295. Carta de un padre a un director de hospital.

Sobre: 
Cesárea
Separación Madre- Bebé
Contados por el padre
Categoría: 
Posparto
Nombre padres: 
José Antonio
Lugar de parto: 
Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina
Lugar: 
Talavera de la Reina
Año: 
2013

A/A del Señor/a Director/a del Hospital Nª Sª del Prado, del Jefe del Servicio de Pediatría y Neonatología y de la Supervisora

Por el derecho a conocer a nuestra hija


Mi nombre es Jose Antonio, casado con Elena, vecinos de Ciudad Real, aunque mi esposa es de Talavera, ciudad donde viven sus padres.

Me van a permitir que a partir de aquí el estilo del escrito cambie a una carta dirigida, por ejemplo, a mi padre; en cuyo lugar quiero que se pongan ustedes. Imagínense que la carta se la ha escrito a ustedes su hijo y que los hechos transcurren en un hospital de cualquier lugar de España que ustedes no conocen.

 

Querido padre:

Como sabes, hasta el último día estuvimos planteándonos donde queríamos que naciera la pequeña; si en un hospital público o en algún hospital privado; al final, pensamos que un hospital público nos ofrecía más garantías en el momento de un eventual problema en el parto.

Como sabes, el día 9 de enero, en un hospital público del que no teníamos malas referencias, después de un final de embarazo complicado (oligoamnios severo y posición podálica), nació nuestra hija Emma a las 37 semanas de gestación, con 2,480 kgrs.

Después de muchos meses leyendo libros sobre el embarazo, los partos, los beneficios de lactancia materna, los beneficios del contacto madre-hijo, primeros cuidados del bebé, etc.,  e imaginándome como sería el momento en el que viera a mi hija junto a mi mujer…  y después de muchas horas esperando en la puerta del quirófano, de repente, salieron dos señoras vestidas de blanco, verde o azul (ya no lo recuerdo) y dijeron que era la niña que llevaban en un carrito era la hija de Elena (mi mujer). Que me fuera con ellas que la llevaban a la unidad de neonatos y que ya saldría alguien a la puerta del quirófano a contar como estaba la madre.

Les pregunté por el estado de la niña y me dijeron que si no me había contando nada la pediatra, ya me contaría. Que esperara en la puerta de la unidad de neonatos.

Yo estuve un rato allí esperando, pero como no venía nadie y no tenía ni idea de como estaba la madre, salí corriendo nuevamente a la puerta del quirófano. Como mis suegros no habían visto a nadie que saliera a dar explicaciones, volví a bajar corriendo hasta la unidad de neonatos, y repetí esto durante por lo menos 7 veces subiendo y bajando, preguntándome cómo estaría mi hija y mi mujer, con el corazón dividido en dos. Como puedes comprender, se me hizo una eternidad y resulto un rato malísimo para mi.

Entre tanto comenzó la media hora de visita para los padres y pude pasar al lado de la incubadora donde estaba mi hija. Un buen rato después de acabar la visita, aproximadamente 1,5 horas después del parto, vino la pediatra que se había tenido que ir a urgencias a atender a un niño y muy amablemente me contó que la niña estaba bien, pero tenía un pequeño quejido que casi seguro le desaparecería en breve. Yo le conté que queríamos hacer piel con piel y que si mi mujer no podía por la cesárea (posibilidad que sabemos existe en otros hospitales, donde ya se puede hacer en una sala de recuperación especial para este menester) la haría yo; a lo que me respondió que me dejarían hacerlo por la tarde.

Sobre las 16:00 horas, sacaron a mi mujer de la sala de reanimación y la llevaron a la habitación. Llevaba esperando habitación en esa sala, al menos, desde las 14:00 h.,  habiendo visto apenas unos segundos a su pequeña y sin que nadie se pasase a contarle algo sobre su estado general, etc, etc.

Una vez en la habitación, como tenía que estar en la cama, solicitó poder ver a su pequeña y poder comenzar a intentar sacarse calostros. Ambas cosas, le contaron que podría hacerlas al día siguiente, cuando se pudiera levantar.

Yo, a las 18:30, me fui y recordé a las personas que estaban en la Unidad de Neonatos, que la doctora había dicho que podía hacer el piel con piel y me la dejaron unos 45 minutos, 45 minutos que estuve llorando a moco tendido de la emoción.

Mientras tanto, esa noche mi mujer no hacía nada más que pensar que tenía que ponerse la niña para empezar a producir calostros y su ansiedad y preocupación se hacían cada vez más grandes.

