639. Mi parto, la historia de Rosana

Sobre: 
Episiotomía
Parto Vaginal (PV)
Parto Instrumental (PI)
Separación Madre- Bebé
Unidos en Neonatos
Maniobra de Kristeller
Categoría: 
Parto
Nombre padres: 
Rosana
Lugar de parto: 
Hospital Universitario Infanta Elena
Lugar: 
Madrid
Año: 
2017

Era Viernes, 04/08/2017, me levanté con mi “supertripa”, eran las 7:00 de la mañana y la noche, como las anteriores y a estas alturas, ya era pasarlas en vela. Como ya sabréis que, si eran las 7 de la mañana, es porque iba al baño… una vez más… Mi pensamiento era “a ver si doy a luz ya!”, a la desesperada. Fue volver a la cama cuando rompí aguas y para sorpresa nuestra, el agua venía manchada, con meconio. Así que como bien nos dijo la matrona en los cursos de preparación al parto: salimos corriendo. No tenía contracciones.

A las 7:45 estábamos en el Hospital, Hospital Universitario Infanta Elena. Cuando llegué informé de la rotura de bolsa, del meconio, pero no habían contracciones. La matrona que me atiende me dice que podría mandarme a casa, que es pronto, pero que al haber roto la bolsa y de estar sucia el agua, me quedaba ingresada.

Me ofreció una ducha, a la que acepté porque recordé, por el curso, que el agua caliente ayuda a dilatar y en ese momento sufrí mi primera contracción. Me guiaron hasta el paritorio. Una habitación sencilla, con baño y ducha. Un sillón, un mueble al fondo con suero y otras cosas propias de hospital.

Tras la ducha y un “seudo” camisón, me tumbé en la cama y me monitorizaron. Ya empecé a imaginar que poca movilidad iba a tener. Las contracciones venían cada 5 min, eran insoportables. Días antes me planteaba: SI epidural o NO epidural y una parte de mí quería que fuera lo más natural posible. Me veía fuerte ante el dolor, me imaginaba valiente, pero he de reconocer que con cada contracción se me daban la vuelta los ojos y, no sé si es exagerar y aquí cada una con su percepción del dolor… llegaba incluso a marearme. Cada 2x3 venían a cambiarme el empapador, no dejaba de expulsar líquido amniótico sucio y desde el primer tacto que me hicieron al llegar, hasta las 16:00 no volvieron a hacerlo.

Dilatada de 4cm, oficialmente estaba de parto.

Con cada contracción me retorcía, eran cada vez más seguidas y mi matrona me ofreció óxido nitroso,(sí, gas de la risa) está de moda. Me indicó cómo utilizarlo; debía inhalar el gas únicamente cuando llegara la contracción. No alivia el dolor, sólo hace que lo pases “de otra manera”. Me daba mucha flojera, incluso llegué a reírme por la sensación pero el dolor no remitía.

Sin preguntarme apareció el anestesista, un hombre de pelo cano. Pidió que mi marido abandonara la sala y le echó la bronca a la matrona por traerme la bombona de óxido nitroso. Fue desagradable con ella y pareció que se quedó en un punto y aparte, que después le caería más... Al intentar sentarme en la cama me dio una contracción y como no fui rápida me dijo, de muy malas maneras, que tenía que sentarme como él me había ordenado, que no iba a ser a mi gusto. Le respondí que estaba teniendo una contracción y el “señor” me contestó que después de una contracción, viene otra y así sucesivamente. Su trato no tenía mucho sentido. Me puso la epidural y sólo en ese momento pareció ser amable y me explicó paso por paso lo que iba a sentir.

Me deseó un buen día y se fue dejando el ambiente tenso. Acto seguido la matrona me recomendó dormir, porque, aunque dilataba de manera natural, me dijo que “iba para largo”.

