5. Parto de Aída. Nacimiento de Andrew. Amsterdam, en casa, 2008.

Sobre: 
PV después de Cesárea (PVDC)
Parto Vaginal (PV)
Parto en casa
Categoría: 
Parto
Nombre padres: 
Aída
Nombre bebé: 
Andrew
Lugar: 
Amsterdam

Eran las 8 de la tarde del día 6 de octubre. Yo salía de cuentas el día 24. Acababa de llegar a casa de hacer compra con Sergio y nuestra hija Kira. Entonces noté como un movimiento brusco de Andrew y sentí un "crac". Me quedé paralizada. Me di cuenta de que había roto la bolsa, aunque no quería creerlo... entonces mi cabeza empezó a trabajar por libre: "¡No estoy preparada!, ¡es pronto! ¡Me faltan cosas en la casa! y encima había discutido con Sergio y estaba cabreada...!

 

Llamé a la matrona y le dije que tenía una fisura en la bolsa pero que no salía mucho líquido. Me dijo que estuviese tranquila, que se podía desencadenar el parto pero que a veces se paraba la "gotera". De acuerdo. Me pongo a colocar las bolsas de la compra. Siento que sale un poco más de líquido. Bueno, a lo mejor no es nada... pero no, al poco sale más, y luego mucho más... Vale, he roto aguas definitivamente. Noto una contracción aquí. Otra allá. "¡Sergio, que esto va en serio, lo se...!" "¡Tranquila, todo va a salir bien, yo también lo sé!"... La verdad es que agradezco infinito la fe que mi compañero puso en mí...

 

Empecé a hacer algo de cena. Pero enseguida las contracciones empezaron a ser muy frecuentes. Sergio las cronometraba.

 

En cuestión de una media hora o así las contracciones empezaron a ser cada tres o cuatro minutos, la cosa estaba siendo vertiginosa...

 

"Llama a la matrona y díselo Sergio". Él llamó a la matrona y ella siguió pidiendo tranquilidad. Normalidad. Bien, estaba de parto. Yo notaba las contracciones fuertes para haber pasado tan poco tiempo pero le eché la culpa a mi estrés el que sintiese tanto dolor (en cuestión de hora y media no podía ni hablar ni aguantaba bien que me hablasen cuando me venían las contracciones). Recuerdo que después de una contracción en el pasillo donde lo pasé fatal le dije a Sergio que se llevara a la niña a la mujer que la cuida, pues dormiría en su casa. Decidí meterme en la ducha. Me senté en el suelo, en el plato de la ducha. Y empecé a relajarme, a intentar respirar profundo, concentrándome en ayudar a salir a mi niño, dirigiendo la respiración en la zona más baja del vientre como me dijo mi matrona. La ducha y las respiraciones me ayudaron muchísimo.

 

Jamás olvidaré la mirada, la actitud de mi hija cuando se iba, a una hora que no era la suya a casa de Sakya, cuando su padre la había ido a recoger hacía apenas unas horas de allí. Ella sabía. Normalmente hubiese querido que fuera yo también, o estaría llorando. Pero ese día, se acercó a mí, a través de la mampara, me besó desde fuera, "adiós", y se fue... (Aún no tiene 2 años).

 

Salí de la ducha porque empezaba a estar muy cansada, me pareció que llevaba una hora bajo el agua. Encima la noche anterior apenas había dormido porque mi niña estaba constipada y no respiraba bien.

 

Me tumbé desnuda en la cama y empecé a tener la necesidad de gritar con cada contracción, un ¡ahhh, aaahhh, aaaaaaahhh! La verdad es que pensaba en los vecinos, pero no lo podía evitar. Ahora, desde la distancia, creo que en parte saqué todos los miedos y la "tortura" (según la matrona que me atendió este segundo parto) a la que me sometieron con mi primera hija...

 