Al día siguiente, transcurridas 24 horas desde que había parido a la hija que había llevado en su barriga durante casi 9 meses, mi mujer comenzó a intentar levantarse animada por las ganas que tenía de verla, aunque la tensión arterial baja no le dejaba, por lo que tuvo que esperar a estar disponible, sobre las 20:00 horas, momento en el que la llevé a toda velocidad con la silla de ruedas a la unidad de neonatos para que pudiera tener a su pequeña en los brazos. Una vez que pasamos allí, le dijeron a mi mujer que no se podía poner la niña sobre el pecho, porque a la niña había que sacarla de la incubadora para periodos de al menos una hora y que ella no tenía pinta de poder aguantar una hora con la niña en brazos, a lo que respondimos que si se diera ese caso me haría cargo yo de la niña a lo que una de las enfermeras respondió que no, que a esta edad se están realizando las conexiones neuronales y que los estímulos son perjudiciales para el bebé prematuro (recuerda que nuestra niña no es apenas prematura ya que 37 semanas se considera embarazo a término). No obstante, yo le recordé a la enfermera que a mi me habían dejado el día antes tenerla un ratito; a lo que me respondió que a mi me la dejaron porque el pediatra no era neonatólogo, pero que no me la tenían que haber dejado; que no podíamos ser egoístas y teníamos que pensar en lo mejor para nuestra pequeña. ¿?

Justo después de la corta visita en la que mi mujer, después de 30 horas de espera desde el parto, pudo verla desde la silla de ruedas en una incubadora con unas toallas alrededor que prácticamente hacían imposible incluso el contacto visual, nos fuimos al sacaleches de la planta de ginecología para que Elena empezase a estimular la producción de leche, y como ya conoces a Elena que tiene una paciencia y un amor propio increíbles se puso, e insistió e insistió y al rato ya tenía 10 ml de leche en el botecito, así que los cogí y le dije a Elena: - Voy a llevárselos para que se los den a Emma y me dijo: - llévame a mi también que me hace mucha ilusión. Y así lo hice. Cuando llegamos a la puerta nos hicimos ver y salió una de las chicas y nos miró y nos habló con cierto cabreo, diciéndole a Elena que qué hacía por allí otra vez, que no se obsesionase y que lo que tenía que hacer era descansar. Hasta tal punto que amablemente le tuve que llamar la atención y decirle que no se cabrease con nosotros que éramos unos padres primerizos llenos de ilusión por nuestra pequeña. La verdad es que nos quedamos muy decepcionados con la actitud que esa tarde habían tenido con nosotros….

Por fin al día siguiente, viernes 11, le insistí al pediatra, en el momento después de la visita, que Elena quería cogerla y nos dijo que sí, además porque ya sacaban a Emma  de la incubadora, así que por la tarde allá se fue Elena a coger a su pequeña por primera vez, dos día y medio después de que hubiera nacido; y no obstante, la enfermera puntualizó que cogerla sí, pero que el doctor no había dicho nada de ponérsela a mamar. Así que en algún momento que la pequeña se acercaba al pecho Elena sentía miedo por si la pillaban intentando darla de mamar y la echaban de allí.

Ese día por la mañana, sobre las 12, había ocurrido otro hecho que nos dejó estupefactos a todos los padres que estábamos frente a las cristaleras, cerradas a cal y  canto, esperando a que llegase la ½ hora de visita. Se pusieron a renovar las cortinas con unas nuevas, con globitos, y el modo de cambiarlas fue propio de una casa de algún famoso acosado por la prensa rosa que quiere preservar totalmente tu intimidad, una persona iba retirando la cortina vieja, y otra iba empujando con la nueva la cortina vieja sin dejar ni un solo milímetro entre ambas, con un cuidado tan extremo que nos quedamos todos sorprendidísimos y comenzamos a comentar nuestra falta de entendimiento de qué había ocurrido en aquel lugar en aquel momento.

Fíjate que en el año 2013 cuando hasta en una hamburguesería donde te preparan una hamburguesa de 4 € tienen cristalera para que puedas ver como te la hacen; cuando una de las señas de calidad y de las herramientas comerciales para que los padres que dejan a sus hijos con 3 años de edad en una guardería es la opción de poder verlos en cualquier momento con una cámara web; en este hospital a tu recién nacido, totalmente indefenso, al que apenas conoces porque apenas te han dejado verlo, lo tienen encerrado en un cuarto a cal y canto y te permiten un régimen de visitas totalmente carcelario, haciéndote un pequeño guiño para que te hartes de verlo dejando abiertas las cortinas durante una hora y media por la tarde para que puedas embriagarte viendo a tu hijo a 4 metros de distancia a través de una cristalera doble y los plásticos de la incubadora.

