Claudia Pariente Rossells

Residencia: Madrid
Profesión/ocupación:
Periodista especializada en salud pública

Me llamo Claudia y tengo 35 años. Me licencié en Cc. de la Información. Estoy posgraduada en Relaciones Internacionales, Comunicación Institucional y Salud Pública. Pero ante todo, mi verdadera vocación es ser mamá. 

Yo crecí pensando en que el parto era nuestro. Mis padres son médicos y han dedicado su vida al parto sin temor. Me críe rodeada de madres y bebés a la teta. Mis padres siempre me transmitieron que todo el proceso del gestar, parir y nacer, era un milagro maravilloso. Por eso, cuando con 18 años, soltera, me quedé embarazada... lo tenía muy claro: quería un parto hermoso y no se me ocurría que podía ser de otra manera.

Después de un embarazo difícil tuve a Valeria. Mi primera hija nació en Bolivia en una clínica alemana y un parto precioso. Placentero de principio a fin. Sin un solo dolor. Casi orgásmico. Llegué a la clínica con 9 de dilatación y una sonrisa de oreja a oreja. Sólo sentía pequeñas molestias en la espalda y era tal mi tranquilidad, que hasta que no sentí ganas de pujar "de verdad", no creí que estaba de parto. Fueron tres pujos y la tuve entre mis brazos, piel con piel… Le ayudó a nacer mi madre.

Años más tarde, después de la pérdida de otros dos bebés, llegó al mundo Sofía, en Madrid. Cambié 5 veces de ginecólogo porque ninguno entendía las rarezas que yo quería. Me empecé a informar, a preguntar en las mutuas y a mis compañeras… y entonces comprendí que en España, el parto es de otros.

Encontré un ginecólogo al que me costó convencer, pero que se comprometió a que -si todo iba bien- respetaría mis extravagancias. Yo sólo pedía tener el derecho de elegir. 

No puedo quejarme porque en estos años he leído historias de partos realmente traumáticos. Aunque respetaron gran parte de mis peticiones, (las más suaves diría yo...) otras, que eran mucho más importantes, fueron ignoradas. Me pusieron oxitocina sin mi consentimiento, me tumbaron...

La enorme diferencia en el nacimiento de mis hijas la puso el miedo. La desconfianza ante lo que me hacían, el altísimo estrés de la situación y la cantidad de oxitocina sintética que me habían puesto finalmente desencadenó un peligroso parto precipitado. Dilaté en menos de media hora... sólo sentí una gran contracción, un enorme dolor y ningún descanso. Sofía nació morada, no se movía, no emitía ningún ruido, no respiraba. La tuve en mi pecho así dos segundos y quise tomar una foto pero no nos dejaron hacerlas y se la llevaron. Intubaron a mi hija y la escuché llorar… suspiré de alivio porque estaba viva.

Mi parto perdió así su brillo y sólo cuando volví a tenerla en mis brazos pude reaccionar y llenarla de amor. 

Al salir de ahí, me sentí muy sola. Había conocido antes la labor de El Parto es Nuestro y pensaba que todo lo que aquí se decía era "radical", que no tenía nada que ver conmigo. Yo estaba muy informada; mucho. Y pensé que algo como lo que ocurrió jamás podría pasarme.... no a mí, que iba tan "puesta" en el tema.  

El nacimiento de Sofía fue una gran lección de humildad y me ayudó a ver las cosas desde otra prespectiva. Sólo después de este parto pude comprender que la información no lo era todo. Que tiene que haber otra parte comprometida, que no todo está en nuestras manos. Tuve un posparto difícil. Una lactancia complicada... y no podía creer en tanta resignación, en lo que me decían todos:  "así son las cosas" y que no haya nada que pudiéramos hacer.

Por eso busqué y busqué. Revolví mis antiguos enlaces del embarazo y reencontré a estas locas del Parto es Nuestro. Me sentí una de ellas…me hice socia. 

Han pasado casi siete años. Hoy estoy embarazada de mi quinto hijo. Vivo este embarazo con la alegría de saber que en estos años han cambiado muchas cosas. Pero no lo suficiente. Todavía queda mucho por mejorar en la calidad asistencial del parto. Por eso estoy aquí: Por nuestros hijos y los que vengan.

Porque sólo se nace una vez y debería ser un día hermoso...