17. Nacimiento de Nereo PVDC en casa, Argentina, mayo de 2007

Sobre: 
Parto Vaginal (PV)
PV después de Cesárea (PVDC)
Parto en casa
Categoría: 
Parto
Nombre padres: 
Paola
Nombre bebé: 
Nereo
Lugar: 
Argentina
Año: 
Desconocido

 

“La vida misma es un milagro de amor" .

 

Mi FPP era el 26 de mayo, sin embargo desde el 21 de abril tenía episodios que podían ser el comienzo del parto. Contracciones que duraban más de un minuto, cada 5 minutos, a veces cada 3. Noches sin dormir. No sé cuántas veces preparé la casa, cuántas deje a mis niños en la de mi mamá, y cuántas veces llamé a Manu (mi partera) y luego todo se paraba, el único parámetro era que en cada episodio algo cambiaba, llegué a tener dos y medio de dilatación y el cuello algo borrado. 

 

Con todo esto llegue, sin creerlo, al 24 de mayo, a la tarde comencé a perder un poco de sangre, y ahí me di cuenta que el momento se acercaba, pero como cábala no hice nada en casa, no ordené ni limpie.

 

Ese mismo día por la noche era el cumpleaños de mi cuñada y nos juntamos con la familia a cenar, yo me sentía mal pero igual fui para no levantar sospechas, ya que todo el mundo estaba pendiente del parto y nadie de acuerdo.

 

Durante la cena siento tres contracciones seguidas que me dejaron sin aire, era un dolor duro en el bajo vientre, disimulando le ruego a mi marido que nos retiremos.

 

Llegamos a casa, voy al baño para ver como seguía la pérdida y pierdo el tapón. Me siento tan feliz.

 

Mi marido prepara unos mates y el reloj para ver como siguen las contracciones y se paran, pasan un par de horas y nada, ni una contracción. Nos vamos a dormir. A las 4 comienzan las contracciones, fuertes pero irregulares, a las 7 estaba dando vueltas por la casa, le digo a Diego que cuando empiecen a ser regulares llamamos a Manu, pero eso nunca ocurrió y a las 11 se paran las contracciones, y no volví a tener en todo el día. 

 

A esta altura luego de un mes con contracciones me angustiaba la idea de que si era capaz de ponerme de parto, si podría parir a mi hijo.

 

El 26 de mayo a las 5 de la mañana me despierta una contracción que me hace saltar en la cama, pero me vuelvo a acostar porque no quería creer otra vez que estaba de parto, pienso que cuando nos levantamos a desayunar todo se termina así que me quedo, y entre contracción y contracción que eran cada diez minutos me duermo.

 

Pero a la mañana no pasaron, y le pido a Diego que salgamos a caminar a ver si apuramos la cosa, caminamos despacito, con mi hija de la mano y sin darme cuenta comencé a despedirme de la panza, el día era tan bello que le dije a mi hijo que era un hermoso día de otoño para nacer, me sentía tan plena.

 

Las contracciones comenzaron a ser cada 5 minutos, volvimos a casa llame a mi mamá para que se llevara los niños y llamé a Manu.

 

Los dolores eran insostenibles de pie, con cada contracción corría a la cama y me ponía en cuatro patas y mi marido me masajeaba la espalda y así pasaba.

 

Mis niños se fueron felices porque no les gustaba mucho verme con esos dolores, y con Diego pusimos en orden la casa, prendimos la salamandra, pusimos música y seguíamos el ritual cada cinco minutos para pasar las contracciones.

 

Manu llegó a eso de las 4 y ya no llegaba a la habitación para pasar la contracción, sino que me apoyaba en una silla y balanceaba las caderas hasta que pasaba.

 

Ella me pregunta en dónde quiero tener a mi bebe, si en el comedor o en la habitación, le digo que en la habitación, por qué, no lo sé, pero ella empieza a acondicionar la habitación, tira colchas al piso, almohadones, corre la cama, etc.

 

Ahí nos encerramos los tres, me pregunta si quiero que me haga un tacto y yo le digo que sí, que quería ver como venia la cosa, ¡qué error!, eran las 7 de la tarde y las contracciones no me habían dado tregua y eran muy dolorosas, calculé que si ya tenia 2 y medio, ahora como mínimo debía tener 6, no se por qué hice ese cálculo, pero sólo tenia 4. ¡4 en todo ese tiempo! no importa, me decía a mi misma, me tranquilicé y respiraba, y con cada contracción caía al piso de rodillas, era incontrolable. A eso de las 10 de la noche comienzo a tener unas ganas incontrolables de pujar, yo no lo puedo creer ¿ya esta? Manu me hace otro tacto, ¿y? le pregunto, ¿que pasa?, “nada” me contestó, "no pujes con fuerza," ¿cuánto tengo de dilatación?, "algo más que antes", me contestó, "pero va progresando", ahí me di cuenta que seguía con 4, luego lo hablamos y ella me lo confirmó que seguía con 4 pero el cuello estaba borrado y el bebe había descendido.