Por más vueltas que le doy no alcanzo a comprender porqué razón esas cristaleras están cerradas 22,5 horas al día. Está claro que las cortinas no evitan ruidos, ¿será que las miradas de amor de los padres pueden dañar a los recién nacidos? ¿será tal vez porque el personal que trabaja no quiera tener a padres vigilando sus movimientos? No lo sé, lo que sí sé es que no parece algo de estos tiempos, sino de otros tiempos u otros países lejanos y mucho menos desarrollados.

Otra cosa que he notado estos días es que algunas de las personas que trabajan en esta unidad, cada vez que entras a ver a tu hija, cada vez que llevas un botecito de leche materna para que se la den, cada vez que preguntas que tal ha comido te miran con cara como si estuvieses cometiendo algún delito. Esto, me hace preguntarme cómo actuarían si un ser querido de ellas tuviese a su hijo dentro de la unidad; ¿lo tratarían como nos han tratado a nosotros?. También, tengo que decirte que no todas mantienen esa actitud; entre ellas, algunas son mas humanas; e, incluso, amables y cercanas.

Fíjate en el detalle que observé el día que hice el piel con piel con Emma, mientras yo estaba dentro de la unidad por la tarde vi que uno de los niños prematuros que estaba en la unidad, Iovani, lloraba y le estaban cogiendo en brazos e incluso le pusieron un supositorio porque no hacía caquita. Pues bien, al día siguiente su madre, durante la visita, me contó que a ella aún no se lo habían dejado coger en brazos ni una sola vez. Y había nacido el 24 de diciembre, el personal si lo manipula para cambiarlo, curarlo, alimentarlo, etc. pero su propia madre no tiene el derecho de cogerlo en brazos…. No lo logro entender…

Por lo general los pediatras han sido más amables, pero yo entiendo que ellos son los máximos responsables de promover el contacto entre padres e hijos, la transparencia y posibilidad de verlos en cualquier momento, etc. Porque lo que he conseguido de ellos ha sido a fuerza de pedir e insistir.

El sábado 12 cuando le dieron el alta a Elena se lo dieron también a la mamá de Oscar, un niño de 4 kilos que tiene un problema con la glucosa (o con las transaminasas, no estoy seguro) y me la encontré en su silla de ruedas esperando a la hora de la visita llorando como una magdalena. Le pregunté que porqué lloraba y ella me dijo que porque le habían dado el alta a ella y no estaba dispuesta a irse del hospital sin haber tenido a su hijo en sus brazos. Tres días después de haber nacido, solo lo había tocado por el agujerito de la incubadora, y por lo visto la razón que le habían dado para no sacarlo de allí era que como tenía una vía cogida resultaba muy complicado sacarlo de la incubadora. Yo le dije que le insistiera al pediatra y le dijera que ella, fuese como fuese, quería tenerlo en brazos. Al final la dejaron. En ese momento salí un momento de la unidad a buscar a Elena y vi a los familiares de la madre de Oscar súper preocupados por su hija y les dije que ya se lo habían dejado coger, y se pusieron a llorar de la alegría… Hay que ver con que poco nos sentimos felices en algunas ocasiones…

Sabes que Elena se ha estado informando muchísimo sobre los beneficios de la lactancia materna, etc.; pues, en la unidad de neonatos en cuando le toca comer al recién nacido le colocan su biberón correspondiente por defecto, así que desde el día que sacaron a Emma de la incubadora estamos intentando que se enganche al pecho de su madre pero no hay manera, ya que ha probado el biberón.

Estos días hemos compartido nuestros sentimientos con los padres del resto de niños y todos coincidimos en que no es normal el mal trago que hemos pasado todos, más que por la enfermedad de nuestros hijos, que afortunadamente ninguno estaba grave, por la separación drástica de los padres y el recién nacido, el clima poco cordial y el trato recibido por algunas de las personas que trabajan en la unidad.

Al final hoy día 14 de enero todo ha finalizado y tenemos por fin a nuestra hija en casa, por lo que estamos llenos de gozo. Es una pena que recordemos el mejor momento de nuestra vida como algo traumático, achacable, en mi opinión, a la falta de un protocolo que garantice el contacto padres-recién nacido, y la actitud poco humanizada de ciertas personas.

Pues bien, el lugar en el que han ocurrido estos hechos ha sido el Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina entre el día 9 y 14 de enero de 2013.

Fdo: José Antonio