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El parto de Kai. Parto vaginal domiciliario en Lleida

El parto de Kai. Parto vaginal domiciliario en Lleida (Cataluña) el 02/02/2021:

En el momento en que supe que estaba embarazada empecé a pensar en el momento del parto. Personalmente, no me gustan los hospitales, nunca me han gustado y siempre he pensado que la naturaleza es espectacular. Así pues, pensé que un parto en casa podía ser una buena opción para mí.

Poco después de empezar a buscar encontré a M. y a S., con quien sólo hizo falta una llamada telefónica para saber que era justo lo que estaba buscando.

Durante todo el embarazo fuimos hablando de cómo me gustaría que fuera el parto, hablando de situaciones que implicaban un traslado hospitalario, resolviendo dudas y lo más importante, haciendo vínculo y haciéndome sentir segura.

Por último, el día 1 de febrero de 2021 Kai comenzó a enviar las señales avisando que estaba preparado para iniciar su viaje intrauterino. M. y S. ya estaban al corriente que el día anterior había tenido contracciones preparto, así que ya se esperaban nuestra llamada a las 5 de la mañana, avisando de que las contracciones comenzaban a ser más regulares y más intensas.

Días antes ya habíamos preparado todo el escenario para el momento, teníamos las velas preparadas, la lista de música, la pelota de pilates, la liana y la piscina. Estábamos todos en situación, el parto se había iniciado.

Fue maravilloso vivir en primera persona las sensaciones que te llevan en ese estado meditativo tan propio del viaje al “planeta parto”. Con el sentimiento de estar en casa, me sentía cómoda y segura para moverme tal y como mi cuerpo me lo pedía y con la seguridad más médica para poder disfrutar del soporte de las dos comadronas.

Después de toda la noche con contracciones, con la salida del Sol, Kai decidió tomar un respiro y pudimos desayunar y descansar juntos, al menos el tiempo suficiente para recuperar algo de fuerzas. Hacia media mañana las comadronas vieron que estaba dilatada de 4 cm, pero que al haber mucho líquido en la bolsa, la cabecita no hacía suficiente presión para ayudarme a terminar de dilatar, así que propusieron realizar una rotura de la bolsa. Siempre desde el respeto y siempre ofreciéndonos a mi pareja ya mí toda la información y razonando la propuesta.

Dado que ya llevábamos bastantes horas de pre-parto, pensamos que era buena idea.

Fue romper la bolsa y abrazar la verticalidad con la ayuda de las lianas que noté como la respiración durante las contracciones era distinta. El cuerpo me pedía aullar, ya no tenía suficiente con respirar sin hacer ruido, el cuerpo me pedía movimiento y ruido. Cada contracción era más intensa que la anterior y cada vez me dejaban menos tiempo para descansar entre sí.

Kai estaba haciendo mucho trabajo, tal y como me animaba M.. En cada contracción pensaba que era una menos, que las contracciones eran mis aliadas para poder llevar a mi hijo conmigo y que las contracciones eran tan fuertes como lo era yo.

Realmente, no podría decir cuántas horas estuve así, perdí la noción del tiempo por completo, hasta que me propusieron entrar en la piscina. Nada más entrar suspiré. Las contracciones eran dolorosas igualmente, pero podía descansar mucho mejor entre contracciones y la sensación de pérdida de peso de la barriga también me aliviaba mucho. Poco después entró mi pareja conmigo en el agua poder seguir apoyándome desde dentro.

Estábamos en el momento más intenso del parto. Las contracciones me pedían gritar, gritos de guerra, salvajes y descontrolados que no podía callar. Pude conocer una parte de mí tan salvaje y animal que incluso me daba respeto.

De repente, las contracciones cambiaron de nuevo, esta vez me pedían empujar, sabía que se acercaba el final. En ese momento fue clave mi pareja, quien hacía la función de liana dentro del agua para que yo me pudiera poner de cuclillas para hacer fuerza. Coordinando la respiración y la fuerza, las contracciones eran mucho más fáciles de manejar. No me podía parar de repetir: venga, una más, ¡ya queda poco! Hasta que al final, al poner la mano en mi zona perineal lo noté, noté perfectamente la cabeza de mi hijo. ¡YA ESTÁ AQUÍ! Grité, emocionada, entusiasmada y orgullosa de haber llegado hasta allí.

Con la ayuda de las manos para evitar desgarros, fui haciendo fuerza y ​​fui viendo cómo cada vez Kai sacaba más la cabezita. De repente, estaba muy incómoda en esa postura, a pesar de notar que la cabeza ya casi estaba fuera, pero el cuerpo me pedía ponerme apoyada junto a la piscina y de rodillas. Le dije a mi pareja que fuera él quien cogiera a Kai cuando saliera. En un santiamén, noté cómo salía toda la cabeza, un respiro más, algo más de esfuerzo y salió todo su cuerpo.

¿Era real? ¿De verdad lo había logrado? Me giré y pienso que nunca olvidaré la sensación de ver a mi pareja con mi hijo en sus brazos. Kai estaba tranquilo, había hecho un suspiro y ahora respiraba con calma mientras me lo ponía en el pecho.

No lloró en ningún momento él, sólo era yo la que lloraba. Lloraba de gozo, de amor y de alegría. Kai nos miraba a ambos mientras yo le mimaba y le recordaba que lo habíamos hecho en grande, que ya estaba aquí con nosotros.

Las comadronas nos dejaron intimidad y fue entonces cuando la placenta nació. Ahora sí, el parto había finalizado. Salí de la piscina en la que había entrado embarazada con un bebé precioso que reposaba en los brazos de su padre. Salí más empoderada que nunca, orgullosa de haber podido vivir la experiencia de dar a luz habiendo vivido la experiencia de la cabeza a los pies, tal y como yo quería.

Estaré eternamente agradecida a M. y a S. por acompañarme en todo este proceso, pues gracias a ellas me sentí segura en todo momento. En todo momento nos dejaron espacio y tiempo a mi pareja ya mí para que pudiéramos vivir el parto a nuestro modo, en casa nuestra, disfrutando de nuestra intimidad.

Igual de agradecida le estoy a mi pareja, quien estuvo allí cada vez que una contracción recorría mi cuerpo. En todo momento sentí que estaba ahí, que estaba conmigo y que confiaba en mí.

Ojalá la mayoría de las mujeres pudieran vivir su parto con tan amor y armonía como yo he vivido el mío. Ahora más que nunca, creo en el milagro del parto, del cuerpo, de la naturaleza y en el poder de la mujer.