Cuando vino Sergio le dije que mandase venir a la matrona. Ya no podía más. Pensé que como tuviese que estar con esos dolores muchas horas no lo iba a conseguir, no lo aguantaría... Hacia las 11 de la noche llegó la matrona. Recuerdo que la dije cosas extrañas... como "¿Laura, ayer no dormí nada, puedo dormir un rato y seguir luego?" Y ella se echó a reír y dijo bueno, pero no creo que tu cuerpo quiera dormir ahora... También le pregunté que si tenía algo para el dolor, otra vez sonrió y me dijo suavemente, "no. Pero lo estás haciendo muy bien". Después de un ratito más en la cama hablamos de que había estado al principio en la ducha, y me preguntó qué tal me había sentido, le dije que muy bien y me propuso llenar la bañera y meterme en el agua un ratito pues yo estaba con muchos dolores (repito, el miedo ayudó mucho a que fuesen menos llevaderas las contracciones. Lo sé). Sergio preparó la bañera y se metió conmigo. En el agua me relajé un poco. En un momento dado noté una presión muy fuerte y dije con angustia que me iba a hacer pipí y popó encima... y me dijo "pues hazlo! es normal!". Con mi primera hija me pasó lo mismo pero no me dejaron ir al baño, así que lo tenía clavado en la memoria. Los dolores fueron siendo más intensos, y mis gritos también. Hasta el punto de que subió la vecina de abajo, sí amigas mías, a ver qué pasaba. Le abrió la matrona y le explicó con mucha maestría para que yo no me alterase. (Luego me enteré de que le estuvo diciendo que cómo es que estaba yo así, que tenía que decirme que respirara así y asao, ¡a mi matrona...!) Al final en la bañera cuando me venía una contracción empujaba con los brazos y juntaba las piernas, curvaba la espalda hacia atrás. Laura me dijo: "no Aída, abre las piernas y arquea la espalda hacia delante". También recuerdo que me preguntó "Qué te preocupa?" y le dije que me daba miedo no ser capaz de hacerlo, a lo que ella contestó:"ya lo estás haciendo". De repente supe que mi hijo estaba cerca de la "puerta". ¡¡Así que tanto miedo que tenía de no soportarlo y resulta que estaba ya en el expulsivo!! Instintivamente puse mi mano izquierda en mis genitales y dije "Está aquí". Me propuso utilizar la silla de partos, y me pareció muy bien así que salí de la bañera y me senté mientras Sergio me sujetaba por detrás. Tengo un especial recuerdo de ese momento, cuando él me sujetaba por detrás y me apoyaba, me abrazaba, cuando yo estaba ya tan, tan cansada. Entonces en una contracción de nuevo empujaba hacia atrás con los brazos, como si tuviera miedo de la contracción, me ponía con los pies de puntillas, no sé si me explico (y efectivamente una de las cosas que más me había rondado por la cabeza, y a la que más temía era al expulsivo). De nuevo mi matrona me indicó "No, Aída, pon los pies bien apoyados en el suelo, encorva la espalda, agárrate a la silla con las manos, eso te ayudará...) ¿Os dais cuenta qué sabiduría tan distinta a la de los ginecólogos y matronas convencionales, qué manera tan amable de ayudar a parir a una mujer, sabiduría de matrona experimentada y dulce, sabia y respetuosa... lo he pensado muchas veces. Y efectivamente, a la siguiente contracción, sentí ganas de pujar, y asomó la cabeza. La toqué. Sergio también la tocó. Otra contracción... la cabeza entera. A la siguiente, mi niño fuera. Lo puso en mis brazos, que temblaban un poco de cansancio o tensión, no sé, y Andrew lloraba. Le dije "ya está, ya está cariño, ya está". Nació a la 1:12. Cinco horas de parto. Todo fue intensísimo... nos fuimos a la habitación, tengo los recuerdos confusos... solo me acuerdo de mi niño entre mis brazos, no me lo podía creer. Tumbados en la cama, al ratito, mi matrona ayudó a sacar la placenta, que no me dolió nada. Me la enseñó, "Mira, esta fue su casa durante 9 meses". Andrew se cogió al pecho muy pronto. Yo estaba como flotando. Después, mi hijo se quedó dormido, yo fui a ducharme y entonces me di cuenta de lo que acababa de suceder y lloré. En este parto he superado muchas cosas, pero sobre todo ha sido una fuente de sabiduría. Nada es imposible. Mi madre no me parió. Nunca tuvo una contracción ni un síntoma de embarazo. Nací por cesárea, de puro milagro porque la placenta estaba envejecida y me estaba asfixiando. A mi madre le pusieron anestesia total. Para mi familia lo normal (y lo fácil, ¿de qué me quejo?) era que yo tuviese a mis hijos por cesárea, era hereditario. No os puedo explicar de qué manera me está curando este parto. Me cura mi propio nacimiento, creo. Además de la injusticia con la que nos trataron a mi primera hija y a mí en su nacimiento, claro. Mi madre, a pesar de estar totalmente en contra de un parto en casa, ahora esta contentísima y feliz con este nacimiento, ha visto mi felicidad, la diferencia con mi primer parto, y lo bien que está su nieto. Nos estamos reencontrando.

 

He llorado mucho por saber lo que a mi niña le robaron y lo que sufrió, pero también se que ella me enseñó el camino, su hermano, una verdad, y juntos una nueva forma de amar... Una luz nueva se ha encendido en mi corazón, ahora veo con otros ojos.

 

Amigas, os agradezco de todo corazón, os quiero, os llevo dentro. Aquí estoy para lo que necesitéis.