Algo no iba bien. Cómo era posible en el curso de preparación al parto me dijeran que estaba prohibido dormirse con la epidural y aquí me estaban animando a ello?? De hecho me bajaron la persiana…

A todo esto… y comer? Beber? Desde las 7 de la mañana estaba en ayunas. Antes de la epidural me permitían beber, agua o aquarius, después también pero muy poco, sorbitos. De nada me sirvió, por muy poco que bebiera, con toda la sed que tenía… lo vomitaba todo.  Y me hice hasta ilusiones con lo de “parto vomitado, parto terminado” pero nada que hacer. Llamamos a la matrona para saber si había alguna forma de controlar los vómitos y la solución fue: no beber. Llegué a vomitar como unas 4 o 5 veces a lo largo de esa tarde. Muy angustioso.

Lejos quedó la idea de poder caminar con la epidural puesta, bueno y sin ella, porque con los monitores muy lejos no podía ir. La oxitocina era baja y la epidural me durmió más una pierna que la otra. Se eternizó la tarde, con siestas cortas hasta las 00:00, el cambio de fecha. Ahí me desvelé. Aun no había dilatado el 100%, estaba cansada de esperar y molesté a la nueva matrona para que controlara mi dilatación.

Ambientaron la habitación para que estuviera tranquila (“más”), pero la epidural empezó a hacer de las suyas, se parcheó. Empecé a notar las contracciones en un punto de la pelvis, muy cerca de lo que sería mi ovario derecho. Volví a retorcerme de dolor. La matrona parecía no creerme, se lo ví en la cara, pero ante la duda me subió la dosis y me pidió que me pusiera sobre mi lado derecho para que la anestesia llegara a ese lado. Funcionaba pero no sé por qué pero volvía a pasar.

Sábado 05/08/2017, después de estar varías horas luchando con la epidural, empecé a tener muchas ganas de empujar, bueno, mi sensación era la de querer hacer de vientre. Ya había llegado a los 10cm de dilatación. 4:00 a.m.

Llamamos a la matrona. “Quiero empujar” y las ganas eran más intensas y para mi sorpresa no por donde yo esperaba. Tenía más bien ganas de hacer caca, muchas ganas. La matrona me obligaba a ponerme de lado y no era nada cómodo. Estaba agotada, hambrienta, sedienta… Las ganas de apretar por el ano eran más bien dolorosas y vino la advertencia: “Rosana, la epidural no te va a librar del dolor así que tendrás que aguantar”. Ahí entendí que la “fiesta” sólo acababa de empezar. Mi pregunta fue: Y ahora que? Amablemente me explicó que tenía 4 horas para empujar. “Si todo va bien, la cosa quedará entre nosotras, si no, vendrán a ayudarnos.” Me asusté un poco.

La siguientes 4 horas las pasamos, a mi parecer, en vano. Cuando tenía ganas de empujar, venía la matrona y me acompañaba. Transformó la cama para que pudiera abrir las piernas. No tuve opción de elegir postura para ello, no me lo ofrecieron, ya fue difícil poner mis piernas en posición por el adormecimiento. Mi marido colaboró en ello.

Por fín una alegría, consiguen verle la cabeza con estos pujos. Por más que empujara, sentí que no iba a ser suficiente. Las idas y venidas de la matrona me desalentaba, decía que el niño estaba muy arriba, la epidural volvía a hacer de las suyas, me ponían más bolos y las horas pasaban. Mi sensación era que estaba esperando a que pasaran esas 4 horas, sabía que vendrían a ayudarnos, lo sabía.

8:00 a.m: Viene una ginecóloga y ya la cosa empieza a parecerse a un parto de verdad, de esos que se ven en las películas. Con los pujos empieza a tirar de mi perineo, hacia abajo. Me indican que el niño está mal colocado, ligéramente y le giran la cabeza. Duele.

Empieza a aparecer gente, no sé si son matronas, enfermeras, ginecólogas… no lo sé. Parece que hay prisa. Ya no sé donde se quedó la urgencia de mi matrona por la rotura de la bolsa con meconio, habían pasado 25 horas. Ahora tienen prisa y yo las tuve hacía mucho tiempo…

Aparece otra ginecóloga y me veo con una matrona y la primera gine empujando encima de mí. Maniobra de Kristeller, tengo entendido. La segunda tenía cara de pocos amigos y más bien de preocupación. Siguió tirando de mi horquilla, del perineo y mis gritos empiezan a ser notables en la sala. Noto como su cabeza está asomando pero si no empujo con la suficiente fuerza, vuelve para dentro.

