580. Reclamación Dra R.M.R.M. Ginecóloga en Cantabria

Sobre: 
Contados por el padre
Reclamación / Agradecimiento
Categoría: 
Embarazo
Lugar: 
Mompía, Cantabria
Año: 
2016

Hola, soy el marido de una paciente que lleva su segundo embarazo con la Dra. M.  Decir de ella que es muy trabajadora, seria, responsable, siempre disponible, pero tiene michisimos pacientes y esta absolutamente desbordada por su trabajo, lo cual le hace imposible atender a sus pacientes. 

Mi mujer esta en la semana 37 y la dra. le propone en la 36 un parto programado. Mi mujer se niega en rotundo. Hace tres días la dra. le manda hacer monitores en la Clínica Mompia y llegamos con los resultados a consulta; la dra. dice que esta todo bien, nos dice también que los próximos dos días no está disponible, y dice que le va a hacer un tacto, y de repente dice que está dilatada de 3 cm. Que tiene que ingresar en Mompia, a lo cual nos negamos, ya que mi mujer no tiene ningún síntoma de parto. En eso entran las dos chicas del mostrador sin ningún permiso ni respeto a la consulta y empiezan a discutir junto con la dra. con mi mujer diciéndole que está de parto y le hacen firmar un consentimiento para una inducción y otro para una cesárea. Salimos de allí muy asustados y humillados y no ingresamos en Mompia, fuimos directos a casa. 

Ya han transcurrido tres días y mi mujer no ha parido ni tiene ningún síntoma, lo cual nos da la razón de que no estaba de parto, y que si hubiésemos ingresado a mi mujer le hubiesen inducido con las consecuencias que no sabemos que hubiese pasado, probablemente nada, pero nosotros en ningún momento le expresamos nuestra voluntad de programar el parto, y ella nos obligó a firmar nuestro consentimiento. 

Dra. M., usted no es nadie para tomar decisiones que no le corresponden! El parto pertenece a la madre y al bebé y no a usted que es un simple médico que debe estar como simple observador para resolver problemas! Usted no es Dios! Ponga los pies en la tierra y baje de su trono porque aquí todos estamos a un mismo nivel y en este mundo no hay nadie que sea imprescindible