Junio 2019

Me llamo Teresa tengo 44 años.
 
Mi marido y yo nos casamos deseando tener hijos, y a ello nos pusimos desde la noche de bodas. Yo ya tenía 38 años y una historia de síndrome de ovario poliquístico a mis espaldas, motivo por el cuál, todos mis amigos médicos me recomendaron hacer un estudio de reserva ovárica, e incluso seguir una terapia hormonal desde el principio.
 
Yo había estado casi 15 años con terapia hormonal que sólo regulaba mis reglas, no mejoró la cantidad de quistes, y apenas el resto de las manifestaciones del síndrome (hirsutismo, obesidad, etc).
 
 
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A Sanidad le preocupa la tasa de cesáreas de Puertollano, así se titula un artículo publicado en el periódico La Tribuna de Ciudad Real, del año pasado. "El director de Recursos Humanos, Íñigo Cortázar, señala que el 54,4% de los partos que se produjeron en 2017 fueron por cesárea, una tasa que duplica la del conjunto de la región." Es decir que las mujeres, solo por pasar la puerta de este hospital, tienen el doble de riesgo de que su parto terminea en quirófano con una cesárea.

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Hace ya muchos años que pasé por varios tratamientos de fertilidad. Yo soy de las que se rindió, de las que tras varios intentos negativos decidió que no había cabida para más. Me planté, iniciamos la adopción y finalmente mis hijos llegaron “al modo usual”. El proceso es duro, mucho. A nivel físico, a nivel mental. Duro individualmente y duro vivirlo como pareja. Y el sistema no ayuda a llevarlo, desde luego.

Recuerdo tener en todo momento la sensación de ser ganado. Mujeres sometidas a tratamiento hormonal, llevadas al límite físico y emocional, en salas de espera llenas, aguardando tu turno, tu tiempo. Y esperando, esperando mucho, esperando todo el tiempo porque las listas para entrar son interminables.

 

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Ante la noticia donde un ayuntamiento ofrece ayudas económicas para la congelación de las células madre del cordón umbilical de los recién nacidos de ese municipio, desde El Parto es Nuestro queremos remitirles a la evidencia científica actual que desaconseja el pinzamiento precoz, imprescindible para realizar la extracción de esa sangre.

El pinzamiento tardío del cordon umbilical (3 minutos o más) ha mostrado menor riesgo de anemia a los 8 y 12 meses de edad aportando efectos positivos en la salud y desarrollo de los bebés. En recién nacidos a término los beneficios incluyen mayor volumen de sangre y de las concentraciones de hemoglobina, lo que reduce la necesidad de transfusiones de sangre y previene la deficiencia de hierro en los primeros 6 a 12 meses de vida además de mejorar las habilidades motoras.

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En estos últimos días en la Argentina, se volvieron a colocar sobre el tapete, temáticas que nos atañen a todos porque son del orden de las políticas de salud que hacen al país y a la comunidad entera.

Las distintas incumbencias entre los profesionales de salud enfrentan quehaceres y limitan prácticas colectivas, algo que lejos de velar por la salud, lo hace por su contrario.

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