346. Daniel, mi niño del amanecer

Sobre: 
Parto Vaginal (PV)
Parto en casa
Pérdidas. Siempre en el corazón
Categoría: 
Parto
Nombre padres: 
Carmen
Jose
Nombre bebé: 
Daniel
Lugar de parto: 
En casa
Lugar: 
Arequipa
Año: 
2013

Relato publicado originalmente en Niños del Agua.

El 29 de abril de 2012 mi esposo y yo comprobamos con gozo que yo estaba embarazada, sería nuestro segundo hijito/a. Al primero que hicimos partícipe de esta buena noticia fue a nuestro hijo Pablo, que ahora se convertía en hermano mayor. 

El embarazo fue un tiempo hermoso personalmente, como pareja y en familia. Estábamos llenos de alegría por tener otro hijo, además ilusionados de tenerlo en otro país, Perú. Superé la nostalgia de la tierra, de la familia y los amigos que sentimos los extranjeros cuando vivimos momentos tan trascendentes lejos del hogar. Me preparé, nos preparamos, y nos rodeamos aquí de gente maravillosa que nos acompañó.
Encontramos un equipo de profesionales que trabajaban para hacer partos respetados. Ellas me hicieron todo el seguimiento de mi embarazo. Como todo transcurrió sin ningún problema decidimos parir en casa. 
A las 39 semanas y dos días de gestación me puse de parto. El día 22 de diciembre por la mañanita eché el tapón mucoso. Estábamos serenos y felices. El día anterior el ginecólogo me había hecho una ecografía y nos había dicho que estaba todo bien. Avisamos a nuestras familias y amigos de España que encendieron sus velitas para acompañarnos. Llamamos a la matrona para que estuviera preparada y avisara al resto del equipo, una médico y dos doulas. Pasamos el día tranquilos, preparamos las cosas que necesitábamos para el parto en casa, bailamos, nos tomamos fotos… que poco quedaba ya para que Daniel naciera y estuviéramos los cuatro juntos, de otra manera… Jose, mi esposo, preparó un rico puchero, con hueso de jamón que nos había mandado mi madre, así nos sentiríamos un poco más cerquita de nuestra tierra. 
Habíamos preparado a Pablo en el caso de que estuviera despierto durante el parto. Almorzamos juntos y después Pablo se quedó dormido. Jose y yo pasamos la tarde tranquilos, las contracciones cada vez eran más fuertecitas y seguidas. Avisamos a la matrona y todo el equipo llegó a las 11 de la noche. Pablo se despertó a esa hora. Jose le dio de cenar con ayuda de las doulas. Me exploró la matrona y estaba ya de 5 cm de dilatación. 
Estábamos en mi habitación, rodeada de mi música y bajo la luz de las velas que me habían mandado desde España mis queridas mujeres, madres y hermanas del corazón. 
Mi esposo me susurraba al oído, me acariciaba y me daba masajes. Yo iba cambiando de postura y recordaba eso que me habían dicho para mi primer parto: “cada contracción una menos para verte”. Pablo terminó de cenar y también se vino a la habitación a acompañarnos, me daba besitos y me acariciaba. A las 2 y 14 de la madrugada del día 23 de diciembre de 2012 nació mi pequeño Daniel. Lo recibió su padre y me lo pasó a mi, lloró un poquito. Tenía sus ojos abiertos, eran color de cielo. Me lo pusieron al pecho. Al poco empezó a mamar en mi pecho izquierdo. Pablo que estaba a mi otro lado mamó también un poquito del derecho. Qué felicidad más grande, mis dos hijos en mi pecho, bajo mi regazo. 
Daniel siguió en mi pecho. Pablo cortó el cordón umbilical en un gesto que llenó el ambiente de más ternura aún y que nuestro hijo no olvidará nunca. Alumbré la placenta sin dificultad. Daniel se había quedado dormido. A las 4 de la mañana la matrona, que había estado cosiéndome los puntos, lo notó demasiado quieto. Cogió a Daniel y lo vio raro, demasiado dormido. La matrona, junto a la doctora, lo auscultaron, parecía que su corazón no latía… Empezaron a  reanimarlo. Avisaron a mi esposo que estaba en el salón llamando a nuestras familias de España diciéndoles que todo estaba bien. Jose también ayudó en la reanimación. Yo no paraba de rezar. Después de una media hora de reanimación, no se pudo hacer nada más. Estaban saliendo los primeros rayos de sol, mi esposo me cogió de la mano con nuestro hijo Daniel en brazos y empezó a rezar: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”…
En ese momento no pude llorar, mi cuerpo tenía demasiadas endorfinas… Solo me decía a mí misma que la muerte no podía tener la última palabra y que el AMOR era más fuerte.
Después vino la locura de tener que tomar decisiones tan duras sobre cómo y dónde enterrar a nuestro hijo y fueron muchos los horribles trámites que tuvimos que hacer. En todo ese huracán recuerdo como un bálsamo en mi alma rota, el grito de desgarro y de dolor de mi madre cuando la llamé por teléfono para decirle la noticia. Ella expresó, le puso voz, a mi dolor. También guardo como tesoro en mi corazón las palabras y la cercanía de Isabel, la que iba a ser, la que realmente es, la madrina de mi hijito Daniel. Ella a pesar del desconcierto tan grande se tumbó a mi lado en la cama y me dijo: “cuéntame tu parto”. Me ayudó a conectarme con la grandeza y el milagro de la VIDA.
No me quise cortar la leche porque para mi significaba negar lo que había pasado: yo había parido… Además, mi hijo mayor Pablo seguía tomando pecho, no le iba a quitar el pecho de esa forma tan traumática. Pablo mamaba y me aliviaba, pero él no podía hacerse cargo de tanta leche. Con mucho dolor, sobre todo en el alma, me tenía que levantar por las noches para vaciarme un poco los pechos. Fueron momentos muy duros, muy dolorosos, pero poco a poco fueron pasando los días lentamente.
Con el paso del tiempo, el mucho dolor que hemos vivido se está transformando poco a poco en paz. Su lugar nunca nadie lo podrá ocupar y mi amor por Daniel, mi niño del amanecer crece cada día. Poco a poco vamos aprendiendo a dejarnos querer también por Daniel, que en la “otra orilla” nos espera. Como me dijo una querida amiga, nuestra maternidad es una “maternidad diferente”. Nuestros niños del agua y del amanecer, en su corta vida, nos traen un mensaje de amor y esperanza y son un puente entre el mundo visible y el invisible, entre el cielo y la tierra. Desde la “otra orilla” nos susurran, nos hablan al corazón…, ojalá nunca dejemos de escuchar su voz.

 

Carmen Mª Martín Cortés
Arequipa, 4 de junio de 2013

Rema mar adentro