Agosto 2021

Artículo de Sophie Messager traducido por Maria Gràcia Tortajada Ferrís

Soy doula y educadora prenatal. También tengo un doctorado en fisiología de la reproducción y 20 años de experiencia en investigación y tengo que confesar una cosa: Me enfurezco DE VERDAD cuando a las mujeres se les da evidencia de mala calidad (o ninguna evidencia) para apoyar una recomendación para inducir el parto. Tanto si me pongo mi sombrero de doula como si me pongo mi sombrero de científica, debo admitir que estoy realmente harta de la creciente epidemia de inducciones del parto por razones dudosas. Este artículo explorará una de las razones declaradas más comunes para la inducción del trabajo de parto a término: la idea de que el trabajo de parto debe inducirse antes de que se alcance cierto punto del embarazo porque la placenta "envejecida" no es tan eficiente.

Los riesgos de provocar un parto son bien conocidos. Para la madre la inducción del parto implica entre otras cosas un aumento de posibilidades de terminar con una cesárea o un parto instrumental, mayor riesgo de hemorragia posparto, mayor necesidad de epidural, de hospitalización más larga y de complicaciones graves como la atonía uterina. Para el bebé, la inducción aumenta el riesgo de necesitar un ingreso en UCI neonatal nada más nacer. Por todo ello se recomienda inducir solo cuando hay una causa médica.

Este estudio realizado en nuestro país y recién publicado corrobora estos riesgos: