264. Mi PARTO. Por Ana Guadalupe.

Sobre: 
Parto Vaginal (PV)
Parto en casa
Categoría: 
Parto
Nombre padres: 
Ana Guadalupe
Álvaro
Nombre bebé: 
Sofía
Lugar de parto: 
Casa
Lugar: 
La Alberca, Murcia
Año: 
2011
MI PARTO Ana Guadalupe Noguera Larrosa
 
Eché el tapón mucoso el 27 a las 5:00 AM y pensé que el parto sería ese día, pero pasaron las horas y lo único que tenía eran contracciones de braxton-hicks espaciadas cada varias horas.
 
Al día siguiente por la tarde Álvaro y Diego se fueron al parque y yo me quedé descansando en casa. Dos horas tardaron en volver, y cuando llegaron yo estaba en la pelota de pilates con el cronómetro colgado porque las contracciones eran cada 10 minutos. Álvaro me dijo: “¿es que estás de parto?” y le contesté: “no sé, creo que sí”.
 
Pasados unos 30 minutos dolían más y decidimos llamar a Choni. Eran las 20:30 aproximadamente, y tardó unos 45 minutos en llegar. Las contracciones eran de 3 minutos. Yo seguía estando bien en la pelota.
 
Hubo un momento en que sentí que algo se había movido dentro o era un retortijón, y al levantarme de la pelota vimos que se había roto la bolsa. El líquido era limpio. Choni se fue a casa de una compañera a recoger las pinzas para el cordón y Álvaro y Diego se fueron a la calle para que Diego se durmiera.
 
Me quedé sola unos 20 minutos en los que puse la casa en penumbra y dejé que las contracciones vinieran sin intentar frenar el dolor, lo vivía con toda su intensidad. Había un momento de las contracciones en las que el dolor coincidía con un momento del orgasmo e intentaba quedarme con esa sensación, dejaba que mi cuerpo y mis gritos se fuesen a ese espacio, así pasaba una tras otra y no pensaba, sólo sentía, todo me daba igual. En cada contracción iba cayendo líquido amniótico y me bajaba por las piernas.
 
Cuando volvieron primero Choni y después Álvaro y Diego ya estaba de 5 centímetros, las contracciones eran muy seguidas y casi no podía descansar de una a otra. Choni me llenó la bañera de casa de agua caliente para ayudar con el dolor, me metí y sentí alivio. En un momento dado Choni me preguntó si tenía ganas de empujar. Creo que me lo preguntó porque cambió el sonido que yo emitía en cada contracción. Le contesté que no sabía si quería empujar y de repente, en la siguiente contracción, me di cuenta de que sí quería empujar.
 
Me salí del agua (ya no me apetecía) y me puse de pie. Choni me preguntó si quería ir a otro sitio. Le dije que no, que me quedaba en el aseo. Me ofreció la silla de parto y accedí encantada de sentarme. Las contracciones venían pero solo aliviaba el dolor si empujaba. En un momento dado necesité apoyarme en algo o alguien detrás y se puso Álvaro. Fue un gran alivio. Empujé y empujé y Choni nos dijo que tocáramos la cabeza del bebé. Allí estaba, y de repente, en uno de los pujos, sentí el famoso círculo de fuego. Quemaba, escocía, y era la cabeza de mi niña a punto de salir en la siguiente contracción. Esperaba que fuese más tarde, pero de repente Choni me la puso encima. Se resbalaba cual pececillo y sentimos una gran felicidad los dos de ver a esa criaturica que tanto esperábamos. Eran las 23:57 del miércoles 28 de septiembre.
 
Álvaro cortó el cordón una vez había dejado de latir, y nos trasladamos a la cama, con la placenta todavía dentro. Al poco rato Choni trajo la silla y me senté, y de nuevo con dolores de parto alumbré la placenta, y sentí un gran alivio.
 
Me cosió un pequeño desgarro por la zona de la anterior episiotomía, las endorfinas estaban a tope, me sentía superfeliz, en mi casa, en mi cama, con mis dos hijos y mi chico. Por supuesto con Choni, que me dejó libre en mi parto, estuvo en el desarrollo pero sin intervenir apenas, aunque sentir su mirada y presencia daba seguridad. Álvaro se comportó como una auténtica doula, y supo estar sin molestar y a la vez presente. No hubo separación con el bebé, que se enganchó a la teta pronto, y esa noche fue piel con piel.
 
Por fin mi sueño realizado, ahora sé lo que es un parto, conozco las fases una a una, y el dolor al que tanto miedo tenía fue un aliado y una escalera hacia la felicidad. En ningún momento se me pasó por la cabeza que podía pasar algo malo ni tuve miedo. Transcurrió de una forma natural, salvaje, intuitivo e íntimo.
 
La Alberca, a 10 de octubre de 2011