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Porqué soy socia de El Parto es Nuestro

Mi nombre es Leila y soy de Argentina.

Para contarles por qué me hice socia de "El Parto es Nuestro" primero tengo que contarles la historia de mi parto.

Cuando quedé embarazada de mi hijo tenía bien en claro que quería un parto natural, o por lo menos lo que yo entendía por ello. De lo que estaba segura era que no quería cesárea.

Con mi esposo estábamos muy contentos con nuestro pequeño retoño y todos los meses íbamos contentos a los controles. Mi embarazo fue un embarazo increíble. Estaba super enamorada de mi panza y no podía dejar de decirle a mi hijo cuanto lo amaba.

Llegados los 6 meses de embarazo comenzamos a hacer el curso de preparto el cual nos iluminó bastante sobre cómo eran los protocolos que se seguían en las clínicas y cómo saber cuando era realmente necesaria una cesárea. La coordinadora además de psicóloga era también doula, la cual presenció muchos partos y es además una excelente mujer que nos concientizó de que debíamos luchar, en la medida de lo que se podía, por el parto que queríamos.

Estábamos muy contentos y teníamos bien en claro lo que queríamos pero a la vez yo tenía bastante miedo porque sentía que el tener un parto vaginal era una cuestión de suerte. El bebé tenía que estar bien posicionado, bien encajado y un sin fin de etc. que a mi ver lo hacían semejar a una lotería.

Llegado el octavo mes me entero que mi análisis de orina había dado positivo para estreptococo. Lo que significaba que podía tener mi parto natural pero debía internarme antes para pasar el antibiótico. Esto me deprimió un poco pero seguía con la esperanza de un parto natural.

Llegando ya en las últimas semanas de embarazo mis parientes empezaban a apostar por cual sería la fecha de nacimiento. Yo lo tomaba con naturalidad y un poco de gracia porque me emocionaba el no saber cuando mi hijo iba a tocar la puerta y salir.

Pero mi médico, el que tanto me había apoyado, de una consulta para otra, cuando ya estaba por entrar a la semana 40 me dijo que él tenía esperanza que el parto se hubiera desencadenado la semana anterior, que si mi bebé no nacía para el sábado (quedaban solo 3 días) me iba a tener que inducir el parto. Alegó que mi panza estaba muy grande y alta por lo que el bebé era de gran tamaño y aún no se había encajado, que los riesgos por ese motivo eran mayores, que al tener solo 1 cm de dilatación era también probable que terminara en cesárea.

Mi cara se entristeció. El sabía de entrada que quería un parto vaginal. Cuando le pregunté a que se podía deber que no se desencadenara el parto me dijo que no se podía saber el porqué a veces sucedía. Yo le propuse esperar unos días más, una semanita más ya que solo estaba en la semana 40 y además las ecografías mostraban fechas probables de partos distintas de las cuales una no había llegado aún. Él insistió que no se podía seguir esperando debido a su cálculo y siguió insistiendo en los riesgos de esperar tanto para el bebé como para mí.

Esos tres días fueron los peores de mi embarazo. Lloré y lloré porque sabía que al inducir el parto podía terminar en cesárea. Lloré porque no me sentía preparada, porque sentía que me estaban apurando, porque todavía mi bebé y yo no queríamos separarnos, porque soñaba con la idea de que la fecha del cumpleaños de mi bebé sea recordada como el momento en que él quiso salir y no con la fecha que el médico me puso como ultimátum.

En fin, después de tanto llorar y mi esposo de consolarme fui a internarme el día previsto. Las primeras hora de oxitocina fueron terribles. Con mi doctor pasando cada media hora para hacerme tactos súper dolorosos y decirme que la dilatación no avanzaba.

Después de dos horas y no sé cuantos tactos, dado que yo no cambiaba de parecer respecto a mi intención de tener un parto vaginal, mi doctor optó por darme tiempo hasta las 16:30 hs (el goteo había empezado a las 9:00 hs de la mañana) para ver si dilataba hasta los 8 cm. En caso contrario, iríamos a cesárea. Nosotros accedimos, él disminuyó el goteo y se fue. En ese momento las contracciones empezaron a ser más tolerables. Mi esposo me acompañó en todo momento. Yo caminaba, me ponía en cuclillas, la luz estaba apagada. Cuando las contracciones se hicieron más intensas me senté y espere.

A las 15:30 hs vino una enfermera a ponerme otra dosis de medicamento para el estreptococo y para que pase más rápido me abrió el goteo. Mi cabeza empezó a dar vueltas y mi panza estaba tan dura que parecía una piedra y la contracción no se iba.

La enfermera me pidió, mientras yo me hacía un bollito por el dolor, que me pare, me acueste en la cama para poder escuchar los latidos del bebé. En ese momento y con mi cabeza dando vueltas por el dolor su pedido me pareció broma. Es más, se me vino a la cabeza contestarle con total ironía "No querés que te alcanze un té, también". Pero bueno, de todas maneras ni podía hablar.

De repente su amable pedido se transformó en orden y yo seguía sin reaccionar. En ese momento le dijo a mi marido que buscaría una silla de ruedas para llevarme a la sala de parto. Todavía no sé como hicieron para pasarme a la silla de ruedas porque mis piernas no podían reaccionar del dolor.

