Paloma Batanero

Residencia: Madrid
Profesión/ocupación:
Dr. Ingeniero de Caminos

Descubrí El Parto Es Nuestro durante el embarazo de mi cuñada. Las instrucciones y explicaciones que le daba su ginecólogo me parecían poco respetuosas con el proceso del embarazo, así que me dedique a buscar en internet información más fiable. Lo cierto es que por aquel entonces yo no sabía mucho de gestaciones, partos o puerperios, pues era el primer embarazo que veía de cerca. Los artículos y referencias de la página web de El Parto Es Nuestro me parecieron los más completos y veraces. En las semanas siguientes profundicé en el proceso del embarazo, leí decenas de relatos de partos (la mayoría espeluznantes, que relataban verdaderos abusos de poder hacia la mujer) y decidí que cuando fuera madre, yo no quería un parto así, "normal".

Mi cuñada seguía su gestación y 15 días antes de salir de cuentas le dieron una cita para la inducción. Según su ginecólogo, el último mes de gravidez no servía más que para engordar, la madre y el niño. También hay que decir que la citó para 4 días antes de Navidad.
Mi sobrino no fue demasiado grande: 2,9 kg, pero parecía que no se hubiera enterado de que ya estaba fuera, pues no quería engancharse al pecho. Mi cuñada tampoco parecía una puérpera, sino más bien alguien en postoperatorio, pues no parecía emocionada con su hijo (y eso que el parto fue vaginal, "natural", le llaman habitualmente). A los 4 días de nacer, mi sobrino fue ingresado por bilirrubina alta, lógico por otra parte, pues no se enganchaba apenas al pecho y la pediatra les dijo que mejor no cogerle ni despertarle, que se iba a "acostumbrar a comer" en todo momento. No me cabe en la cabeza que este hospital privado sea uno de los más demandados para parir en Madrid. En fin, mi sobrino se recuperó a base de despertarle para comer y ponerle suero en vena. Nadie de mi familia política cuestionó la inducción 11 días antes de salir de cuentas ni el posterior ingreso del niño. A mi me parecía increíble, pero tan contentos acabaron que mi cuñada repitió ginecólogo en su siguiente embarazo y parto. Lo normal, vamos.

Al año siguiente me quedé embarazada. Tenía claro que yo no iba a dejar mi parto en manos de cualquiera, así que estuve buscando ginecólogo que me atendiera de forma respetuosa con el proceso. Acudí a 3 consultas hasta dar con la obstetra que me aseguró que no iba a intervenir si no era necesario. Eso no fue totalmente cierto, pero no me di cuenta hasta meses después. Mi hija pesó 3,9 kg sin que nadie pinchara, cortara o inyectara nada en mi cuerpo, pero el expulsivo fue dirigido sin razón médica y eso nos puso en una situación muy delicada a ambas. Acabé realmente exahusta y no pude ni moverme de la cama hasta el día siguiente. Pero había vivido un parto sin oxitocina, epidural o puntos, así que estaba feliz y conectada con mi hija.

Para mi segundo parto, habiendo identificado los errores que no quería repetir, cambié de ginecóloga. Mi hijo nació hora y media después de llegar al hospital, en la bañera, sin ninguna intervención más que las palabras de ánimo de mi madre, mi marido y mi obstetra. No hubo pujos dirigidos porque el cuerpo realmente empuja solo (si le dejan, claro). Mi hijo también fue grande, 3,7 kg y tampoco me desgarré. Entré y salí por mi propio pie, no tuve más que media hora de dolores fuertes de parto y no pasé entuertos después. Además me recuperé mucho más rápido que tras el nacimiento de mi hija. Como a su hermana, le amamanté durante más de 2 años.

Después de mi experiencia personal, me he dado cuenta de que la información es poder. Las embarazadas siguen sometiéndose a prácticas obsoletas y peligrosas para ellas y para sus hijos, pero más cómodas para hospitales y médicos porque no saben en realidad cómo transcurre un embarazo y parto natural. Si lo supieran, los médicos tendrían que cambiar sus métodos, pues nadie dejaría que le pongan en riesgo a sabiendas.

Por eso estoy en El Parto Es Nuestro, porque sé que son esenciales para cambiar la manera en que llegan nuestros hijos al mundo: las campañas de transparencia de atención/resultados en los hospitales, la completa educación de nuestras hijas, o hijos, pues también a ellos les afecta una compañera destrozada por una mala atención en el parto, y finalmente, la correcta y actualizada formación de los médicos y sanitarios, que no se responsabilizan adecuadamente de su trabajo y no reciclan sus métodos de trabajo de acuerdo a la evidencia científica.