Y coge aire y empuja!!... no puedo. Veo a una enfermera, trae una ventosa y tras varios pujos, no sirve. Ambas gines, lo intentan juntas, como si lo estuvieran probando por primera vez. Parecía que no sabían cómo funcionaba y escuché el tintineo de un carro de utensilios.

Mi marido estaba a mi derecha, recuerdo mirarle porque sabía a qué se debía ese ruido, desencajada por el miedo, sabía que me iban a cortar y así fue…y lo noté… y noté el hilo de sangre correr por mi piel… y gotear en el suelo. El tacto es diferente al líquido amniótico que aún salía, poco pero salía.

Ya, a partir de ese momento los recuerdos vienen flasheados. Vi sangre en mis piernas, los guantes de la ginecóloga llenos de sangre y la cara de las personas que me rodeaban, horrorizadas. Yo no gritaba, chillaba, se me iba el alma en ello.

Había una sala al fondo a la izquierda donde, sabía que, habían asistido y limpiado a otros niños antes y que mi hijo acabaría ahí. Ahí estaba la pediatra esperando a que saliera, su cara estaba desencajada, tapándose la boca con la mano. No lo olvidaré nunca.

Mi marido se marea, se va, le piden que se siente en un rincón. La matrona me pide que aguante. En mi cabeza había un conflicto… No pueden hacerme una cesarea? Pero ya casi está saliendo, es demasiado tarde? Me tengo que partir en 2 para que mi hijo salga?? Ellos son los expertos y mi hijo es lo más importante, sabrán lo que hacen.

El último empujón y veo salir a mi hijo, noto el vacío, veo que le quitan una vuelta de cordón. No llora.

Después de 25 horas de parto había oído otros partos en la habitación de al lado, 3 para ser exactos. En todos oí a los niños llorar y el mío no lloró. Entre 4 consiguieron sacarle, con fórceps, palas… y una chica me lo puso en el pecho y vi en su rostro la marca del utensilio. Tenía un ojo morado y estaba privado, no lloraba pero me miraba. Me daba la sensación de que había sufrido mucho, lo vi en su carita y sentí mucha pena por él y por todo.

Las matronas empezaron a discutir si se lo llevaban o no. Una decía que tenía que estar con la madre y la otra que tenían que llevárselo a neonatos. Me pidieron que le diera un besito, se lo dí y se lo llevaron.

Me desplomé, se acabaron mis fuerzas. Tenía la sensación de estar al borde de la inconsciencia. Me informan que me cambian de anestesia, el anestesista ya está en la sala, estaba esperando. Empiezan a hurgarme. Siento dolor y pregunto qué están haciendo. Me dicen que no consiguen sacar la placenta, que están esperando a que me haga efecto la segunda anestesia pero yo sigo sintiendo todo. No me veo con fuerzas de quejarme, ya me daba igual todo. Se me va la cabeza, lo veo todo borroso. Me hablan pero se me van los ojos y al mismo tiempo escucho, “está ida”.

Mi marido no está, supongo que está con el niño… y mi hijo? Empiezan a coserme, la anestesia poco efecto me hacía y en mitad del remiendo me piden disculpas porque se han dejado una gasa dentro y vuelven a hurgarme.

Una enfermera me informa que me dormiré 2 horas y como un reloj me desperté 2 horas después.

Abrí los ojos y mi marido estaba a mi derecha y le pregunté por el niño. No recuerdo muy bien si pregunté o no, me incorporé un poco y ví mucha sangre. Había sangre salpicada en la pared de enfrente y, bajo mi punto de vista, estaba un poco lejos. Debieron cortar una arteria.

