775. Nacimiento Leo, Clínica La Antigua, Guadalajara

Sobre: 
Parir en tiempos Covid-19
Parto Vaginal (PV)
Episiotomía
Separación Madre- Bebé
Categoría: 
Parto
Lugar de parto: 
Clínica la Antigua
Lugar: 
Guadalajara
Año: 
2020

En primer lugar, me gustaría indicar que normalmente los partos en Guadalajara se atienden en el Hospital Universitario. Ante la pandemia del Coronavirus, se decidió trasladar toda la sección de pediatría, neonatología y obstetricia a la Clínica la Antigua, de gestión privada, para separar a las mamás y los bebés de las personas contagiadas. Saber esto me dio esperanzas, y, a pesar de que yo había elegido otro Hospital para dar a luz porque quería un parto respetado y lo menos intervenido posible, estaba tranquila.

 
A las 20:00h del 06 de abril rompí la bolsa, con aguas claras y sin contracciones. Estaba feliz y relajada y quería esperar en casa a que todo siguiera su curso y acudir a la clínica con las contracciones regulares y seguidas, pero mi pareja y yo decidimos acudir a la clínica en torno a las 23:00 horas. Nada más llegar leímos en un folio a la entrada que no se permitían acompañantes en ningún proceso obstétrico. A los pocos minutos estaba a la puerta de una sala sola y echa un mar de lágrimas porque iba a dar a luz a nuestro primer hijo sola y su padre no iba a poder conocerle hasta que saliéramos de allí.
 
La llegada a la "sala" de monitores me pareció digna de una película de terror. En una sala pequeña, tres camillas con monitores, sin separación entre ellos, sin un mísero biombo o espacio para la intimidad y allí dos mujeres pasando sus contracciones. Mientras monitorizan a mi bebé, le sugiero a la chica de la camilla de al lado que se levante en las contracciones y busque una postura cómoda para sobrellevarlo, y me dice que no la dejan levantarse. Sufro mucho por ella y vuelvo a llorar, pensando también en mi propio proceso. El monitor sale perfecto pero sin contracciones y me dicen que pasaré la noche en la habitación y que si el parto no se inicia, me lo provocarán a la mañana siguiente. La celadora que me había llevado a monitores me baja a la salida para dejarme hablar con mi pareja y podemos despedirnos. Él me anima, me apoya y me da fuerzas, y voy a la habitación con fuerzas, sabiendo que mi bebé va a nacer esa noche sin provocarlo y con confianza en mí misma para hacerlo lo mejor que pueda.
 
En la habitación, hay otra mujer ingresada con su bebé. Esto me desconcierta, porque no entiendo cómo es posible que no estemos aisladas ni en monitores ni en las habitaciones y sin embargo no dejen a nadie acompañarnos. Intento tumbarme a descansar y de pronto ¡Empiezan las contracciones! Me siento emocionada, no va a haber que inducirlo y estoy más cerca de tener a mi bebé conmigo. No me lo puedo creer, pero en menos de dos horas, las contracciones vienen cada minuto y medio y se hacen fuertes y más prolongadas. ¡esto va rápido! Aguanto el dolor con respiraciones, pero frustada porque no quiero molestar a la compañera de la habitación, que intenta descansar con su bebé. Aviso a la enfermera y vuelvo a que me exploren. He borrado todo el cuello y he dilatado dos centímetros, el monitor sigue perfecto para el bebé. Me ofrecen la epidural, pero yo prefiero no usarla si puedo evitarlo así que la rechazo, por lo que la matrona me dice que vuelva a la habitación para seguir dilatando tranquila. Vuelvo a la habitación excitada pero más o menos confiada. 
El dolor es cada vez más intenso y empiezo a notar la presión del bebé y muchas ganas de ir al baño. Voy con miedo varias veces, empiezo a necesitar a alguien conmigo. Escribo a mi pareja, pero por whatsapp no me siento acompañada. No quiero hacer ruido con las contracciones. Pienso que lo mejor es darme una ducha con agua caliente sobre la espalda, pero en el baño no hay ducha; sólo una alcachofa junto al retrete. Al ver que no voy a poder hacerlo sin empapar todo, desisto. De pronto me siento sola, asustada e incapaz de controlar el dolor e incapaz de disfrutar de la sensación de mi bebé descendiendo. 
 