 

Manu se fue a recostar un ratito en la habitación de al lado, la de mis hijos y nos dejo solos. Yo probaba posiciones, sentada, parada, en cuatro patas...y también pensaba, recordaba la cesárea, en lo que no había logrado, en lo que me habían robado, ¿¿¿y si me tenían que hacer de nuevo cesárea??? . Pensaba en el parto de mi hijo, en el maltrato, me imaginaba con ese dolor acostada, con goteo, con enema, y tan sola...Sentí que mi útero, que mi cuerpo iba a estallar y mi cabeza también, el dolor se volvía insoportable, no había respiro entre contracción y contracción. ¡¡NO PUEDO MÁS!!!! Empecé a gritar, ¡¡¡no puedo mássssssss!!!, no quería pensar más, me quería ir a dormir, quería que todo se terminara, pensaba que no lo lograría, que me iban a dejar sola, que me iban a cortar en dos para sacarme a  mi bebé. Manu entró a la habitación y me abrazó y comencé a llorar como si fuese una niña, le dijo a Diego que lo mejor era ponerme bajo la ducha que eso me iba a relajar. y fue cierto, volví a encontrar mi centro, el dolor menguaba y me dejaba llevar, ya no pensaba, solo quería parir a este hijo, los otros partos habían pasado ya, ahora le tocaba a Nereo. 

 

Eran las 12:30hs y salí de la ducha, porque ya no había agua caliente, y aparte quería estar en la habitación, donde la luz era tenue, donde el espacio era pequeño y me contenía, sabía que mi bebé iba a nacer al amanecer, no sé cómo, pero lo sabia, Manu me ofreció un sillón giratorio que usamos para la computadora, y ahí me quedé , me dormía cuando no había contracción, siguiendo la respiración de Manu, y mi marido me colocaba toallas (que calentaba en la estufa) sobre mi vientre y espalda, y eso me aliviaba mucho el dolor, mi mente se desconectó de la realidad, deliraba, era como si volara en algún laberinto de imágenes, quizás estaba en el planeta parto, ya no importaba nada, solo ese momento.

 

El tiempo se volvió inexplicable, sólo sentía la contracción, las nauseas y cuando pasaba volvía a caer en el sopor, no me importaba nada, como un delirio sentía la respiración profunda y tranquila de Manu. 

 

Deberían ser las 5 de la madrugada cuando mi cuerpo se cae sobre las rodillas y grito: ¡¡¡Bastaaaa!!!!

 

Manu me dice que me quería hacer un tacto, porque era probable que ya estuviese, efectivamente, muy contenta me dice "¡ya está! ¡estas completa!" Las contracciones pararon, y yo pensé que quizás me podía ir a dormir. Ella me toma de los brazos y me dice "ahora tienes que traer a tu bebé acá". Mi cuerpo se empezó a mover, a gatear en circulo, hasta que me encontré con la cama, de la cual me sostengo, era todo tan instintivo, mi cuerpo se movía por si mismo, comencé a pujar despacito, y ahí volvieron las contracciones, y cada vez pujaba más fuerte, y gruñía más fuerte, y pujaba y gruñía, y gritaba, pero un grito que salía desde adentro, desde lo más adentro de mi garganta. ¡¡¡Plaf!!! La bolsa, que sensación tan impresionante sentir el agua por mis piernas con tanta fuerza... pujo y siento que se me va la vida, siento que voy a morir en cada grito. Corona la cabecita de mi bebé y  me quema, arde y quema y pasa la cabeza, "nació, nuestro hijo nació" dice Diego llorando, Nereo empieza a querer respirar, y aun tiene su cuerpito dentro mío, viene otra contracción y siento como se desliza como un pececito. Ya está.

 

Inmediatamente tengo ganas de pujar. ¡La placenta!, no lo podía creer, me ayudan a sentarme, sale la placenta que apenas siento, y a Nereo aun le costaba encontrar el ritmo de la respiración, Manu le sopla un par de veces en su boca y listo, mi bebe estaba en mis brazos, tan grande, tan bello.

 

Así fue como parí a mi hijo, y me parí a mi misma. 

 

Gracias Diego, por haber sido mi sostén incondicional.

 

Gracias Manu, sois un ángel en nuestras vidas.