Me llevaron a la habitación y allí ví a mi madre. Al verla y ver su cara de preocupación me derrumbé y me eché a llorar. Su pregunta fue… Qué te han hecho hija? Perdí mucha sangre y se me veía blanca como la pared.

Tras la visita de un ginecólogo (otro diferente) y las explicaciones banales sobre el sangrado y poco más. Acudí a neonatos con mi marido y allí estaba, mi hijo, lleno de cables, con un ojo morado.

Era necesario todo esto?

Mi hijo tiene que quedarse en neonatos, tiene una posible infección. La analítica indica que hay indicios y mínimo tiene que pasar 5 días. Cómo no iba a tener infección si estuvo 25 horas tragando su propia caca?

Y qué tan importante es la lactancia y el contacto madre e hijo. Que tu hijo se enganche al pecho. Ese vínculo… Mis posibilidades se desplomaron.

A mi hijo le alimentaban con una jeringuilla y en el momento de intentar darle el pecho, lloraba desconsoladamente. Decían que le ponían un dedo en el paladar para simular un pezón pero no se asemeja a la realidad porque la jeringuilla se lo daba a chorro y claro para él era más fácil comer así.

Empuntada no era capaz de moverme con facilidad y qué decir por la paliza que me habían dado, caminar era un suplicio. Me pedían que descansara pero yo quería estar a su lado y me dan el alta y con ello la mayor impotencia, irme del hospital sin él. Me dicen que puedo aprovechar el resto del día para estar cerca de mi hijo y después de comer me echan. Dicen hacerles falta la habitación teniendo la mitad de la planta vacía.

Volvimos a casa y hasta los animales supieron que faltaba algo porque ellos también lo estaban esperando. Las noches se hicieron duras y lloramos mucho por dejarle allí, lejos de nosotros y dejando su cunita vacía, que estaba pegada en mi lado de la cama. Nos armamos de paciencia, qué remedio!

Indican que puedo acudir cuando quiera a darle el pecho y yo, en la medida de lo posible, con los dolores y mis puntos, acudía al hospital y en muchas de las ocasiones le habían adelantado la toma, a pesar de haber avisado con antelación que acudiría. Me limitaba a verle, estar a su lado, sacarme leche e irme, hasta la próxima. Perdí la posibilidad de darle el pecho y los puntos se me saltaron. No me pueden coser de nuevo (eso me dicen) porque no hay infección. La herida se queda abierta y lo que tenía que haber sido una recuperación rápida, se convierte en algo interminable y un mar de incertidumbre.

No voy a entrar en detalles de todo lo que le hicieron, esto se volvería muy extenso pero mi hijo tenía sus manitas y sus pies moradas de los pinchazos y para colmo tenía 2 vías puestas a lo que ellos justificaban que eran “por si acaso”. Había mucha falta de comunicación, nadie nos explicaba realmente lo que le pasaba y los plazos no se cumplían. Cada vez nos atendía un pediatra diferente y parecían no ponerse de acuerdo. Un caos. Daba la sensación de ocultar algo.

Yo:

Casi han pasado 2 meses, que es maravilloso ser madre pero, ese ha sido mi precio? No sé si es demasiado pronto para decirlo y todavía me queda un largo camino de recuperación pero hoy por hoy y a pesar de que mi matrona me aconsejara tener relaciones sexuales, no puedo tenerlas con normalidad. Siempre queda presente el dolor.

Mi hijo es maravilloso, es un niño muy bueno, no puedo estar más contenta y orgullosa, pero me duele no poder disfrutar de mi pareja, a la que amo y deseo pero me siento anulada sexualmente porque tengo el clítoris desgarrado y la cicatriz de la episiotomía me duele y todo me ello trae un recuerdo desastroso. Siento que aquel día me destrozaron sin necesidad. Repito… SIN NECESIDAD. No crees?? Era por su bien…?? y por el mio?? Es que ser madre te quita el derecho a ser mujer??

Mi resultado: ni lactancia, ni sexualidad.

Sólo espero que sea transitorio y que el tiempo lo cure pero cure hasta el recuerdo.