durante un par de horas. No sé nada de lo que pasó con el cordón, ni de quién lo cortó ni de cuando. Era increíble, todo nos parecía mágico en aquel momento. Me la puse al pecho, no recuerdo si ya quiso mamar un poquito o no. Estábamos tranquilos, nada nos preocupaba. Al cabo de un par de horas vinieron a hacerle todas las pruebas que corresponden, sin llevársela de la sala, todo allí mismo. Me pidieron si quería vestirla y les dije que no, que quería hacer piel con piel. Y nos llevaron a la habitación a las dos abrazadas.

Una vez en la habitación, ¡Txepe y yo no sabíamos qué hacer! Estábamos muy cansados, necesitábamos dormir (Jana dormía)... Así que llamamos a alguien que nos ayudase con la cunita y a vestir a Jana para poder descansar los tres. A día de hoy es de una de las pocas cosas que me arrepiento, de no haber dormido con ella abrazada como hice al día siguiente y durante todo el primer mes. Pero aquel día el agotamiento y la inexperiencia me hicieron dejarla en la cuna, y yo la miraba con curiosidad y asombro, pensando, este ser es mi hija.

Al final no dormimos nada. Fue una semana de mucho viento, “vent d’automne” como se le conoce aquí en Toulouse, algo que seguro que influyó en el carácter de nuestra peque. Y encima la persiana de nuestra habitación estaba estropeada y hacía un ruido infernal cuando el viento la golpeaba. Así que agotados, a las 8h empezamos un nuevo día y desayunamos. Aquel mismo día, y lo sigo pensando a día de hoy, ya tomé conciencia de que sin la ayuda y el apoyo incondicional de Txepe, mi marido, mi compañero, no hubiese podido hacer y vivir todo lo que hice y pasó. Fuimos y somos un gran equipo y nuestro amor creció ese día.

Así que el 13 de febrero del 2017 dejamos de ser 2 para pasar a ser 3. Ya te teníamos entre nosotros y éramos y somos muy felices. T’estimem infinit Jana!

A pesar de que mi experiencia no fue exactamente como deseaba, doy las gracias al equipo que me atendió en el hospital porque pese a todo me sentí bien acompañada. En algún momento hubiera querido tener más información al respecto de lo que iba pasando, pero creo que el hecho de ser primeriza y extranjera hizo que se me escaparan algunas cosas... Sin embargo, me sentí bien arropada en todo momento (también durante la semana que estuve en planta tras el parto) y es en el mismo hospital donde he decidido dar a luz a mi segunda hija, de aquí a algunas semanas.