La enfermera le dijo a mi esposo que espere a ser llamado y me llevó.

En la sala de parto me hizo recostar en el sillón de parto, el que tanto promocionaban como más "cómodo" para parir porque no estás "totalmente acostada". Yo creo que estaba a punto de perder la conciencia del dolor. Estaba además muy incómoda, sedienta, hambrienta (no me dejaron comer ni beber nada por las dudas termine en cesárea) y cansada, muy cansada.

Después de chequear que los latidos de mi bebé estuviesen bien me dijo que estaba ya de 8 cm y fue a llamar al doctor. Al rato vino y mientras yo agonizaba en esa camilla/sillón la escuchaba despotricar contra los médicos mientras preparaba todo el instrumental.

Cuando llegó mi doctor, sin llamar a mi esposo y sin pedir mi consentimiento me rompieron bolsa, para "acelerar" el proceso. Cuando por fin entró mi marido, le dije que me rompieron bolsa y que estaba incómoda. Ni recuerdo que palabras usé ni como fue mi expresión. Tampoco se si ellos me escucharon o que cara pusieron. Lo que si sé es que ahí empezó mi tortura.

El médico metiendo sus manos para acomodar la cabeza del bebé mientras me pedía pujar. Yo que no sentía el deseo de pujar. El dolor incontrolable de sentir sus manos en el cuello del útero. El querer llorar sin siquiera poder derramar una lágrima (la sed en mi garganta), el no poder parar de decir "no puedo! No puedo!" El pedir cesárea sin desearla por el solo hecho de querer que todo termine. La enfermera incluso me dijo que tenía que sacar a mi bebé porque estaba sufriendo por mi culpa, por negarme a pujar y no hacerle caso al médico!!!!

Las únicas palabras de consuelo y aliento eran las de mi esposo. Sin él no creo que lo hubiese logrado.

Entre todo eso creo que me colocaron algo en vena, y me pusieron anestesia local para hacerme una episiotomía. La verdad todo se fue tornando borroso.

Lo que sí recuerdo es que de a poco empecé a sentir deseos de pujar y entonces empecé a pujar, pero estaba muy cansada!!! Para ese entonces la enfermera se subió a un banquito y cuando yo pujaba clavó su codo sobre mi panza no muy amablemente para "ayudar" a mi bebé a salir.

Mi hijo nació a las 17:05 hs después de poco más de una hora y media de entrar en sala de parto. Por suerte no tuvo que usar oxígeno y estaba muy bien. Lo que tenía era el cordón atravesado en forma de bandolera, pasando por un hombro y debajo del otro brazo.

Recuerdo que pusieron a mi bebé en mi panza después del expulsivo (yo le había pedido eso al médico en las consultas) pero fue menos de 1 minuto y se lo dieron a la pediatra para que le hagan todo lo que le hacen a los bebés al nacer. Tirada en el sillón mientras expulsaba la placenta, veía como manipulaban a mi hijo y como lo vestían. Al terminar se lo dieron a mi esposo quien me lo trajo para que lo vea.

Fue amor a primera vista. No podía creer lo bello que era. Cuando lo pusieron en mi panza solo pude ver su espalda y los rollitos de su brazo. Mi hijo pesó 4,020 gr. Él fue mi cable a tierra. Quería agarralo, besarlo, apretujarlo, prenderlo a mi pecho. Recuerdo que estaba llena de sangre (el médico también) por el corte de la episeotomía. Después de que el doctor me cosiera, la enfermera me cambió y salimos los tres juntos. Nuestra familia nos esperaba en nuestra habitación y ahí mi bebé se prendió a mi pecho por primera vez.

Entre los chequeos posteriores de rutina la enfermera no dudó en hacerme saber que mi bebé estaba bien de milagro y que por encapricharme por tener parto vaginal casi pongo en riesgo toda la carrera de mi doctor.

Siempre supe que quería tener a mis hijos por parto natural y creí que con eso ya me conformaría. No pedía nada más porque no tenía idea el trato que podía recibir en la sala de parto.

Ahora sé que no era suficiente. Al salir de la sala de parto, los profesionales de la salud se encargaron de que en vez de sentirme orgullosa por haber parido a mi hijo me sintiera culpable, impotente. Sentí que ellos me hicieron "el favor" de permitirme parir y que yo no lo había sabido aprovechar, sentí que estorbaba en su trabajo, que todo lo que pasó en la sala de partos era mi culpa.

Entonces descubrí su página y leí sobre otros partos. Algunos como el mío pero más importante aún, otros muy distintos. Y esos me cambiaron la vida. Me dieron otra perspectiva. Ahora sé que no solo basta con tener un parto natural! Ahora también quiero un parto respetado. Uno en que el bebé decida cuando salir, libre de oxitocina sintética, libre de sillones incómodos, libre de episiotomía, libre de comentarios desagradables y culpabilizadores, sin llanto y con mucho contacto piel con piel, y sé que cuando decida tener otro hijo voy a luchar también por esto.

Este es el motivo por el cual me uní a "El Parto Es Nuestro". Para que mi historia no sea en vano. Para que ayude a otras mamás y para que cuando me toque una vez más, pueda escribir una historia de parto más feliz que pueda inspirar a otras mamás.