Vuelvo a llamar a la enfermera y bajamos de nuevo a explorar; he dilatado hasta cinco centímetros en unos cuarenta y cinco minutos, así que me quedo en el paritorio. No puedo más y pido la epidural. En medio de una contracción me hacen preguntas sobre los apellidos del bebé y no puedo contestar; oigo a la persona que me ha preguntado en la sala de al lado gritando "¡Vaya elenco tenemos esta noche! ¡Seguro que luego se queda de que no está bien". Estoy confusa, muy sola y ahora enfadada. 
 
De pronto me dicen que Leo está sufriendo, que con cada contracción el latido se reduce y que van a tener que hacerle el PH. Me siento culpable, esto es porque no estoy respirando bien, porque no he sido capaz de controlarme. Le ponen monitorización interna y no puedo dejar de llorar. No me dejan beber agua y no puedo moverme. Me ponen un medicamento en la vía y pregunto qué es, (ya hace rato que hacen de todo sin informarme) y me dicen que es para parar las contracciones y evitar el sufrimiento. Yo no entiendo nada, ¿No sería mejor que las contracciones sigan y el bebé nazca? Entonces me dicen lo que más temo en el mundo: bajamos a quirófano porque a lo mejor nace por cesárea.
 
En quirófano, la ginecóloga me explora y exclama "¡Es un parto vaginal"! Empiezo a llorar de alegría, ¡Voy a poder dar a luz a mi bebé! Pero su exclamación viene con un aviso "Tiene que salir cuanto antes". Todavía noto bien las contracciones a pesar de la epidural, así que empiezo a empujar cuando me dicen, exhalando como había aprendido y practicado. Me dicen que no, que empuje en apnea, y me veo en litotomía, empujando en apnea y con una persona sobre mí empujando, a pesar de que voy notando como baja con mis pujos y que incluso se han sorprendido de lo fácil que iba descendiendo. Me ponen oxitocina artificial. Entonces me practican una episiotomía que yo no quería. A los pocos empujones, Leo se abre paso y nace a las 06:45 h, ¡Llora mucho, tiene buen color y está perfecto! Le pido que no corten el cordón, pero ya es tarde, lo ha cortado antes. Me dicen que es porque venía sufriendo y seguramente habría que llevárselo; me enfado, pero tengo a mi bebé encima y eso es mucho más importante. 
 
Mi bebé llora, está encima de mí, noto su calor, se mueve perfectamente, pero el personal me empieza a decir que no respira bien. Yo no entiendo cómo es posible que me digan eso si se le ve bien y está llorando normal. Insisten y se lo llevan, diciéndome que no oxigena bien y que le dejan en neonatos. Estoy sola, preocupada, sin mi bebé, pensando que quizá lo he hecho tan mal que por mi culpa no respira bien. Y así paso más de una hora, sola en la habitación del paritorio donde me han dicho que "Aproveche y me duerma, que luego me voy a cansar de él, así que mejor no quejarse"
 
Por fin, después del tiempo más largo de mi vida, traen a mi bebé. Está perfecto, sanísimo, no le pasa nada, el alivio es inmenso. Con el alta, veo los resultados del Test de Apgar: 9/10. Resulta que hay un protocolo de separación (¿?) por el virus del que no se me ha informado. Me siento estafada, humillada, furiosa, porque sospecho que mi bebé estuvo bien todo el proceso y me han manipulado y engañado para acortar el parto y separarnos sin que me queje. 
 
El ingreso, por suerte, está limitado a 24 horas; las primeras 24 horas con tu bebé, agotada, abrumada, tienes que pasarla sola, en una habitación en la que llegamos a ser tres mamás juntas porque pusieron una camilla extra al no haber espacio en la clínica para todas las ingresadas. En esas 24 horas, se me ofreció lactancia de fórmula en reiteradas ocasiones, le dieron fórmula en una jeringuilla y una auxiliar me dijo que se llevaba a mi bebé sin explicaciones, le tuve que arrancar que se lo llevaba al baño, y me regañó (literamente) por tener a mí bebé piel con piel conmigo en la cama, porque, según ella, "Dónde mejor están los bebés es en la cuna con su pijama".
 
Espero que con las firmas que se están recogiendo y las acciones oportunas, cambie la manera de atender los partos en Guadalajara. Nunca sabré si mi bebé sufrió en el parto, pero sí sé que se lo llevaron sin necesidad, que le privaron de los nutrientes de la placenta y de los beneficios del piel con piel en las dos primeras horas de vida. 
 
También quiero reconocer que no todo el personal fue igual y que algunas personas me dieron, dentro de lo posible, algún aliento y apoyo.